Opinión

Ni las veo, ni las oigo

Inexplicablemente el presidente no muestra sensibilidad y empatía alguna con las causas de las mujeres. | Agustín Castilla

  • 01/10/2020
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Una vez más la desaparición y muerte de una mujer despierta la indignación de la sociedad. En esta ocasión se trató de Jessica González, recién graduada como maestra de educación básica a quien, después de varios días de búsqueda, la localizaron sin vida el pasado fin de semana en la ciudad de Morelia, pero lamentablemente no fue el único caso. 

Por esas mismas fechas, se reportó el homicidio por arma de fuego de Carmen “caramelo” en el municipio de Guadalupe, Zacatecas; de Nayeli de 18 años cuyo cuerpo con signos de violencia sexual fue encontrado en una cuneta de la carretera a Comitán, Chiapas; de Ana Noemí de 20 años que fue estrangulada después de haber sido abusada sexualmente en Tequisquiapan, Querétaro; de Alondra Elizabeth también de 20 años cuyo cuerpo fue encontrado en un tambo después de 4 días de desaparecida en Saltillo, Coahuila; de Lucero Rubí a la que su ex pareja le disparó en su consultorio en Ensenada, Baja California; de Elmy Jocelyn de 18 años que fue encontrada en una bolsa de basura en Milpa Alta, Ciudad de México. 

Pudimos tener conocimiento de estos casos gracias al activismo de familiares y amigos en redes sociales, a la convocatoria a manifestarse así como por la cobertura de medios de comunicación, pero representan tan sólo una pequeña muestra de lo que sucede todos los días en nuestro país ante la indolencia de las autoridades, y muchas veces también de la indiferencia de la sociedad. Las cifras, que van en aumento, se repiten una y otra vez sin que pase nada. De acuerdo con los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, 2,551 mujeres fueron asesinadas en los primeros ocho meses del año, de las cuales 645 se clasificaron como feminicidios, y se registraron 2,167 delitos relacionados con violencia de género

No obstante, la cifra negra es enorme, particularmente en lo que se refiere a la violencia de carácter sexual o psicológica, y al acoso laboral, pero generalmente no denuncian por temor a sus agresores así como la gran desconfianza en las autoridades quienes en no pocas ocasiones las llegan a revictimizar. Hace unos meses, ante el hartazgo por el incremento y normalización de la violencia que cotidianamente enfrentan las mujeres, tomaron la decisión de alzar la voz, salir a las calles y, por un día ausentarse de sus centros de trabajo así como de realizar las labores en el hogar, logrando un impacto importante en la sociedad -aún a pesar de la decepcionante respuesta del presidente que en un primer momento las ignoró y posteriormente optó por minimizar el problema-, pero desafortunadamente se perdió el impulso como consecuencia de la pandemia. 

Hoy, cuando la lacerante realidad se sigue imponiendo obligándolas de nuevo a salir a protestar, la reacción gubernamental es de desprecio y confrontación. Inexplicablemente el presidente no muestra sensibilidad y empatía alguna con las causas de las mujeres, evita en lo posible abordar el tema en sus conferencias mañaneras y, recientemente ante la toma de instalaciones de la CNDH, vuelve a descalificar al movimiento feminista acusándolo de atacar a su gobierno así como de estar infiltrado por corruptos que están molestos porque ya no pueden robar.

Por su parte, la Jefa de Gobierno arremetió contra una mujer que apoyó con víveres al plantón que mantienen los colectivos feministas en la CNDH supuestamente por financiar el movimiento, provocando su despido del grupo empresarial en que trabajaba como responsable del área de recursos humanos, además de justificar la actuación policial durante la marcha del pasado lunes al impedir el paso -con granaderos que supuestamente no existen- y arrojar gas lacrimógeno contra las manifestantes.

Ojalá el gobierno aprovechara el tiempo y energía que destina a defenderse, minimizar los hechos, descalificar y arremeter contra el movimiento feminista -que por cierto es plural, diverso y, aunque con posiciones encontradas respecto a algunos temas, coinciden en la urgencia de que se ponga un alto a la violencia- en aplicarse para atender lo que debiera ser una prioridad.

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