Opinión

No hay peor ciego que el que no quiera ver

Comienza un nuevo tiempo para Quintana Roo, aceptémoslo con madurez democrática.

  • 08/07/2016
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Lunes 6 de junio, 2 de la mañana. La computadora a través del internet, arde siguiendo un PREP que no quiere arrancar. Comienzan a aparecer los números, se empiezan a mostrar las realidades. Se empieza a caer el telón durante tanto tiempo oculto y vetado. Ya no hay vuelta atrás. Se desmorona un castillo de fantasías y surge el realismo mágico de Cortázar, de Isabel Allende, de Carlos Fuentes que se define como una preocupación estilística de mostrar el interés de lo irreal o extraño como algo cotidiano y común. La voluntad popular ha dado su veredicto. Ya hay un nuevo gobernador electo. 

 

No creo equivocarme si digo que no hubo sorpresas. Por ahí la diputación local de Cozumel, pero por más que uno le busque, el sentir de la gente ya tenía tomada en su interior la decisión del cambio. Se había agotado un modelo prebendario, se estaba desvaneciendo un esquema político social que sólo era en beneficio de unos pocos. Aceptemos las realidades. Ya Quintana Roo no estaba representado por sus pares y se había convertido en la apetencia de los amigos o parientes de turno. Por más que se buscó la forma, por todos los medios legales o no posibles de no modificar el status reinante, la gente dijo basta.

 

No hay peores ciegos que los que no quieren ver y en la fría estadística de los números, existen escenarios que debieron haber sido tomados en cuenta en este proceso electoral, pero la ambición de querer todo a cualquier precio, también fue una mala jugada.

 

Vamos por partes. En el 2005, la señora Addy Joaquín, ganó Chetumal y no le fue fácil a Félix González Canto, con todo el aparato político a su favor, ganar la gubernatura del Estado, frente al Chacho García Zalvidea o a la propia doña Addy. Tiempo después, en la elección intermedia, se pierden cinco de sus nueve municipios en manos de la oposición y la forzada y rápida conversión de Bacalar como décimo, pone en un empate técnico de fuerzas en el congreso del estado. La elección de la sucesión en el 2011 no es tan apabullante como se esperaba. A pesar de no tener oposición enfrente, ni un contrincante conocido, Roberto Borge gana con un escaso margen de votos, la gubernatura. Tuvo que suceder o preparar el affaire Greg Sánchez, -arraigado y encarcelado- para dejarlo fuera de la jugada y allanar el camino para contender sin adversarios. Un año después en la elección presidencial, Quintana Roo entrega al lopezodobradorismo el triunfo, siendo una factura que aun cobra intereses en el entorno de Los Pinos.

 

El proceso interno a la elección, también fue cerrado a la plena participación de sus aspirantes. Se buscaba la continuidad de lo gastado o aburguesado y de los amigos o socios que garantizaran más impunidad. Nadie vislumbró cómo había que prepararse a lo que estaba pidiendo la gente. Creyeron que con la misma fórmula, los mismos actores, el mismo circo, las mágicas despensas o el cobro de los favores de antaño, se aseguraban el triunfo. Nada fue más falso y la gente agarró lo que venía de quien venía y luego se la jugó por sus pasiones interiores.

 

Hoy Carlos Joaquín, hijo de un cozumeleño y una cozumeleña, arraigado al estado por su propia historia, es el nuevo gobernador del estado. De nada valió el fugaz espíritu del quintanarroismo que intentó imponer el gobernador Borge en una suerte de sacrificio terrenal de sus orígenes.  Perla Tun, salida de las raíces propias de la gente que ha construido con su tenacidad el orgullo de isla de Cozumel, es la presidente municipal, les guste o disguste a quien quiera. Cristina Torres, sola, con su convicción, andar todo terreno y sabiendo el hartazgo de la gente, asumirá la presidencia de Solidaridad, Playa del Carmen, el municipio que ha tenido, según estándares de las Naciones Unidas, el más alto crecimiento estructural nivel internacional en los últimos 15 años y que a su vez, fue vaciado y saqueado descaradamente en los últimos ocho. Cada personaje ha tenido su tiempo y ahora este es su momento.

 

Luego de Pedro Joaquín Codwell, Carlos ha sido el funcionario quintanarroense de más alto rango que ha tenido el gobierno de Peña Nieto. El tercero en discordia fue Juan Ignacio Hernández Mora, miembro del grupo de amigos del poder local, quien fuera subprocurador de justicia en la Zona Norte de Quintana Roo y titular del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social, y cesado drásticamente de su cargo tras la fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán por orden expresa del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, luego de comprobarse su complicidad. Hoy Hernández Mora vive fugado en España. O sea ningún otro quintanarroense estaba en el primer círculo del presidente.

 

Nadie entendió, quiso comprender o razonó que cada agresión, denuncia, insulto, complot o editorial que se escribía en contra del actual gobernador electo, era una afrenta que se le estaba haciendo al propio presidente de la Nación. Mientras esas columnas circulaban entre los medios locales, aparecían otras fantaseando cercanías y hasta compradrazgos inexistentes de los “elegidos” con funcionarios del gobierno federal. No creo que el primer mandatario de México haya mantenido en su gabinete a un corrupto, decapitador, narco, pederastra y todas las cosas que surgieron en los últimos años desde la vocería de estado y a través de todos los medios de comunicación becados por el propio gobierno. Por favor seamos lógicos y entendamos que por más que esas acusaciones eran la primera plana de los periódicos asalariados de turno, de nula lectura en el estado, la gente entendía que todo eso, era una farsa de mentiras.

 

Al amanecer seguía yo pegado a un PREP que mostraba que el triunfo era irreversible. Se cayeron los mitos, los intocables y los que dijeron que para estar tranquilo “necesitaba colocar dos gobernadores luego de su periodo”. Levemente algunas páginas locales están buscando la forma de licuar el resultado.

 

Comienza un nuevo tiempo, aceptémoslo con madurez democrática. No veo tiempos de revanchismos sino de poner las cosas en su lugar. Entra mucho dinero cada año al estado, a partir de su potencial turístico, para que cada vez la gente viva peor. Lo que sigue ya será parte de la historia, esa que escribió mi paisano Ricardo Ceratto cuando compuso Suéñame Quintana Roo.

 

*Gustavo Ferrari Wolfenson: Doctor en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Consultor de las Naciones en temas de fortalecimiento institucional para gobiernos. Profesor de Gobernabilidad y Ejercicio del Poder del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Harvard  y del ITAM. Residente buena parte del tiempo en el estado de Quintana Roo.

 

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