A pesar de que la presencia de la sociedad civil organizada en nuestro país es aún limitada, sobre todo si tomamos en cuenta que con una población de 132 millones de habitantes apenas existen alrededor de 40 mil organizaciones privadas sin fines de lucro. Mientras que en Colombia, con la mitad de la población tiene más de 300 mil, o Chile que supera las 234 mil con tan sólo 18 millones de habitantes, su participación puede ser determinante en el contexto político actual en el que regresaron las mayorías absolutas y los contrapesos congresionales prácticamente desaparecen.

La apabullante victoria de la coalición "Juntos Haremos Historia" encabezada por Andrés Manuel López Obrador en las elecciones del pasado 1 de julio tanto a nivel federal como en la mayoría de las entidades -particularmente en lo que se refiere a las legislaturas locales-, le da un amplio margen para impulsar sus proyectos lo que en principio pudiera parecer como algo positivo, pero también implica que no requiere negociar y generar consensos con las demás fuerzas políticas que no formaron parte de la coalición ganadora, lo cuál no sucedía desde 1994.

Es así que el próximo gobierno contará con los votos necesarios para aprobar el presupuesto federal -y los presupuestos de un par de decenas de estados-, así como cualquier iniciativa de ley que presente. Incluso, para reformar la constitución le harían falta unos cuantos votos -alrededor de 26 en la Cámara de Diputados y 17 senadores- que podría conseguir con relativa facilidad. La etapa de los gobiernos divididos llegó a su fin y todo indica que estamos en vísperas de regresar a los tiempos del partido hegemónico.

Desde luego no se espera que el también llamado "Tercer Sector" asuma un papel opositor frente al gobierno ni mucho menos que sustituya a los partidos perdedores (PAN-PRI-PRD) que a pesar de encontrarse en una severa crisis, tendrán que recomponerse para cumplir con esta función o de lo contrario, se condenarán a la irrelevancia y probablemente surgirán con el tiempo nuevas opciones políticas que lo hagan, pero su participación será de vital importancia para colocar temas en la agenda pública y promover su discusión, proponer alternativas de solución, dar seguimiento, pedir cuentas, señalar incumplimientos, denunciar irregularidades y también dar acompañamiento en la implementación de políticas públicas.

La sociedad civil es plural y diversa

No cabe duda que a partir de su irrupción tras los sismos de 1985, las organizaciones sociales han ido cobrando cada vez mayor relevancia como lo demuestra recientemente su incidencia en la legislación en materia de transparencia o en la creación del Sistema Nacional Anticorrupción, en el descubrimiento de la "estafa maestra" o en la dura batalla que está dando para contar con una fiscalía que sirva, y en no pocas ocasiones su presencia resulta incómoda al poder político.

Sin embargo, no se le puede considerar como un ente monolítico que comparte la misma ideología, visión, intereses o agenda como bien lo señala María Elena Morera. La denominada sociedad civil es plural y diversa desde el punto de vista organizacional, ideológico, en cuanto a sus espacios de actuación, fuentes de financiamiento e incluso afinidades políticas, por lo que tampoco se le puede meter en un mismo saco y descalificar per se como lo ha hecho el Presidente electo. Por el contrario, independientemente de que se coincida o no con la postura de alguna organización, se debe reconocer que en términos generales sus aportes han sido sumamente valiosos para el país y hoy, quizá como nunca antes, necesitamos de mucho más sociedad civil.

¿Y el combate a la corrupción?

@agus_castilla  | @OpinionLSR | @lasillarota



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