Opinión

Navidad en las montañas

En espera de un error que haga bajar de las montañas al hombre más buscado de México.

  • 10/11/2015
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Más pronto que tarde, el fin de año alcanzará a la actual administración con una sobrecarga de agendas pendientes en las que la inseguridad y la brutal corrupción del sistema van al frente.

 

Inseguridad y corrupción se alimentan una de la otra, con la complacencia e ineptitud de autoridades de todos los niveles de gobierno, y han colocado al país en una encrucijada de alto riesgo y de escenarios alarmantes.

 

El desgaste de las instituciones de seguridad civiles y militares es tal, que los esfuerzos continuos y variados para sacar adelante el tema de la inseguridad con reformas y nuevas estrategias y más militares al mando de corporaciones policiacas terminan estrellándose contra casos de corrupción, de vinculación con el narco o, en el menos desastroso de los escenarios, con abusos policiacos y violaciones a los derechos humanos que nos llevan a un retroceso de dos o tres décadas.

 

A nivel nacional, la tasa de homicidios va en aumento e igual sucede con el consumo de drogas entre jóvenes y menores de edad.

 

En la palestra ha quedado la inusitada decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de otorgar un amparo colectivo a un grupo de ciudadanos que busca abrir camino dese su trinchera hacia un paradigma en el combate a las drogas que no tiene nada qué ver, precisamente, con una guerra sin fin para acabar con un fenómeno que estaba más relacionado con asuntos de salud pública que con temas de inseguridad y seguridad nacional.

 

La decisión de la SCJN no ha alcanzado aún su verdadera dimensión. Sus consecuencias -positivas y negativas- se irán construyendo con base en un análisis real, profundo, multidisciplinario y abierto que, por el bien de todos, el gobierno de Peña Nieto (y los que le sucedan) deberán aceptar y aplicar.

 

En tanto, la cadena de enredos, responsabilidades, irresponsabilidades y culpas en la arena de la inseguridad pública podría dar un giro inesperado en el caso de la fuga de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, quien según mandos de inteligencia naval, no ha logrado salir de un corredor estrechamente vigilado de la sierra de Durango y sus límites con Sinaloa.

 

Mucho menos ha escapado del país, aseguran los mandos de la Marina. No está en Argentina ni en Chile, reiteran.

 

Si algo extraordinario no sucede en los próximos dos meses, Guzmán Loera pasará las fiestas de fin de año en alguna casucha entre Durango y Sinaloa, descorchando botellas y abriendo regalos en las frías montañas del Triángulo Dorado.

 

El problema es que Guzmán Loera es muy hogareño y difícilmente optará por quedarse en la sierra, en las montañas nevadas del sur de Durango para evitar ser detectado por un ejército de especialistas mexicanos, estadunidenses, colombianos y franceses que han armado cuatro equipos itinerantes para dar con la pista del capo de Sinaloa.

 

Tal es el escenario que desde hace unas semanas manejan los especialistas de la Armada de México y sus pares de Estados Unidos y Colombia.

 

La Marina revisa el perfil de Guzmán para armar una agenda que permita develar y anticipar sus movimientos con base no solo en las necesidades físicas y clínicas (está fracturado de la nariz y tiene una lesión seria en una pierna) del personaje; busca también adelantarse a comportamientos y costumbres que permitan establecer mecanismos de vigilancia física y electrónica  para recapturarlo.

 

Es algo parecido a lo que hace varios años aplicó la Sedena al final del sexenio de Vicente Fox, cuando el régimen panista comenzó a endurecer su postura y acciones frente al crimen organizado.

 

En uno de sus informes de labores, la Sedena reveló la compra de un software al que se le cargaban datos de líderes y operadores de cárteles del narcotráfico con los que se construían perfiles detallados que posibilitaron anticipar comportamientos y escenarios.

 

Así fue como cayeron varios jefes de algunos cárteles en aquellos años, mediante perfiladores y expedientes elaborados para predecir dos o tres escenarios posibles de desplazamiento y ubicación de los personajes investigados.

 

Ese recurso, y otros más, es retomado por la Marina y por asesores colombianos quienes en los años noventa detuvieron a importantes líderes del narco en su país, utilizando no un software, sino seguimientos detallados a partir de un escrupuloso análisis de las costumbres y recurrencias de los capos más buscados.

 

Hubo quienes fueron detenidos mientras le rezaban al santo de su devoción, como le ocurrió a Miguel Rodríguez Orejuela, El Ajedrecista, detenido una madrugada de julio de 1995 en el edificio Hacienda Buenos Aires, en el barrio Normandía, en Cali.

 

El capo del cártel de Cali fue capturado tras huir de un primer intento del Bloque de Búsqueda hecho en el departamento 402 del edificio Colinas de Santa Rita, también en Cali, en donde se ocultó por varias horas entre dos muros del lugar mientras el general Rosso José Serrano y su gente volteaban patas arriba el sitio para dar con él.

 

El Ajedrecista estaba escondido en un muro, con un tanque de oxígeno que le permitió resistir el cateo, en el que contó con la ayuda de un militar corrupto (el Teniente Efrén Buitrago) que guardó silencio cuando la broca con la que se taladraba el escondite alcanzó una pierna de Rodríguez Orejuela.

 

La broca salió ensangrentada. El teniente la ocultó y horas más tarde cubrió la salida del objetivo. Herido en una pierna, el capo se movió a otro departamento en donde, como cada noche, encendía una veladora y rezaba lo que tenía que rezar. Un informante del general Serrano le avisó que Orejuela estaba en el condominio de Normandía, que era el momento de detenerlo.

 

Serrano envió dos grupos de especiales. En la madrugada, cuando todas las luces del edificio estaban apagadas, la única luminosidad existente era la de la veladora que Orejuela acaba de encender. El Bloque de Búsqueda actuó rápido, sorprendiendo a los adormilados escoltas del Ajedrecista cuando éste había acabado de rezar y ya se ocultaba en uno de los muros falsos, herido en una pierna.

 

Así funciona hoy el tic tac de la Marina y de sus pares norteamericanos y colombianos, en espera de un error que en esta navidad haga bajar de las montañas al hombre más buscado de México.

 

@JorgeMedellin95