Opinión

No podría volver a ser la misma

Cruzar los límites de tu zona de confort no brinda nada más que orgullo por tu habilidad para modificar tu entorno. | Lorena Rico

  • 19/12/2019
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Aprender sobre distintas culturas, adaptarte a un ambiente completamente diferente, ver y entender otras realidades, hacer nuevos amigos, resolver dificultades por ti mismo… Después de eso simplemente, no podría ser la misma Lorena Rico.

Primero que nada, he aprendido que todos deberíamos tener la experiencia de vivir en otro país alguna vez. Abandonar todo lo que te resulta familiar, aunque sea por una temporada, es sano, es emoción y temor, es nervio y ambición, en tristeza y felicidad, es duda y certeza a la vez.

No tienes que aterrizar en ese nuevo país para saber que se presentarán desafíos que jamás imaginaste y deberás apelar a tu creatividad para superarlos. La temperatura, los alimentos, las normas y hasta el sistema de transporte serán retos que necesitarás afrontar. Inevitablemente desde las primeras semanas, comenzarás a desarrollar una apertura mental a otra cultura. Cada país tiene sus costumbres y convivir en un entorno completamente distinto al tuyo te permitirá desarrollar una mayor tolerancia hacia lo diferente. Aceptarás el racional de otras personas porque intentarás entender sus comportamientos desde una nueva perspectiva, una más amplia. La única forma de extender nuestro pensamiento e incluso cambiar las concepciones que tenemos sobre ciertos temas, es viviendo en otro país.

Conocer distintas voces es crucial para comprender su estructura mental, que a su vez es reflejo estrecho del lugar donde se criaron. La retroalimentación cultural brinda pluralidad de pensamiento, afectando directamente tus actitudes. Se vuelve más evidente cuando vuelves a casa, convirtiéndote en una persona capaz de apreciar diferentes escalas de valores y de dialogar con personas que discrepan con tus ideas.

Por supuesto, explorarás un nuevo nivel de autoconocimiento. Descubrirás aspectos de ti que no habían salido a flote hasta ahora que te verás forzado a tomar las riendas en todos los aspectos (si es que no lo hacías ya antes). Es darte a ti mismo un empujón de esos de los que es difícil volver y que ponen a prueba tu habilidad de comunicación, que tal vez no hablen tu mismo idioma, y no en sentido literal, sino culturalmente hablando.

Te harás más consciente de tus cualidades personales porque conforme pasa el tiempo te das cuenta que cada una de ellas contribuyó a que fueras avanzando en ese nuevo país. Valorarás tu capacidad de adaptación a condiciones tan diferentes que los aprendizajes se infiltrarán en tus opiniones, creencias, ideas y comportamientos.

De hecho, te invadirá en varias ocasiones un sentimiento genuino de satisfacción por tus logros. Cruzar los límites de tu zona de confort no brinda nada más que orgullo por tu habilidad para modificar tu entorno y adaptar las circunstancias para crear alternativas que te permitan avanzar y alcanzar objetivos personales.

Soy de la idea de que siempre habrá alguien allá afuera queriendo y esperando leer esto para decidirse a emprender la aventura o simplemente para confirmar que sí está tomando la ruta correcta. A esos alguien: ¡SÍ, HAZLO!