Opinión

Nuestro primer Congreso ¿paritario?

La paridad exige también que las mujeres puedan ejercer sus cargos en las mismas condiciones que los hombres. | Carla Humphrey

  • 31/08/2018
  • Escuchar

El martes de esta semana, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación confirmó la asignación de los espacios plurinominales aprobada el 23 de agosto por el Consejo General del Instituto Nacional Electoral, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Es a partir de esta confirmación cuando conocemos por completo la forma en la que estarán integradas ambas cámaras y podemos afirmar que este será el primer Congreso paritario en la historia de nuestro país.

Llegar a este escenario no ha sido cosa fácil

Las luchas de varias generaciones de mujeres han rendido frutos en la legislatura que está por iniciar el primer periodo ordinario de sesiones. Aquí se confirma que el principio de paridad incorporado a nuestra Constitución en la reforma de 2014, era necesario para que las mujeres pudieran ocupar un escaño en el poder legislativo federal y en los de las entidades federativas para alcanzar la paridad.

El Senado de la República estará integrado por 63 mujeres y 65 hombres, es decir, por 49.2 por ciento de mujeres y 50.8 por ciento de hombres. Esta es la primera ocasión que se aplica el principio de paridad en la integración del Senado con lo que la presencia de mujeres aumentó en 17 puntos porcentuales, ya que en la legislatura anterior, el porcentaje de mujeres alcanzaba solo el 32.8 por ciento. El grupo parlamentario de Morena en el Senado estará integrado por 25 mujeres, el del PAN por 11, el del PES por 6, el PRI por 7, el PRD por 3, el PT y el Verde por 4 cada uno y Movimiento Ciudadano por 3.

La Cámara de Diputados, en la que ya se había aplicado el principio de paridad en la elección de 2015, llegó al 48.2 por ciento de mujeres. Las mujeres ocuparán 241 de las 500 curules. Los casos más relevantes en la Cámara de Diputados son el de Nueva Alianza, que el 100 por ciento de los espacios que obtuvo estarán integrados por mujeres; Morena que de las 191 curules que obtuvo, 99 estarán ocupadas por mujeres y el PES que de las 56 curules que tendrán en esta legislatura, el 58.9 por ciento serán para mujeres.

En términos cuantitativos, nuestro Congreso será el primero con paridad de género. En términos cualitativos, las cosas no pintan bien con las últimas noticias. La paridad numérica debe respetarse en la integración y la presidencia de las comisiones y, por supuesto, en la junta de coordinación política y en la coordinación de los grupos parlamentarios, en las que exclusivamente una mujer, en el PES y 17 hombres fueron nombrados coordinadores de sus grupos parlamentarios en ambas cámaras. ¿Cómo puede hablarse de paridad cuando en los espacios más relevantes para la toma de decisiones en los espacios públicos, las mujeres siguen siendo excluidas?

La paridad exige también que las mujeres puedan ejercer sus cargos en las mismas condiciones que los hombres, que puedan integrar y presidir comisiones, que sean convocadas a los espacios relevantes de toma de decisiones y que puedan incidir en las principales determinaciones que guíen el destino de nuestro país, en este caso, desde el poder legislativo. La paridad está incompleta si los números no se ven reflejados en las condiciones y espacios desde donde las mujeres ejercen los cargos para los que fueron electas.

Disminuir el dinero a los partidos

@C_Humphrey_J  | @OpinionLSR | @lasillarota

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.