Opinión

Nos domaron la curva del trumpivirus

Lo más probable es que la curva del trumpivirus pronto cambiará su tendencia ascendente y empezará a ser domada a la baja. | Leonardo Martínez

  • 12/11/2020
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Los populistas y los demagogos del mundo están en estado de trance. El más mediático, el más emblemático, el más veces nombrado de todos ellos recibió hace unos días el edicto que le informa que sus días de poder están contados. Le quedan unos tres meses que pudieran parecer pocos, pero la verdad es que son muchos para realizar sus últimas fechorías, sus últimas trampas, sus últimas venganzas.

El edicto no fue emitido por una autoridad federal o algo que se le parezca, sino que, conforme a los usos y costumbres del peculiar y sobrevalorado sistema político-electoral estadounidense, el mensaje se conformó por un alud de anuncios y proyecciones salido de las principales agencias de noticias y medios de comunicación con base en los cálculos de los votos contados y los votos que faltaban por contar en ciertos distritos clave que no habían terminado de hacerlo. 

A más de una semana del día de las elecciones el consenso sobre la validez de los resultados es tan amplio y tan sólido que sólo Trump y su séquito de obsecuentes seguidores lo siguen poniendo en duda y mantienen un penoso y ridículo grito de fraude con el que quisieran voltear el resultado. Según los especialistas esa comedia de patadas de ahogado no tiene futuro, pues nadie ha encontrado evidencia alguna para sustentarla.

Pero Trump no está solo. Aparte de los millones de estadounidenses que lo respaldaron cuenta con el apoyo de los miembros de un selecto grupo de interesados y leales porristas y compañeros del mismo club, el cual ha sido profusamente difundido por los medios internacionales y que cuenta entre sus filas a Putin, Erdogan, Xi Jinping, Bolsonaro, Maduro y, evidentemente, López Obrador. Lo que para muchos admiradores de machos narcisistas, ególatras y populistas puede ser un orgullo, a muchos otros nos resulta abiertamente vergonzoso. 

Por ello no puedo sino coincidir completamente con Alexandria Ocasio Cortez, la congresista más joven de Estados Unidos y cuya inteligencia política equivale, decimales más decimales menos, a la suma de las inteligencias de todos los miembros del partido republicano más la mitad de los demócratas, cuando dijo en una entrevista para el New York Times que “...la consecuencia principal de estas elecciones es que ya no vamos en caída libre a los infiernos”. Bien por ellos que tienen periodos presidenciales de cuatro años, cuando nosotros tenemos que padecerlos durante seis.

La expulsión de Trump de la casa blanca puede tener muchas y muy importantes consecuencias positivas para México. Algunas se dejarán ver en el muy corto plazo a partir del momento en el que Biden tome posesión el 20 de enero y empiece a firmar una larga lista de órdenes ejecutivas relativas a temas como la pandemia, la inmigración y el cambio climático. Y esperamos que otras, que suelen asociarse más con los fenómenos de contagio internacional como el que propagó el súbito encumbramiento de demagogos y populistas, se manifiesten con fuerza durante las elecciones de 2021 y 2024 para volver a cambiar drásticamente la distribución de los poderes políticos en México.

En lo que a la pandemia se refiere, la caída de Trump ha llegado como una bocanada de aire fresco, como un certero golpe a la autoestima de los machos narcisistas y mesiánicos que necesitan ocultar sus complejos y sus inseguridades rechazando el cubrebocas, minimizando los estragos causados por la pandemia, filtrando ridículas ideas conspiracionistas y hasta, como lo acaba de hacer Bolsonaro, advertir al mundo que en Brasil no le temen al coronavirus porque no son maricones.

Esas actitudes pueriles, estultas, irresponsables e inmaduras se propagaron como un virus entre la población más susceptible a verse infectada, que no es otra que la de los miembros de ese club y sus numerosos admiradores. La buena noticia es que, al menos en lo que se refiere a la pandemia, lo más probable es que la curva de ese trumpivirus pronto cambiará su tendencia ascendente y empezará a ser domada a la baja. Eso significa por ejemplo que en Estados Unidos se aplique por primera vez una estrategia federal basada en el conocimiento científico que guíe y coordine las acciones de todos los gobiernos locales, lo cual implicaría entre otras cosas el uso obligatorio de cubrebocas.

Como se puede observar en la gráfica, los datos provenientes de una organización que ha demostrado seriedad, responsabilidad y conocimiento indican que el número de hospitalizaciones por covid-19 en EU no ha dejado de crecer durante el último mes. Pero lo que me parece más ilustrativo y sintomático es el hecho de que el crecimiento más pronunciado de la curva inicia en la fecha indicada en la gráfica, que es justo cuando Trump se pavonea de haberse curado la infección, compara al covid-19 con un catarro e invita a la población a vivir sin temerle al virus.

Por simple que parezca esta observación no deja de ser parte de la evidencia que demuestra la influencia que puede tener un líder sobre sus seguidores, y que en un estado de emergencia y cuando el líder es un macho demagogo y narcisista las consecuencias son inevitablemente graves.

Seguramente la actitud de Trump ante la pandemia ha reforzado en el fondo la visión que sobre la misma han mantenido los dos López en México, Obrador y Gatell, últimos responsables de la irresponsable e inhumana estrategia de manejo aplicada en nuestro país. Los vientos empiezan a cambiar de dirección, aprovechémoslos para tratar de parar la caída libre a los infiernos.

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