Opinión

#NoMeCuidanMeViolan

Las manifestaciones tienen una razón de ser válida. | Jorge Ramos Pérez

  • 19/08/2019
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Apenas naciente el sexenio de Vicente Fox todos conocimos las primeras fotografías de los militares que, guante blanco en mano, fueron los señalados como el Batallón Olimpia que asesinó a manifestantes el 2 de octubre de 1968, como grupo paramilitar.

Aunque se había escrito sobre los hombres de guante blanco, lo cierto es que no se conocían imágenes e incluso rostros de ese grupo homicida.

Para conocer eso México y el mundo tardaron más de 30 años... y a 50 años de distancia no hay funcionario o ex funcionario encarcelado por ello.

El 10 de junio de 1971 otro grupo paramilitar, los Halcones, también fueron usados para resquebrajar otro movimiento estudiantil.

Desde un poco antes de la primera mitad del siglo pasado, el gobierno y poderosos actores formaron “porros” que, lo mismo en el IPN que en la UNAM, germinaron como grupos de choque. Y eran usados, cuando así convenía, para incrustarse en movimientos sociales con la finalidad de desprestigiarlos y así neutralizarlos.

En la más larga huelga que tuvo cerrada a la UNAM, entre 1999 y 2000, se pudo documentar, por ejemplo, un ataque a la Preparatoria 3 en donde participaron grupos de choque contratados por funcionarios responsables de la seguridad en la misma universidad. Ese enfrentamiento fue el preludio para la entrada de la Policía Federal para rescatar las instalaciones.

Las dos marchas de mujeres en contra de la violencia, de la semana pasada, terminaron con actos de violencia. Al menos en la movilización del viernes, al inicio, pude mezclarme entre las manifestantes, tomar fotografías y videos sin que nadie me dijera nada.

Pero después, como siempre, desde el anonimato aparecen manos violentas que buscan desprestigiar una protesta válida y legítima.

Frida Mendoza ha documentado acuciosamente en La Silla Rota la violencia contra las mujeres. Tras la primera marcha, del 12 de agosto, recordó que de enero a junio de 2019 se han denunciado más de 2 mil delitos sexuales en la Ciudad de México, de acuerdo con el Portal de Datos Abiertos del gobierno capitalino.

Mostró que hay 2 mil 118 carpetas de investigación por abuso sexual, 509 por violación, 468 por abuso sexual, 97 por violación equiparada, entre otros. Por feminicidios, existen 17 carpetas de investigación en el mismo periodo.

La denuncia en contra de los cuatro policías por una presunta violación en Azcapotzalco, detonante de las protestas, no es la única que atañe a servidores públicos, según registra el mismo Portal de Datos Abiertos, en el primer semestre de 2019 hay más de 2 mil denuncias en contra de servidores y funcionarios públicos en la capital, entre los delitos, existen 135 carpetas de investigación por tortura, 20 por amenazas y 5 por abuso sexual.

Las mujeres no pueden caminar con tranquilidad por la calle o ir a ejercitarse a un parque. No pueden hacer nada sin el riesgo de acoso sexual o abuso sexuale en su contra.

Las manifestaciones tienen una razón de ser válida. El gobierno de la ciudad está obligado a dos cosas:

Frenar el asedio, violencia y crimen contra las mujeres y castigar a los culpables. Lo segundo es investigar y sancionar no sólo a los infiltrados sino a quienes los mueven.

Ninguno de los dos retos son para mañana. Ojalá no tengamos que esperar 30 años para saber quiénes son los provocadores. Y si no los hay, también determinarlo con claridad.

Punto y aparte. Aquí adelantamos el regreso del ex candidato presidencial panista Ricardo Anaya al escenario público. ¿Quiere ser diputado para coordinar la bancada panista en el 2021? ¿O quiere ser gobernador de Querétaro?

Punto final. La comunidad científica comenzó a despertar de su letargo. Poco a poco aparecen voces que alertan del peligro en que se encuentra la ciencia en México. Esta semana surge un primer grupo. Atentos.