Opinión

Nuestra realidad

Tras lo vivido, habrá que corregir o aumentar la legislación o planeación en seguridad para el país. | Rodolfo Aceves

  • 31/01/2021
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La crisis política, económica y social en que ha puesto la presencia del #COVID19 al gobierno federal, debería otorgar experiencia y conocimiento para replantear qué es la seguridad para el Estado mexicano. Los más de 100 mil muertos para finales de noviembre pasado lo reclamarían. Hoy son 150 mil los fallecidos.

Para el Estado mexicano la seguridad solo se circunscribe a salvaguardar la vida, las libertades, la integridad y el patrimonio de las personas, y contribuir a la generación y preservación del orden público y la paz social, tal y como aparece en el artículo 21 constitucional, es decir, solo a cuestiones de seguridad pública cuando en realidad, es más, mucho más.

De la Ley de la materia se obtiene un concepto de seguridad nacional que abarca, la seguridad política del Estado, el mantenimiento del estado de derecho, de las partes de la Federación, de la defensa del país y, por último, de la democracia, entendida como el desarrollo económico, social y político, es decir, lo que debería presentarse como objetivos nacionales en la Constitución, aparece como objetivos de la norma.

Parece que quienes le presentan al presidente acciones en el marco de las políticas públicas, les cuesta comprender la relación de las acciones de ese sector con la seguridad, y por ello, vemos acciones coyunturales como respuesta a lo que debería ser políticas de Estado.

En el plano económico, esta administración prefiere obtener dinero fresco por la derogación de fideicomisos para ciencia y cultura, que prescindir de proyectos que ni siquiera ha comenzado su construcción, como la refinería de Dos Bocas o el Tren Maya.

En su momento la ausencia de un pronunciamiento sobre el proceso electoral o sobre el ganador de la elección norteamericana, no abonó al ambiente político de buena vecindad y, por consecuencia, de consultar la venta de una posible vacuna.

En el plano social, el gobierno federal desoye la opinión pública, así como la de expertos o consultorías internacionales en materia económica, que advierten la amenaza que constituyen sus políticas. En su momento le salió muy caro el rescate de mexicanos en el exterior y el transporte de insumos médicos desde China, con la renta de aviones comerciales, cuyo vuelo se calcula en unos 900 mil pesos cada uno, como reclamo por traer a Evo Morales de Bolivia.

En el plano político, el gobierno federal minimiza, desprecia, descalifica y hasta insulta las opiniones de medios de comunicación, de la academia y de la clase política con su ejército de seguidores en redes sociales, en vez de sumarlos al esfuerzo nacional por superar esta crisis. Prometió elevar el sistema de salud mexicano a los mejores del mundo, hoy los pacientes fallecen en sus domicilios por falta de hospitales para su atención.

Desafortunadamente hoy lo importante es acumular esta experiencia desagradable y con ella, más adelante convertirla en corregir o aumentar la legislación o planeación en seguridad para el país.

Estas líneas expresan sus mejores deseos por el pronto restablecimiento de la salud del presidente.

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