Opinión

No te vayas Carlos Urzúa

Ya se sabía de la molestia del señor Secretario de Hacienda por la forma en la que se han dictado las políticas restrictivas en el presupuesto. | Manuel Fuentes

  • 10/07/2019
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La renuncia sorpresiva de Carlos Manuel Urzúa Macías no es tan sorpresiva como se anuncia por todos lados.  Ya en los pasillos de las oficinas presidenciales se sabía de la molestia del Secretario de Hacienda por la forma en la que se han dictado las políticas restrictivas en el presupuesto, sin tomarlo en cuenta, de cómo se han impuesto funcionarios en áreas estratégicas financieras sin que los designados le otorguen siquiera un saludo de respeto.

Raquel Buenrostro, Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda, quien goza de derecho de picaporte con el Presidente de la República, y quien opera como Secretaria paralela, está involucrada en temas trascendentales de todas las dependencias del sector público, acordaba sin tomar en cuenta la opinión de su jefe inmediato, ahora renunciante.  Eso fue motivo de molestia, mucha molestia y más por parecer adorno de pasillo que Secretario de Estado.

Se quedará en el mando de las finanzas de este país un brillante economista Arturo Herrera, y que como lo describe el Presidente de la República, viene del movimiento social, es un funcionario público con una visión menos ortodoxa preparado para enfrentar los difíciles tiempos que vive el país. A comparación de Carlos Urzúa a quien se le cataloga con una formación más conservadora, pero de gran honestidad.

La renuncia de Carlos Urzúa revela lo difícil que es estar en el círculo cercano del Presidente de la República, quien por su naturaleza hiperactiva, acostumbra acordar con funcionarios de varios niveles sin considerar su jerarquía.  Los temas en Palacio urgen y las decisiones que se toman no están amarradas a niveles, sino a la naturaleza del problema, por eso el Presidente se salta a quien se tenga que saltar. Eso molesta a algunos y más a los que tienen la calidad de Secretarios de Estado o la piel muy sensible.

Como ocurre con estos movimientos la hacienda pública seguirá sin cambios sustanciales y muchos, los enemigos de la 4T, aprovecharán para poner el grito en el cielo de que el rumbo del país está en serio peligro, pero para sorpresa de muchos la maquinaria estatal seguirá funcionando como un viejo elefante, de manera pesada y lenta.

Pero desde luego la renuncia del principal operador financiero del gobierno federal (al menos en apariencia) es una llamada de atención de que la forma también constituye el fondo. Las políticas de austeridad a raja tabla han sido como un tiro en el pie que se dispara el propio gobierno. Las explicaciones no han sido convincentes, ya que no se ha cercenado donde se duplica en las funciones sino donde éstas tienen un carácter sustantivo.

Los miles de despidos, la mayoría de ellos arbitrarios no son cosa de presumir, son la vergüenza de un gobierno que requiere congruencia con las políticas de cambio que pretende llevar a cabo.

La renuncia de Carlos Urzúa debe permitir se enmienden las políticas económicas de austeridad realizadas sin estudios previos, que se hacen y planean en las oficinas de gobierno de quienes  (en apariencia) nunca han operado la atención a piso de tierra, en áreas estratégicas donde está la gente más necesitada que requiere de una atención eficaz.

Es probable sean personas, quienes operan estos recortes que han dejado mal parado al gobierno, que tengan basta experiencia en el servicio público, pero no lo parece, por su poca sensibilidad y falta de técnica gubernamental.

Manuel Urzúa no te vayas, pero dicen que ya te fuiste. ¡Buena suerte!