Opinión

No todo el derecho debe ser olvidado

No debe tener derecho al olvido el escándalo del Fobaproa.

  • 05/07/2015
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Con esto de las nuevas tecnologías de información, -como el internet-, usted como ciudadano tiene el derecho a que su información sea borrada de todos los servicios digitales que recopilen y procesen sus datos, como las redes sociales o los buscadores de internet.

 

Esto se encuentra contenido en los derechos ARCO (Acceso, Rectificación, Cancelación y Oposición) que fueron publicados en el Reglamento de la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares, publicadas en el Diario Oficial de la Federación, del 21 de diciembre de 2011.

 

Esta clase de derechos tuvo su origen en la Alemania del Nazismo, en el que el régimen podía espiar por completo la vida de sus ciudadanos y luego, en 1970, promulgó leyes para la protección de información personal.

 

Por lo anterior, cualquier ciudadano puede pedir a quien publique su información, que esta sea borrada, con excepción de aquella información relacionada con contratos vigentes y la usada durante algún procedimiento judicial.

 

Sin embargo, no toda la información debe ser borrada. Por lo menos este supuesto debe aplicar a quien o quienes, en el ejercicio del servicio público, cometa actos de corrupción, de lesa humanidad o de hechos trascendentales para la historia del país.

 

Por ejemplo, no debería aplicar el derecho al olvido ahora que se cumplen 20 años del asesinato de campesinos en Aguas Blancas, perpetrado el 28 de junio de 1995, cuando la policía de Guerrero gobernado por Rubén Figueroa Alcocer, dio muerte a 17 campesinos, lo que generó que al siguiente año naciera el Ejército Popular Revolucionario, hechos suscitados en el sexenio del presidente Ernesto Zedillo y siendo Secretario de Gobernación Emilio Chuayfett.

 

No debería existir el olvido para el ex regente capitalino, Oscar Espinosa Villarreal y su Oficial Mayor, Manuel Merino, quienes compurgaron penas corporales por delitos cometidos en contra del servicio público, en virtud a que fueron realizados en perjuicio del erario y la función pública que protestaron como servidores públicos.

 

Ni tampoco para los delitos cometidos por Raúl Salinas de Gortari, ni mucho menos para la burla de haberle devuelto sus cuentas y propiedades. Sólo hizo falta que la PGR le pidiera perdón, caray.

 

No debe tener derecho al olvido el escándalo del Fobaproa, cuando usted perdió sus ahorros o inversiones como particular, mientras que grandes empresarios les fueron condonadas deudas millonarias y usted siguió pagando el costo de sus bienes.

 

El derecho al olvido no debe ser pretexto para que escándalos, como los departamentos del ex gobernador de Oaxaca, José Murat en Nueva York.

 

Mucho menos para enviar al baúl de los recuerdos, hechos como Tlatlaya o Ayotzinapa, que laceran la conciencia mexicana ante el mundo.

 

Ni tampoco debe ser pretexto para que los partidos políticos en el ejercicio de gobierno, se cuiden o pacten entre sí, para otorgarse impunidad y corrupción, principalmente.

 

Aquí se incluyen los delitos de cuello blanco cometidos por la clase política, como la corrupción, los fraudes, la impunidad, la delincuencia, la injusticia, la violencia, la partidocracia, las mentiras, los moches, el despilfarro y la opacidad, entre muchos más.

 

Los moches de los diputados, la riqueza inexplicable de líderes sindicales, la casa blanca o de Malinalco, las compras a sobre precio o el uso de recursos públicos con fines privados, todo lo anterior realizado con dinero público a cuyo bien jurídico no sea posible requerir protección como lo es, el derecho al olvido.

 

Pero hay un personaje que la historia no lo olvida: Porfirio Díaz, soldado de la República, defensor de Puebla en 1862, 30 años en el poder quien en septiembre de 1910 recibió, visiblement emocionado, de manos del Marqués de Polavieja el uniforme con que fue capturado José María Morelos y Pavón, con estas palabras: "Yo no pensé que mi buena fortuna me reservara este día memorable, en que mis manos de viejo soldado son ungidas con el contacto del uniforme que cubrió el pecho de un valiente, que sintió palpitar el corazón de un héroe y prestó íntimo abrigo a un altísimo espíritu, que peleó contra los españoles, no porque fuesen españoles, sino porque eran los opositores de sus ideales”.

 

Twitter: @racevesj