Opinión

No parece seguridad

La simpatía que proyectan algunas encuestas sobre el primer mandatario, no alcanzan para contener la inseguridad. | Rodolfo Aceves Jiménez

  • 09/02/2020
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Una de las principales debilidades de la administración del presidente López Obrador lo constituye, la seguridad y el combate a la delincuencia, en el que pareciera que la justicia y gracia es para unos.

En junio de 2019 la embajada de Estados Unidos otorgó visa por razón humanitaria por intervención del presidente López Obrador, a la señora Consuelo Loera Pérez, madre de Guzmán Loera. Lo anterior por comunicación expresa dirigida al presidente, en su visita a Badiraguato en Sinaloa.

Luego en octubre pasado el gobierno federal dio muestra de una desorganización en el operativo y la información proporcionada que pretendió capturar a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín Guzmán Loera, preso en Estados Unidos.

La desorganización se extendió a descuidar instalaciones estratégicas de la ciudad de Culiacán, como el servicio telefónico convencional y celular, carreteras, caminos y vías de acceso a la capital de Sinaloa, así como la seguridad al interior del Centro Penitenciario, que derivó en el escape de unas decenas de presos.

En este operativo pareciera que las agencias de seguridad mexicanas cometieron acciones deliberadas para liberar al hijo de Guzmán Loera y en un error de comunicación, el gobierno de López Obrador mantuvo silencio durante varios días y luego sostuvo varias versiones informativas.

Recientemente, Víctor Manuel Félix Beltrán, Luis Fernando Meza González y Yael Osuna Navarro, quienes compurgaban penas por delitos del fuero federal y estaban relacionados al cártel de Sinaloa se fugaron del reclusorio sur en la Ciudad de México, con la sospecha de que altos funcionarios del gobierno de la Ciudad de México consintieron su liberación.

Lo curioso es que se encontraban presos en un sistema penal local, cuando los delitos pertenecen al fuero federal.

De manera inocente se dice que los tripulantes de un vuelo que se desplomó en el norte del país, transportaba a los reos, en una acción similar a uno de los escapes de Guzmán Loera.

Para no variar, la catedral de Culiacán fue literalmente tomada para dar cabida a la boda de Alejandrina Guzmán Salazar (hija de Guzmán Loera) con Edgar Cázares (un familiar de Blanca Margarita Cázares Salazar), a quien la DEA señala como líder de la red de lavado de dinero, en un evento que podría haber reunido a los más buscados por la justicia mexicana o norteamericana y que fue cubierto ampliamente por la prensa.

Parece inverosímil que la inteligencia mexicana no haya advertido a las autoridades necesarias, para arrestar a quienes tengan cuentas pendientes con la justicia.

Más inverosímil parece que el gobierno mexicano no tiene voluntad para aplicar su estrategia de seguridad, cuyo mensaje es reforzado al negar conocimiento de los hechos.

Y a propósito de las encuestas, la simpatía que proyectan algunas de ellas sobre el primer mandatario, no alcanza para contener la inseguridad o la eficiencia gubernamental.