Opinión

Niñez en peligro

La violencia generada por el crimen organizado tiene un efecto replicante en las niñas y niños del país. | Joel Hernández Santiago

  • 18/11/2020
  • Escuchar

Se nos llena la boca al decir que la niñez –para la gran mayoría– fue una de las etapas más felices de nuestra vida, y hasta insistimos en que "ojalá volviera a ser niño" o que "a pesar de todo seguimos siendo niños". Sí. Pero no. El problema hoy es grave y tiene que ver con la niñez mexicana y de los fenómenos sociales que se ven cada día en perjuicio de ellos-nosotros.

Según la organización Save the Children y con base en datos de la Unicef, en México miles de niños son excluidos del proceso educativo nacional y ajenos a los modelos de desarrollo general del país; muchos tienen que trabajar con la responsabilidad de llevar dinero a sus casas:

"La infancia que trabaja para mantener a sus familias no sólo no recibe educación; tampoco puede descansar, jugar ni distraerse. Pierde  oportunidades de participar en la comunidad, en las actividades culturales y en los deportes. La infancia en situación de pobreza tiene muchas más probabilidades de verse forzada a trabajar".

"Actualmente existen 2.5 millones de niñas y niños entre 5 y 17 años que trabajan; de ellos, gran parte lo hace para ayudar económicamente en su casa o a su familia", dice Save the Children.

Pero no sólo eso. Se da el caso de niñas o niños violados por adultos; muchas son obligadas a tener relaciones sexuales con mayores; aumentan embarazos de aun niñas o que son obligadas a casarse con adultos, lo que significa una tragedia para cada una de ellas.

O aquellos niños que viven en zona de riesgo criminal. Tan sólo de enero a septiembre de 2020, al menos 934 niñas y niños han sido asesinados en el país y, según cifras oficiales, en 70% de los casos se utilizó un arma de fuego. "Esto es muestra del impacto que tiene la violencia del crimen organizado en los menores de México", explicó Juan Martín Pérez García, director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM).

La infancia, sí, debiera ser una etapa de la vida constructiva y feliz. Una etapa en la que las ideas del entorno se fijan para siempre y dibujan lo que se habrá de ser adelante.

Pero cada vez, con más frecuencia, se conocen datos de violencia extrema entre ellos y en contra de ellos. Esto en un país en el que tradicionalmente –se decía– se cuidaba y se protegía sobre todo a la niñez. ¿Cómo es que ha cambiado esto? ¿Qué país, que nación, qué gobierno y sociedad permiten las aberraciones que se ven hoy en México?

También esta actitud de dejadez oficial y social es un crimen de gobierno y de comunidad. Porque una sociedad que no cuida y protege a sus ancianos y a sus niños, es una sociedad francamente desarticulada y sí, enferma y corrupta.

Esto viene al caso porque reciente conocimos casos violentos en los que se están involucrados niños y esto, aunque se dice que "sacude la conciencia del país" la verdad no se ve por ningún lado que se busquen soluciones al fenómeno de excepción, cada vez más frecuente y escalofriante.

Por ejemplo, el caso de los dos niños mazahuas, Alan Yahir, de 12 y Héctor Efraín de 14, cuyos cuerpos se descubrieron por casualidad y quienes fueron víctimas de grupos organizados para el crimen en la capital del país. O el cadáver de otro niño que días antes fue secuestrado y trasladado su cuerpo muerto a un basurero, por otros niños.

Y más niños acá o allá. Niños. Niñas. Muchos de ellos víctimas y, ahora con cierta frecuencia, también victimarios; inducidos al crimen por un entorno criminal. Pérez García advirtió que la violencia generada por el crimen organizado tiene un efecto replicante en las niñas y niños del país, principalmente, aquella ocasionada por los crímenes de alto impacto.

"El código de violencia que se está incorporando a la sociedad, es que se resuelve todo con violencia, que hay impunidad, y que se necesita tener fuerza y armas. Y eso se traduce en que se multiplican los hechos de sangre. Ya ni siquiera por el crimen organizado, sino por conflictos vecinales y entre la comunidad", señaló.

Se sabe que ´desde 2011 se comenzaron a documentar casos de desaparición, tortura y mutilación de cuerpos de niños, principalmente en estados como Morelos y Guerrero y que poco a poco se generaliza en toda la República.

"No es un hecho aislado, ya ha sucedido tanto en la CDMX como en el Edomex, el tema es que no suele difundirse que son menores de edad, pero son cada vez con más crudeza y frecuencia". Y luego el caso del niño de 14 años que asesinó a sus primos –niños– y agredió a parte de su familia, luego intentó quitarse la vida.

Estamos en un serio problema en México. Además de las graves crisis que ya vivimos, como la de la salud, mal gestionada para evitar contagios y muertes, la crisis económica, la de la violencia criminal, la de la mala educación y deficientes soluciones a la problemática cotidiana, ahora se suma el de la niñez en peligro.

¿Quién se ocupa de esto? ¿Qué políticas de gobierno atienden este comportamiento social? ¿En dónde están? ¿Alguien hay ahí que atienda qué están viviendo los niños, qué ven, qué mensaje se les está enviando desde los medios de comunicación, en especial los electrónicos y redes sociales?

¿Alguien atiende a los padres y madres con relación disfuncional que impacta en los menores? ¿Y qué pasa en las zonas urbanas? Porque en las comunidades rurales el fenómeno es menor...

Y lo dicho. Algo malo, muy malo estamos haciendo en México que se está propiciando este fenómeno de comportamiento infantil y en contra de los niños. ¿Es esta la ´raza cósmica´?

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.