Opinión

#NoSeanOrdinarios

¡Fuera máscaras!

  • 27/09/2014
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Vaya polémica que desató la próxima visita del presidente Enrique Peña Nieto a la sede del Senado de la República. Y no es para menos. Los promotores de este moderno besamanos ignoraron las formas mínimas del trato equilibrado entre Poderes y los antecedentes inmediatos que han excluido al titular del Poder Ejecutivo de casi todo ceremonial realizado en el Poder Legislativo.

 

Su pretexto de un encuentro sobre federalismo (se dijo al principio que sería un diálogo) se invita a los demás Poderes de la Unión y a la representación de las entidades federativas a develar una placa y a hacer una suerte de reflexión sobre la importancia que tiene para la unidad nacional el pacto federal. Habrán de desvelarse también los escudos de los estados de la República que han estado ahí ¡desde hace dos años! En fin, un vago pretexto para encubrir el verdadero propósito: Hacer un homenaje al hombre que vino a "mover a México".

 

Las últimas apariciones del presidente de la República se han dado en contadas ocasiones: O bien con motivo de la entrega de la Medalla Belisario Domínguez que, año con año, otorga el Senado a mexicanos eminentes; o bien por la ceremonia conmemorativa del primer centenario del Ejército Mexicano. Cabe recordar que en ninguna de ellas ha hecho uso de la tribuna el titular del Poder Ejecutivo Federal. Se le invita como testigo (ciertamente de honor), pero no como actor.

 

Y es que en esta esquizofrenia que caracteriza al sistema político mexicano, un día cancelamos toda posibilidad de que el presidente acuda al Palacio Legislativo de San Lázaro a entregar su informe de gobierno y a pronunciar un mensaje a la nación por tal motivo, y otro día exigimos con vehemencia su presencia para que dé la cara para exponer sobre la situación que guarda el país.

 

Basta recordar que a Vicente Fox no le permitieron siquiera ir más allá del vestíbulo de la Cámara de Diputados en un gesto por demás majadero y autoritario de sus opositores. Por su parte, Felipe Calderón ofreció no sólo acudir a presentar de manera directa su informe de gobierno al Congreso sino que se manifestó dispuesto a escuchar los planteamientos de los grupos parlamentarios y responder preguntas de manera directa y personal a cada uno de ellos. Obviamente, la propuesta fue rechazada por tan valiente y digna oposición de aquel entonces.

 

Todo esto lo ignoraron quienes tuvieron la ocurrencia de organizar semejante "encuentro" con Peña Nieto sin siquiera cumplir con la mínima cortesía de acordar su celebración, protocolo y formato al interior de la Mesa Directiva del Senado o de la Junta de Coordinación Política. Se les hizo fácil. Parecía un foro inofensivo, casi una bola rápida. El flamante y obsequioso presidente de la Mesa Directiva, Miguel Barbosa, agradecido por haber recibido tan alta encomienda de quienes rodean al próximo homenajeado, estuvo presto para transitar hacia el festejo federalista sin pasar por aduana alguna. ¡Faltaba más! Y el coordinador del grupo parlamentario del PRI, Emilio Gamboa, decía una y otra vez que el presidente Peña Nieto no había pedido acudir, que había sido invitado por el Senado como cualquier otro. No entendía pues el reclamo.

 

En el colmo del cinismo y la desmemoria, espetó en tribuna el cuestionado ex dirigente de la Confederación Nacional Campesina (CNC) y hoy investido como senador del PRI, Gerardo Sánchez, que este presidente sí podía entrar al Congreso por la puerta de en frente y no por la de atrás "como lo tuvo que hacer Calderón". Y fue más allá al decir que el PRI le dio legitimidad en diciembre del 2006 al asistir a aquella accidentada sesión en la que se rindió protesta en San Lázaro, no sin antes decir que las reformas hoy eran una realidad porque se estaba haciendo política desde Los Pinos y no como antes que sólo se aventaba una iniciativa y se le abandonaba sin seguimiento o negociación alguna.

 

Estos hipócritas venden como un favor lo que era meramente el cumplimiento de una obligación constitucional a su cargo. Por cierto, la legitimidad del triunfo electoral de Felipe Calderón no deviene de la "graciosa" presencia de legisladores de oposición sino de la mayoría de votos obtenidos y de la consecuente declaratoria del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

 

Se necesita también ser cínico para afirmar que hoy las reformas salen adelante porque hay operación política de los que sí saben hacer política, siendo que ellos mismos, por estatutos, tenían prohibido votar cualquier reforma que modificase la constitución en materia energética. Desprecian, desde su arrogancia, que las reformas hoy salen gracias a una oposición responsable y madura que suma los votos suficientes para las enmiendas constitucionales y legales. ¡Ya hubiera querido Felipe Calderón el acompañamiento de una oposición como la que tiene hoy Enrique Peña Nieto!

 

Y por si fuera poco, ha sido una buena parte del PRD, la que defendió en tribuna la celebración del polémico encuentro de la próxima semana en el Senado. Lo que jamás podría uno imaginar: Es la izquierda que se presta para restaurar el Día del Presidente y el besamanos al Ejecutivo. ¡Válgame!

 

Los senadores del PAN buscamos cambiar el formato del evento a fin de que no sólo hubiera una hilera de discursos sino un diálogo respetuoso y fructífero entre poderes. Por mayoría del PRI-PVEM y PRD la propuesta fue rechazada a fin de no exponer al primer mandatario a escuchar expresiones que no fueran elogios. Y se mantiene el ceremonial original.

 

Como colofón a este bochornoso episodio, ha respondido la Mesa Directiva al grupo parlamentario del PAN que no hay posibilidad de cambiar al orador que estaba en el programa, a fin de que sea Javier Corral y no Martín Orozco -quien generosa y congruentemente cedió su espacio al no existir realmente la Comisión de Federalismo en el Senado- el que dirija un mensaje en presencia de Peña Nieto. Se aduce que no habrá intervención de los grupos parlamentarios en esta ocasión. ¡Bonito festejo en el que los anfitriones no pueden hacer uso de la palabra!

 

Sí. Es la restauración del Día del Presidente y del besamanos. Es la restauración de la oposición servil y convenenciera aunque pisoteen ellos mismos su ramplón discurso de izquierda progresista. Y es el PRI de siempre que regresó a palacio montado en el corcel de la soberbia y el desdén hacia los demás. Total, las reformas ya pasaron. ¡Fuera máscaras!

 

@JLozanoA

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