Opinión

No están pidiendo permiso

#UnDíaSinNosotras es un acto de protesta a través del cual alzar la voz para expresar su enojo, su indignación, su preocupación, su miedo. | Agustín Castilla

  • 27/02/2020
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Conforme ha ido creciendo la respuesta a la convocatoria lanzada por el colectivo veracruzano Brujas del Mar para que las mujeres realicen un paro de actividades el 9 de marzo en protesta por la violencia de género que azota a nuestro país, cada vez más instituciones públicas y privadas se han pronunciado en el sentido de permitir que sus trabajadoras se ausenten ese día sin que tengan consecuencias como si se tratara de una generosa concesión -aunque también se han presentado muestras de auténtica solidaridad-, y no ha faltado quien advierta que tendrán que reponer el día con horas extras.

Parece que no se ha entendido que las mujeres no están pidiendo permiso para faltar y tampoco buscan obtener un día de asueto, pues justo es un acto de protesta a través del cual alzar la voz para expresar su enojo, su indignación, su preocupación, su miedo, su impotencia ante la grave situación que enfrentan todos los días en la calle, en el transporte, en sus centros de trabajo e incluso en sus casas, sin encontrar muchas veces siquiera empatía de las autoridades y de la misma sociedad quienes más bien se han mostrado indiferentes.

El movimiento #UnDíaSinNosotras también tiene el propósito de hacer visible la importancia que tienen las mujeres en el ámbito económico, familiar, social, político, cultural de la vida nacional, y demandar que se les reconozca y se les brinde la seguridad necesaria para que puedan vivir sin miedo.

Es un enorme error pensar que tanto el paro del 9m como la marcha a la que se ha convocado el domingo 8 de marzo en que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, forman parte de una estrategia en contra del gobierno como lo ha sugerido el presidente, y por tanto hay que intentar desalentar la participación, polarizar y dividir al movimiento a partir de ubicaciones ideológicas o afinidades partidistas. Esto no se trata del presidente, de la 4T o de los partidos, se trata de ellas.

Hay que tener claro que estamos ante una exigencia que además de legítima, responde a una emergencia nacional que afecta por igual a todas las mujeres sin distingo de posiciones políticas, creencias religiosas o condición social por lo que debe trascender cualquier diferencia evitando la descalificación de quienes no piensan igual. Una de las mayores fortalezas del movimiento es su pluralidad, necesita que se sumen todas ya que como bien lo señaló Ana María Olabuenaga, “muerta no eres ni de derecha ni de izquierda, ni conservadora ni liberal, ni neoliberal o antiliberal, progobierno o antigobierno”.

Es urgente que se deje de seguir normalizando la violencia por razones de género, y para dar algunos datos que nos recuerden la dolorosa realidad en que vivimos, tan sólo en enero de este año fueron asesinadas 320 mujeres de las cuales 247 se consideraron como víctimas de feminicidio y en 14 casos se trató de menores de edad. Es urgente que se ponga en el centro de la agenda, de las políticas públicas, de la acción gubernamental y social a las mujeres, que se reconozca su importancia, sus aportaciones, su dignidad y que de una vez por todas se generen las condiciones para que no tengan que seguir soportando el acoso, la discriminación y para que por fin puedan vivir sin miedo.