Opinión

¿Negociación, celebración y regaño? Encuentro presidencial

López Obrador no tiene por qué rendirle informes a Trump; pero es probable que en Washington tenga que escuchar lo que no quiere oír. | Alicia Fuentes

  • 07/07/2020
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Después de intensas negociaciones, amenazas, denuncias e incertidumbre, por fin una de las promesas de campaña del presidente Donald Trump se materializa con la entrada en vigor del Acuerdo México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC). Por supuesto, para no dejar pasar la ocasión, el presidente Andrés Manuel López Obrador realizará su primer viaje internacional para participar en una especie de ceremonia en la Casa Blanca para coronar el éxito del presidente Trump en la sustitución del TLCAN por el T-MEC.

Amenazas, negociaciones e incertidumbre

Tras ocho rondas de negociaciones realizadas de agosto de 2017 a septiembre de 2018, por fin se logró tener un texto del T-MEC. El camino para llegar a concluir el tratado estuvo lleno de desavenencias políticas y comerciales. El 22 de marzo de 2018, la administración Trump aplicó un arancel de 25% a sus importaciones de acero y de 10% al aluminio, del que eximió a México y Canadá con la condición de lograr un acuerdo a finales de mayo de 2018, pero ante las fallidas rondas el 31 de mayo de 2018 Estados Unidos extendió las cuotas arancelarias a sus socios regionales. En respuesta, en junio de 2018, México denunció a su vecino ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) y suspendió el tratamiento arancelario preferencial a productos estadounidenses. En julio, Estados Unidos denunció ante la OMC a la Unión Europea, China, Turquía, México y Canadá por la imposición de aranceles. 

El segundo semestre de 2018 se caracterizó por momentos de incertidumbre y colaboración entre amplios sectores tanto mexicanos como estadounidenses. En el plano político, la aplastante victoria de Andrés Manuel López Obrador el 1 de julio de 2018 y su disposición a que las negociaciones continuaran, permitió que hacia el 27 de agosto de 2018 se alcanzara un preacuerdo entre México y Estados Unidos. No obstante, el 6 de noviembre de 2018 se celebraron elecciones intermedias en Estados Unidos en las que, tras ocho años de mayoría republicana, el partido Demócrata recuperó la Cámara de Representantes y Nancy Pelosi fue elegida presidenta; lo cual restó fuerza al presidente Trump y desató la especulación respecto a la viabilidad del Tratado.

La incertidumbre se desvaneció cuando el 30 de noviembre de 2018, el presidente Donald Trump, el Primer Ministro de Canadá Justin Trudeau, y el todavía presidente de México Enrique Peña Nieto, firmaron el T-MEC en el marco de la cumbre del G20 realizada en Argentina. Parte del proceso del Tratado concluyó cuando los poderes legislativos de los tres países ratificaron el texto. A principios de abril concluyeron todos los requisitos para la entrada en vigor del T-MEC, cuya fecha quedó el 1 de julio de 2020.

Celebración y beneficios

La entrada en vigor del T-MEC coincide con el impacto negativo que la pandemia de covid-19 ha tenido en Canadá, Estados Unidos y México, y con la necesidad que tienen los tres países de reactivar sus economías. La pandemia llevó la tasa de desempleo en Estados Unidos al 11.1%, y en México, el covid paralizó al turismo, producción de energía y manufactura, por lo que se estima que se pierdan un millón de empleos formales y que más de 20 millones de mexicanos caigan en la pobreza.

Habida cuenta de la guerra comercial que el presidente Trump comenzó con China, las empresas estadounidenses han buscado formas de evitar interrupciones en sus cadenas de suministro, en consecuencia, las importaciones de Estados Unidos desde México subieron hasta a 15% desde el 13% en 2018; de las empresas que se ubicaban en China, el 76% se ha mudado o está planeando salirse del coloso asiático y México parece colocarse en el cuarto lugar, después de Estados Unidos, Canadá y Japón, entre los países preferidos para su nuevo establecimiento.

El caso es que es muy probable que, durante su primer encuentro con Donald Trump, el presidente López Obrador, además de festejar la entrada en vigor del T-MEC, quiera capitalizar su visita a Washington y aprovechar el lugar privilegiado de México en la cadena de suministro de las empresas estadounidenses. 

Regaño

A pesar de todos los sobresaltos que lo anteceden, el T-MEC es un buen ejemplo de colaboración e integración regional. Sin embargo, la relación entre México y Estados Unidos está pasando por un mal momento. El discurso con tintes supremacistas en contra de los migrantes, la construcción del muro y el supuesto de que Estados Unidos debe ganar siempre en sus acuerdos comerciales, son parte del ideario político del gobierno estadounidense actual. A estos temas habría que añadir al narcotráfico, que por décadas ya forma parte de la agenda bilateral y que ahora está a punto de escalar al nivel que los estadounidenses le dan al terrorismo, así como al trato que el gobierno mexicano le está dando al capital extranjero.

La tasa de homicidios en México se extendió a pesar del covid-19, aún cuando las autoridades instaron a la población a quedarse en casa. Sólo en los seis días que van de julio se alcanzó la cifra de 102 asesinatos dolosos y los homicidios de los cinco primeros meses, ponen a 2020 en camino de romper el récord total de asesinatos del año pasado. Animados por un plan de seguridad ambiguo de la administración y la captura y liberación de Ovidio Guzmán, los poderosos grupos criminales continúan atacando con impunidad; en los últimos días de junio, el Cártel Jalisco Nueva Generación intentó asesinar al jefe de policía de la Ciudad de México.

Por otra parte, en vez de mejorar el actual modelo económico mexicano con base en un sustento legal, el presidente López Obrador mantiene una relación contenciosa con el sector privado. Las medidas que ha tomado para debilitar el marco regulatorio e institucional en México han provocado la desconfianza de los inversionistas. En marzo, por ejemplo, su gobierno negó el permiso de suministro de agua a la planta cervecera estadounidense Constellation Brands que había invertido 900 millones de dólares en Mexicali; y en mayo, el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE) suspendió las pruebas preoperatorias a 28 plantas de energía eólica y solar, bajo el pretexto de preservar la seguridad y confiabilidad de la red de transmisión mexicana durante la baja demanda de electricidad ocasionada por la pandemia.

En todo encuentro bilateral de alto nivel, las partes acuerdan con antelación la agenda que se va a abordar. No se deja espacio para la improvisación. Así que no sería de extrañar que, en el marco de la entrada en vigor del T-MEC, el presidente Trump quiera hablar de inversiones; también, es probable que quiera hablar de los temas apremiantes de la relación bilateral, empezando por el narcotráfico. Estamos todos de acuerdo que el presidente López Obrador no tiene por qué rendirle informes a Trump; pero es probable que en Washington tenga que escuchar lo que no quiere oír.

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