Opinión

¿Orgullosos de ser mexicanos?

Por: José Antonio Sosa Plata.

  • 15/09/2016
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Las fiestas patrias representan el momento cúspide para reafirmar nuestra identidad y patriotismo. Sin embargo, este año se percibe un estado de ánimo en la sociedad poco propicio para celebrar en un ambiente de alegría, esperanza, unidad y cohesión.

 

El buen humor social no se ha recuperado.

 

Los problemas económicos y políticos ocupan espacios relevantes en la agenda nacional. Algunos amenazan con convertirse en presiones inusitadas desde los nuevos medios. Las presiones sobre el peso no cesan, los precios del petróleo no repuntan y los beneficios tangibles de las reformas estructurales aún no llegan a los grupos más vulnerables.

 

La confrontación entre grupos es cada día mayor.

 

El tema de los matrimonios igualitarios es un ejemplo que ha detonado una batalla legítima, pero no exenta de riesgos. El debate entre unos y otros está presente no solo en espacios privilegiados de los medios de comunicación y #RedesSociales, sino que ha llegado a las calles de varias ciudades del país —a veces con señales preocupantes— a pesar de los esfuerzos indudables de las organizaciones por manifestarse en forma respetuosa.

 

El conflicto de la #CNTE va para largo.

 

A pesar de que el Gobierno de la República ha mantenido el control para evitar que llegue a una situación de mayor gravedad, la opinión ciudadana sobre el desempeño de las autoridades se mantiene en niveles negativos. El crimen organizado parece invencible. En contraste, las campañas publicitarias y los discursos oficiales han sido insuficientes para contener las opiniones negativas y reducir los niveles de desaprobación.

 

Existen pocos estudios para saber qué está pasando.

 

Como si no fuera prioritario entender por qué en mayo de 2015, 8 de cada 10 mexicanos se sentían "muy orgullosos" y "bastante orgullosos" de pertenecer a este país, al tiempo que casi el mismo porcentaje dijo no sentir orgullo por la manera en que funcionaba la democracia o por la influencia que México tenía ante al mundo (datos de la Encuesta IMO, Instituto de Mercadotecnia y Opinión realizada en el marco del Programa Internacional de Encuestas Sociales [ISSP por sus siglas en inglés], en la que México participó por primera ocasión).

 

Los resultados detallados del estudio son estremecedores.

 

Sin embargo, apenas describen la punta del iceberg sobre lo que está sucediendo en realidad. La identidad nacional tal vez está sostenida por unos cuantos hilos delgados de una historia que poco conocemos, de una cultura o tradiciones que la mayoría reconocen como propias, solo por instantes, en muy pocos días del año, como éstos que estamos viviendo.

 

El pasado es insuficiente para mantener la cohesión.

 

Además los logros científicos, tecnológicos, artísticos, empresariales, sociales o deportivos de mexicanas y mexicanos comprometidos, visionarios y exitosos parecen no tener repercusiones de importancia, ya sea porque no los conocemos o porque no son considerados con valor noticioso por la mayoría de los medios de comunicación.

 

La identidad nacional va más allá de la selección de fútbol.

 

Y para sentir un mayor orgullo de nuestro país es necesario sí, contar lo bueno, pero también tener instituciones sólidas y líderes fuertes que las conduzcan. Al mismo tiempo debemos seguir rompiendo paradigmas en todos los ámbitos de nuestra vida cultural y educativa. El objetivo es impulsar una cultura de verdadero empoderamiento social, enfocada en dar mejores resultados y creando contrapesos efectivos a los grupos de poder.

 

Necesitamos en qué creer y en quiénes creer.

 

Por eso es preciso tener una nueva mentalidad y estrategias de #ComunicaciónPolitica más efectivas que nos permitan ver hacia adelante con mayor seguridad, convencimiento de nuestro potencial y renovada visión de futuro. Las estrategias actuales tienen alcances limitados y a veces resultan contraproducentes.

 

Claro que se requieren cuantiosos recursos.

 

La inversión es indispensable, pero no suficiente. Por supuesto que es preciso dar un golpe seco y contundente a la corrupción y a la impunidad, los dos lastres de mayor peso que nos han impedido avanzar durante décadas. Quienes logren poner las bases del nuevo modelo, le estarían haciendo un bien a su proyecto político, ya sea personal o de grupo, y abrirían las puertas para recuperar la confianza de la mayoría en el país.

 

El objetivo principal es recuperar el orgullo.

 

¿Se han puesto a pensar qué sucedería con el futuro de México si estuviéramos muy orgullosos de lo que somos, de quienes nos gobiernan, de las instituciones, de nuestros principios y valores y de lo que juntos podríamos lograr como Nación en un esquema de solidaridad, unidad, respeto, tolerancia, equidad y compromiso compartido?

 

Preguntas y comentarios a sosaplata@live.com

Twitter: @sosaplata

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