Opinión

Nada que celebrar

54 millones de mexicanas y mexicanos siguen en riesgo. | Agustín Castilla

  • 03/11/2021
  • Escuchar

El gobierno federal, así como la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México -que parece estar ya en plena campaña por la presidencia con dos años de anticipación-, han celebrado y difundido ampliamente el cumplimiento de la meta de vacunación para que todas las personas mayores de 18 años tengan al menos una dosis contra covid-19, en una narrativa triunfalista que transmite el mensaje de que estamos muy cerca de superar la pandemia lo que, como tantas veces, no corresponde a la realidad.

En términos generales los saldos de la pandemia con un estimado de alrededor de 600 mil defunciones si se toma en cuenta el exceso de mortalidad reportado por el INEGI durante 2020, así como el acumulado en lo que va de este año -que rebasa por mucho las 288 mil 733 registradas oficialmente- son catastróficos por lo que no hay nada que celebrar. Los errores, omisiones y grave irresponsabilidad en que ha incurrido este gobierno por ignorar la evidencia científica, la experiencia internacional y basarse en criterios meramente políticos han sido ampliamente documentados.

Si bien es cierto que en las últimas semanas se observa una disminución importante en los indicadores epidemiológicos, particularmente en hospitalizaciones y muertes en buena medida gracias a la vacunación, seguimos teniendo un promedio diario de 269 defunciones y 3 mil 588 contagios que no es cosa menor, y lamentablemente la posibilidad de una cuarta ola sigue latente sobre todo ante el alto número de personas que aún no cuentan con el esquema completo de vacunación, que recibieron vacunas cuya eficacia no está comprobada, o que de plano no han recibido siquiera la primera dosis.

Se calcula que actualmente aproximadamente 16 millones de adultos no se han vacunado y habrá que conocer las causas -ya sea por decisión propia, porque no han tenido acceso, y probablemente en un porcentaje menor no existe registro al haberse vacunado en otros países- pero lo cierto es que la meta no se ha cumplido, y 14 millones todavía no tienen el esquema completo por lo que alrededor de 30 millones de personas mayores de 18 años siguen en riesgo de contagio grave, hospitalización y muerte.

A ello hay que sumar 12 millones de adolescentes entre 12 y 17 años que no han sido considerados salvo en aquellos casos con comorbilidades o que obtuvieron un amparo, y un número similar de niñas y niños entre 5 y 11 años -aunque el ausente secretario de salud afirmó que no vacunaría a sus nietos ya que podría entorpecer el desarrollo de su sistema inmune probablemente en un intento por justificar la posición del presidente López Obrador, en Estados Unidos ya pueden ser vacunados al acreditarse la seguridad de la vacuna Pfizer-, es decir, son 54 millones de mexicanas y mexicanos sin ninguna vacuna o con esquema incompleto con el riesgo que esto significa por lo que de ninguna manera puede considerarse como una misión cumplida.

Lo más grave, es que al parecer la capacidad de rectificación de este gobierno es inexistente, y el panorama se puede complicar en el futuro próximo de seguir haciendo caso omiso a las recomendaciones emanadas de la ciencia tal y como lo señala el investigador de los Institutos Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, Gerardo Gamba, ya que además de la inexplicable resistencia a vacunar a adolescentes y a la población infantil, en la estrategia nacional de vacunación no se ha contemplado la aplicación del refuerzo para pacientes que tienen comprometido su sistema inmune, para personas mayores de 60 años que en muchos casos tienen más de seis meses que recibieron ambas dosis, así como para quienes fueron vacunadas con Sinovac y Cansino.

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.