Opinión

No me gusta escribir de las huelgas

Una huelga se ha convertido en una vergüenza del actuar gubernamental. | Manuel Fuentes

  • 28/12/2021
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En diciembre, no me gusta escribir de las huelgas ni de las insidias que se planean en contra de los trabajadores desde el presupuesto gubernamental, pero la que enfrentan los trabajadores de Notimex, después de casi dos largos años, es imposible pasarla desapercibida.

La huelga de Notimex ha sido el conflicto laboral más importante de los tiempos recientes de la 4T, y no por las banderas rojinegras que lucen los trabajadores de esa agencia en sus campamentos de resistencia, sino por tratarse de una agencia de noticias del gobierno federal.

Ser gobierno y, al mismo tiempo, patrón, conlleva conducirse con la mayor ética y responsabilidad. Es su obligación ser un ejemplo del respeto al derecho de los trabajadores para, así, tener autoridad frente a otros patrones; pero en Notimex ha sido un lastre la actuación de su directora y una vergüenza impresentable del quehacer público.

La directora de Notimex, Sanjuana Martínez Montemayor, se ha comportado como el peor patrón, negándose a respetar los derechos más elementales de sus trabajadores. Desde su llegada a la agencia, sin mediar investigación, acusó a todos los colaboradores de la agencia de corruptos, sin importar sus antecedentes, actividad o responsabilidad.

Ante el presidente de la República se catalogó ella misma como víctima de gobiernos pasados y, con esa historia, fue deshaciendo de manera arbitraria toda la estructura que heredó. Sin pensarlo mucho, despidió a todos los corresponsales extranjeros, algunos con más de 20 años de antigüedad. Los dejó, sin recursos, botados en otros países y denostándolos sin prueba alguna.

Los corresponsales extranjeros buscaron intermediarios para hacerse escuchar, pero nunca fueron atendidos. Mandaron cartas a la presidencia, hicieron comunicados públicos para dar su versión, pero simplemente fueron ignorados.

La directora de Notimex inició despidos de reporteros de manera indiscriminada, sin importar su experiencia ni antecedentes. Al sindicato de la agencia, Sutnotimex, lo desconoció y, lo más grave, impulsó un organismo gremial paralelo para anular todo derecho colectivo. Pero ese fue su peor error.

Los trabajadores agredidos lograron rescatar su sindicato y retomar la dirección sindical que estaba descabezada, a pesar de la resistencia de la dirección de Notimex. Intentaron dialogar y, como respuesta, solo recibieron más despidos. La huelga fue inevitable, no había manera de pararla ante la falta de respuesta.

Las citas conciliatorias que giraban en la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, la Secretaría del Trabajo y hasta en la Secretaría de Gobernación eran ignoradas por su directora general. Parecía que el manto presidencial que presumía le permitía dejar plantados a los propios funcionarios gubernamentales.

Lo que llama la atención es que, a pesar de la huelga, el presupuesto de la agencia gubernamental se mantuvo intacto. Incluso el asignado en 2018, cuando llegó a la dirección Sanjuana Martínez, se ha elevado porcentualmente como si sus actividades fueran normales. Al inicio, llegó con 216 millones 439 mil 107 pesos y, ahora, para 2022, se ha elevado a 228 millones 100 mil 328 pesos.

 

 

 

Conocí a Sanjuana Martínez cuando, alegando su despido de la revista Proceso, me solicitó, por la intermediación de otros amigos reporteros, realizar las gestiones necesarias ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de la Ciudad de México para que su juicio se acelerara, debido al gran retraso en su resolución. Nuestra comunicación siempre fue amable.

Cuando llegó como directora de Notimex e iniciaron los primeros despidos, solicité entrevistarme con ella para mediar y buscar una solución a las separaciones masivas que se llevaban en la agencia. Incluso en la que sufrió una reportera, estando embarazada, por hacer críticas a imposiciones sindicales de la directora.

Tenía la convicción de que Sanjuana Martínez, por decir haber sufrido un despido, sería sensible a un diálogo; acepto que me equivoqué. Nunca fue posible hablar directamente con ella; de manera inconcebible el portazo fue la respuesta. Ese ha sido el trato que le ha dado a todos los demás. Subida en un ladrillo como toda poderosa, sin aceptar una reunión responsable, olvidó pronto su condición de trabajadora de la tecla que alguna vez fue.

Al cerrar el año, mi mayor sorpresa fue haber conocido la Recomendación 142/2021 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) relacionada con el ejercicio de libertad sindical en Notimex, que representa una de las peores vergüenzas de esa institución.

Esta Recomendación la llevaré a mis clases de licenciatura y posgrado para decirle a mis alumnos lo que no se debe hacer para denigrar el derecho; para ponerla como ejemplo de personas que se disfrazan de defensores de derechos humanos y que no tienen idea del derecho laboral.

Se atreven a recomendar a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y al Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral que dejen sin efecto una toma de nota de la directiva del Comité Ejecutivo que encabeza Adriana Urrea, quien ha sido injustamente denostada y denunciada penalmente por encabezar la huelga de Notimex.

Es una Recomendación de 76 páginas, firmada sin pena por Ma. del Rosario Piedra Ibarra, quien se ostenta como presidenta de esa Institución, de la que ignora que es de imposible ejecución.

Las autoridades laborales no pueden acatar una absurda recomendación simplemente porque tienen prohibido hacerlo. De manera administrativa no se puede desconocer una representación sindical. Eso es materia de litigio y de parte interesada. Hasta un estudiante de derecho de inicio de carrera lo sabe.

Anular la toma de nota de un Sindicato no puede lograrse por un acuerdo planteado en una cena de amigas, donde deciden, levantando una copa, que una Recomendación desconozca una directiva sindical y, con ello, terminar una huelga. Si así fuera –el desconocer la directiva de los sindicatos por el capricho de una funcionaria–, todos los días habría fiesta en la casa patronal.

Casi termina diciembre y no puedo concebir escribir de una huelga que se ha convertido en una vergüenza del actuar gubernamental.

Considero que lo mejor es caminar por ese parque que tanto me gusta, y pensar que el actuar de algunos funcionarios es una pesadilla que pronto terminará.

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