El enfrentamiento entre sicarios de Juan Francisco Patrón Sánchez, el “H2” –líder del cártel de los hermanos Beltrán Leyva, sirvió no sólo para asestar un golpe casi definitivo al cártel de los hermanos Beltrán Leyva en Nayarit.

 

Fue mucho más que el inicio de la Operación Barcina; se trató no sólo de aniquilara a la cúpula de los Beltrán en ese estado.

 

El objetivo fundamental fue el de ajustar cuentas, ojo por ojo, sin miramientos, con todo el poder de fuego permitido en una operación urbana, contra quienes masacraron a sangre fría a seis militares en Culiacán, Sinaloa, hace unos meses.

 

Detener y presentar con vida al H2 y a sus escoltas y operadores no era opción. Los heridos y sobrevivientes de la Operación Barcina no son líderes, ni jefes, ni sucesores del H2. Además, la operación se extendió en Nayarit hasta alcanzar a otros dos cabecillas de la organización que también fueron abatidos.

 

Los enfermos insanos que atacaron al convoy militar la madrugada del pasado 30 de septiembre, pusieron sus vidas en un círculo que se fue estrechando día a día hasta que la inteligencia naval reunió todas las piezas, diseñó la operación y calculó escenarios de combate en una zona urbana.

 

Los hombres abatidos por la Marina fueron los mismos que abatieron a los soldados en Culiacán.

 

Así, operar con fuego nutrido desde el aire en horas de la noche y en una zona poblada garantizó todos los reflectores posibles.

 

¿Por qué la operación no corrió a cargo de la Sedena?

 

¿Cuál fue el razonamiento del Comandante Supremo, Peña Nieto, para autorizar una intervención que, nadie lo hubiera dudado, le tocaba al Ejército Mexicano?

 

¿En dónde quedaron los reclamos airados y los calificativos del general Cienfuegos tras el ataque a sus soldados en Culiacán?

 

Si la orden primordial era dar con los agresores a partir de un despliegue amplio y coordinado, ¿por qué no fue el Ejército la cabeza de la operación?

 

¿No comparten Marina y Sedena los mismos datos de  inteligencia tratándose de operaciones especiales derivadas de hechos como el de Culiacán, por ejemplo?

 

Flecha rota

 

Desde el inicio de su administración, Peña Nieto dejó en claro que el combate al crimen organizado se daría privilegiando el uso de la inteligencia civil y militar por encima de la fuerza.

 

Los operativos en los que se capturaba a importantes capos de la droga, operadores, cerebros financieros y sicarios sin hacer un solo disparo fueron frecuentes y ampliamente difundidos.

 

Las cosas cambiaron. El sexenio avanzó y los cárteles se reorganizaron, recuperaron territorios y recrudecieron la violencia contra todos los actores involucrados, incluidos, por supuesto, soldados y marinos.

 

Otra vez miles y miles de muertos. Masacres, fosas clandestinas, miles de desaparecidos, cuerpos policiacos corruptos, mal preparados, ineficaces, de ornato casi.

 

Militares y marinos en el centro de la tormenta. Reedición de choques armados con saldo de decenas de muertos. La violencia escala a niveles inusitados y escandalosos. El Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) derriba un helicóptero Cougar en Jalisco, en el narco de la fallida operación para detener a Nemesio Oseguera, El Mencho, líder de la organización.

 

En las semanas siguientes, tropas especiales de la Sedena localizan y neutralizan a los responsables del ataque que causó nueve muertos.

 

La violencia se impuso. La estrategia peñista fracasó. El general Cienfuegos se cansó, se hartó de la pantomima de los gobiernos estatales, ineficaces para llevar adelante la reforma policial.

 

Cienfuegos manotea, reclama y advierte que el trabajo de policías no es para los militares, que ya es tiempo de regresar a los cuarteles o de que los políticos dejen de hacerse tarugos y legislen para proteger, delimitar y justificar el despliegue castrense en el país.

 

Todos, incluido Peña y los legisladores, se espantan y reaccionan. Legislan algo que quiere ser Ley de Seguridad Interior, pero que pinta más para acomodarse a las necesidades operativas y de respeto a los derechos humanos de soldados y marinos.

 

Barcina

 

Mientras, el panorama sigue descomponiéndose. Donald Trump llega al poder en los Estados Unidos y dice, entre otras lindezas, que los militares mexicanos son ineptos y miedosos (algo que ya había dicho el ex embajador Carlos Pascual en tiempos de Calderón y que le costó el cargo) y que tal vez sea necesario enviar tropas estadunidenses a México para arreglar las cosas.

 

El picotazo surte efecto. Se materializa en cuestión de días una respuesta de alto calibre en la comunidad de seguridad Peña Nieto. Su nombre: Operación Barcina, dirigida contra la cúpula del cartel de los Beltrán Leyva en Nayarit.

 

La operación no es gratuita. Se trata del grupo que atacó y masacró a los militares de la 24 Compañía de Infantería No Encuadrada (CINE) en Culiacán. Son ellos. Están todos en Tepic y Trump dijo hace un par de semanas que los militares mexicanos no tienen la capacidad.

 

Aero show en Tepic. La Marina asegura en el noticiero radial de Denise Maerker que solo uno de sus helicópteros intervino en la operación, que solo disparó una vez, que los disparos desde el aire fueron para que la gente que estaba en la azotea se quitara de ahí, que ninguna de las personas abatidas murió por los disparos hechos desde el helicóptero, que solo hubo ocho civiles muertos y que el gobierno estatal fue enterado de la operación.

 

Las fotos de los abatidos muestran cosas muy diferentes a la versión naval. Cuerpos mutilados (algunos sin manos y sin un brazo), quemados parcialmente, destrozados a fuerza de tiros… ¿desde el aire?

 

¿Disparar desde un Black Hawk artillado con una Minigun calibre 7.62mm (3 mil, tiros por minuto) en una zona habitada, durante la noche, para disuadir y hacer que los sicarios se bajaran del techo de la casa?

 

Si en realidad de trató de una operación coordinada, ¿Por qué no hubo apoyo táctico para bajar a los agresores desde otras azoteas sin verse obligados a usar fuego de tal calibre y potencia letal?

 

Carlos Loret escribe en su columna algunos detalles de la operación (comenzando por revelar el nombre). Dice que ésta fue ejecutada por el mismo personal naval que participó en la captura (o casi) de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, en Culiacán.

 

 

Se trató pues del grupo de Fuerzas Especiales del Alto Mando (FES), enviado desde el Cuartel General del Alto Mando por el Vicealmirante Mario del Carmen Ríos Hernández, quien asumió el cargo en diciembre de 2015, sustituyendo al Almirante José Luis Vergara Ibarra, actual Oficial Mayor de la secretaría.

 

La operación habría estado a cargo de cuatro grupos de intervención: Veneno y River, en los alrededores, haciendo perímetro en la casa atacada; Puma, coordinando operaciones, y Roble, encabezando el asalto, tal como ocurrió aquella madrugada con el Chapo, cuando no fueron necesarios helicópteros, ametralladoras Minigun o disparos a la azotea para espantar sicarios.

 

¿Show?

 

¿Trump?

 

¿Qué piensa y que siente el general Cienfuegos al respecto?

 

@JorgeMedellin95

@OpinionLSR


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