Opinión

Nuevas relaciones reproductivas

Espectros de maternidad y paternidad ante la reproducción asistida.

  • 09/05/2016
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Hoy en día, el espectro familiar, lo que es una familia, ha cambiado. Esto suena a cliché, pero es verdad. Hay nuevas configuraciones familiares como son las homoparentales, las uniparentales, las reconstruidas (después de un divorcio y re-casamiento), las nucleares (compuestas por tres o más generaciones además de tíos y sobrinos) y las familias con padres y madres trans. Pero la diversidad no se queda aquí. No, la diversidad también pasa por cómo se llega a ser madre o padre, es decir, por el proceso reproductivo.

Desde hace ya varias décadas, la biotecnología y la medicina han intervenido en el proceso reproductivo a través de lo que se conoce como la reproducción asistida. En breve, la reproducción asistida es la intervención médica en el proceso reproductivo usando técnicas como son la inseminación artificial y la fecundación in vitro. Esto se hace ya sea porque no se ha logrado el embarazo o porque se quiere intervenir en algún momento del proceso para obtener una hija o hijo con características particulares, como por ejemplo sin una enfermedad específica.

Como parte central de estas técnicas está el hecho de que han eliminado la necesidad del coito para la procreación (reproducción sin sexo) y han permitido que más de dos personas (hombre y mujer) se involucren en la generación del nuevo ser. En los casos más complejos, llegan a participar hasta cuatro mujeres y dos hombres en el proceso (sin contar el equipo biomédico que ofrece y lleva a cabo los servicios): además del hombre y la mujer que quieren tener hijos y por ende solicitan los servicios de reproducción asistida está el hombre que da el semen, la mujer que aporta el óvulo, la mujer que aporta la mitocondria (cuando se usa un procedimiento que se conoce como transferencia mitocondrial) y la que subroga su útero para gestarlo. ¡Cuatro personas más involucradas en el proceso de generar un nuevo ser humano! Estas cuatro personas fueron esenciales, cruciales, para que estos bebés existieran. Pero no sólo son cuatro personas nuevas, son también cuatro relaciones (biológicas) nuevas ya que donantes y bebés tienen una conexión genética o gestacional con el bebé.

El papel que juegan los donantes en el proceso reproductivo es único y culturalmente novedoso. Quiero decir, no tenemos referentes culturales que nos guíen y asistan en el proceso de hacer sentido de estas relaciones (ya que antes no eran posibles). Hemos tenido que tomar prestados términos (como la noción de 'madre / padre biológico') de otras situaciones (como la adopción) para referirnos a estas nuevas relaciones reproductivas; pero estos términos no terminan de englobar las particularidades biológicas, sociales y emocionales de la donación de gametos y embriones ni del préstamo de útero. ¿Cuáles son estas particularidades?

Si bien el acto de donar espermas es rápido y no invasivo, este no es el caso cuando se trata de una donación de embriones o de óvulos y mucho menos cuando lo que se presta (o renta) es el útero. Donar óvulos significa pasar por un proceso de estimulación ovárica que toma semanas, es cuando menos molesta y puede ser hasta dolorosa y peligrosa. Prestar el útero significa pasar nueve meses embarazada, no hace falta decir más; y donar embriones significa que los donantes estaban o estuvieron también buscando el embarazo, es decir, también pasaron por el proceso de estimulación ovárica y todo lo que conlleva. Todo esto puede tener implicaciones emocionales importantes para los donantes, así como para los receptores, sobre todo en la era genómica en la que vivimos. Pero, ¿qué implicaciones tendrá para el hijo o hija que nazca gracias a estas donaciones? ¿Qué papel tendrán los donantes o la que presta su útero en la vida del bebé en cuestión? ¿Qué tipo de lazos afectivos se establecerán? Y ¿cómo ha cambiado esto ahora que muchas las personas concebidas con éstos procedimientos son ya adultos?

Una de las cosas que está sucediendo es que están comenzando a buscar a sus progenitores biológicos. El problema es que la información de quien fue donante o subrogada es, comúnmente, confidencial y muchas veces buscando mantener el anonimato. Desde que se institucionaliza la adopción, y luego de nuevo cuando aparece la inseminación artificial, se ha discutido si la adopción y la donación de esperma debe ser anónima o no. Pero el interés por conocer a el linaje biológico no se queda allí. Muchos tienen igual o hasta más interés en conocer a los hermanos o medios-hermanos que también fueron concebidos o gestados con los mismos donantes o la misma mujer subrogante. El argumento para des-anonimizar y hacer accesible esta información apela a razones de salud (poder conocer su historia genética) así como a necesidades emocionales y cuestiones de identidad (saber 'de donde vengo'). Ahora esta discusión aparece también en los casos de donación de óvulos y embriones.

Hay quienes optan por guardar este capítulo de la historia en el cajón y no decirle a los hijos. Pero lo que está en el cajón, no siempre se queda en el cajón. Es común que estas historias salgan a la luz, tarde o temprano. Los pocos estudios que indagan sobre las historias de personas concebidas con donación sugieren que es mejor que ésta información sea de conocimiento de todos los involucrados y que se le apoye a todos para que logren asimilarlo a su historia de vida y a su identidad.

El caso de la subrogación es particular ya que en algunos contextos se le exige a la mujer gestante que tenga hijos propios. Estos hijos viven el embarazo de su madre como vivieron el de sus hermanos y hermanas, y establecen lazos emocionales con el futuro bebé. En los casos que conozco, esto ha influido en la decisión de los adultos por mantener una relación con la mujer gestante y con su familia, estableciendo así nuevas configuraciones familiares, de maternidad, paternidad y fraternales. Una relación que se sostiene, en estos casos, a través del envío de fotografías y mensajes en fechas especiales y conmemorativas. Pero también hay los casos en los que la relación se rompe en el momento en el que nace el bebé. Sin embargo, la historia no termina aquí. Cuando estos bebés sean niños, luego adolescentes y adultos, es posible que cuando menos algunos quieran conocer su historia de origen.

Lo que es claro, es la reproducción asistida ha generado nuevas relaciones reproductivas y nuestra cultura carece de un ritual o un deber ser respecto a cómo tratar y relacionarse con los donantes de gametos y embriones o con la mujer subrogada. Es un tema difícil, nuevo y aún estamos intentando hacer sentido de él. Requerimos de un nombre para referirnos a estas relaciones y de un ritual para manejarlas porque una cosa es segura: el número de estas nuevas relaciones reproductivas va en aumento.

 

sandringlez@hotmail.com

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