Opinión

No hay mucho que buscar para encontrar a los responsables

Desde que se planteó el rediseño del espacio aéreo, se dijo que se había antepuesto la política a las decisiones técnicas y de expertos. | Lourdes Mendoza*

  • 13/05/2022
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Rediseño del espacio aéreo

Desde que se planteó y después implementó el rediseño del espacio aéreo, tanto para la zona metropolitana de la Ciudad de México como para el resto del país, una y otra vez se dijo que se había antepuesto la política a las decisiones técnicas y de expertos. Y aunque el rediseño debía realizarse, se partió de una premisa equivocada y a la que todo debía de sujetarse y someterse: la operación del aeropuerto Felipe Ángeles, mejor conocido como el aeropuerto del mamut.

Después de lo sucedido en los últimos días, viene a la memoria la recomendación de un mexicano ilustre, Bernardo Lisker, de la firma especializada en diseño de aeropuertos Mitre, quien siempre insistió en que un aeropuerto se construye del cielo a la tierra. ¿Y qué me dice de la complejidad innecesaria de operar simultáneamente el AICM y el aeropuerto de Santa Lucía? Años después se le sigue acusando de haber servido a los intereses de los constructores corruptos que buscaban justificar la construcción del aeropuerto de Texcoco.

Lo cierto es que, a lo largo de un año, las fallas y falta de capacitación adecuada de controladores aéreos han sido la constante. Todos los que hemos volado lo hemos vivido. Y no sólo los pasajeros, pues los anhelados beneficios por el ahorro de combustible para las aerolíneas tampoco han llegado. Y ni hablemos de los menores tiempos de vuelo o la seguridad de las operaciones, que ahora sólo está en manos de las tripulaciones.

Boicot al AICM

Mientras este desastre crecía, intencionalmente se dejó que el aeropuerto Benito Juárez (AICM) se siguiera deteriorando y ¡hundiendo!, a pesar de que el sistema metropolitano de aeropuertos que sustituyó al NAIM como hub aéreo, continuaría en operaciones. Sí, así como lo está leyendo. Mientras que el entonces secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, dijo que al AICM le quedaban muchos años de funcionamiento, en los hechos no se le hicieron mejoras sustanciales para elevar la calidad y el servicio.

Y cuando todos pensábamos que al AICM no le podía ir peor, y habiendo sufrido los estragos de casi dos años de pandemia, el actual secretario, Jorge Arganis, envió como premio de consolación, nada más ni nada menos, que a Carlos Morán Moguel, quien fuera subsecretario de Transporte con Jiménez Espriú y su comparsa para imponer la cancelación del NAIM.

Morán Moguel, exfuncionario de Mexicana de Aviación en su época dorada, sigue viendo a la aviación como hace 30 años. Ése es su sello a donde quiera que va. Poco entiende de la apertura de la industria y menos aun de cómo ésta ha evolucionado para dejar de ser un servicio gubernamental a uno en el que la competencia entre aerolíneas y aeropuertos tiene por objetivo prestar un mejor servicio a los usuarios.

Así que, con todo desenfado y cinismo, se ha encargado de hacerle la vida imposible a pasajeros, aerolíneas, negocios y prestadores de servicios, con una sola consigna: ahuyentar a todos del AICM y que se vayan al AIFA. ¿La pregunta que a nadie deja dormir es si lo logrará?

Errores e ineficiencias en el SENEAM

No es por echarle más limón a la herida, pero junto con la opinión de muchos expertos de la industria, creo que no todo termina con el despido del impresentable Víctor Hernández. ¡Más bien con eso empieza!

Y si es cierto que Jimmy Pons, el flamante subsecretario de Transporte, está decidido a barrer de arriba para abajo, como dice el presidente, tiene una larga lista de funcionarios y controladores aéreos que siguen en sus posiciones y que tienen una responsabilidad en lo que sucedió este último fin de semana y en otros eventos similares.

Y desde aquí le digo, subsecretario, no se trata de vendettas. Se trata de poner orden y disciplina en una de las actividades más importantes de la aviación y que salvaguarda la seguridad aérea. Así que seguimos esperando la renuncia de los protegidos, novias, compadres e hijo del gran estafador Víctor Hernández; sí, su hijo Alejandro es el director de la torre de control del AICM.

Responsabilidad de la AFAC

Calladito se ve más bonito. Dicen que así piensa y actúa el capitán Carlos Rodríguez Munguía, quien también presume recibir órdenes nada más de las Fuerzas Armadas y no de la SICT. Se le olvida que tiene un mandato de ley para realizar, desde la Agencia Federal de Aviación Civil, una investigación a fondo de lo sucedido en el AICM el sábado pasado.

Deseamos y esperamos que el director de Análisis de Accidentes e Incidentes de Aviación, el polémico Constantino Tercero, deje de encubrir a funcionarios y cuates que tiene en SENEAM.

La exigencia

Como lo han dicho muchos analistas en aviación comercial, como Carlos Torres, no hay mucho que buscar para encontrar a los responsables. Tienen nombre y apellido, empezando por los controladores aéreos que estaban de turno y siguiendo toda la cadena de mando, pues con la seguridad aérea no se juega.

Lo que preocupa es que, en éste como en otros temas, el presidente es quien tiene la última palabra y no los técnicos y expertos. El sello de la casa es desacreditar en público a sus funcionarios, como ocurrió con la propuesta de Jimmy Pons para reducir por decreto y "de un jalón" hasta 25% las operaciones del AICM. Algo que, dijo AMLO, jamás le fue consultado. ¿Será? ¿Le creemos? ¡Ok, no!

Por no dejar

Cómo dejar de lado el tuit de Diego Fernández de Cevallos: "Increíble irresponsabilidad criminal: el uso del espacio aéreo del Valle de México se decidió desde la Secretaría de Gobernación, apretándoles el pescuezo. ¡Claro, le achacarán las tragedias al maldito neoliberalismo! ¡Pobre México con estos bribones!". Boicot al AICM.

La columna de Lourdes Mendoza Peñaloza se publicó originalmente en El Financiero, reproducida aquí con autorización de la autora.

* Lourdes Mendoza Peñaloza es una periodista mexicana especializada en finanzas, política y sociales, con más de 20 años de experiencia en medios electrónicos, impresos, radio y televisión.

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