Opinión

Monticello y la libertad

Una lección de contradicción para el mundo de hoy.

  • 28/03/2016
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Monticello es el lugar favorito donde gustaba pasar tiempo Thomas Jefferson. Es su casa. Situado a unas 100 millas al suroeste de la capital estadounidense (cerca de la ciudad de Charlottesville, en el Estado de Virginia), se encuentra el monte que alberga la propiedad de Jefferson que lleva este nombre: Monticello. En este lugar, Thomas Jefferson experimentó con diversas plantas y abonos para diferentes tipos de suelo. En dicho sitio soñaba con retirarse y es el lugar que lo vio crecer. Heredó cerca de 3,000 acres de tierra de su padre, y para cuando murió, ya tenía más de 5,000.

 

Jefferson fue el tercer presidente de los Estados Unidos y el autor intelectual de la estructura política que le da sustento hoy por hoy a la nación. Su mayor logro (y del que estaba más orgulloso) fue la Declaración de Independencia que escribió y redactó personalmente. Inclusive, pidió que esta leyenda estuviese inscrita en su tumba (cosa que efectivamente sucedió) y es considerado el ideólogo de los Estados Unidos.

 

Su visión de la libertad es única y concebía al hombre libre como una de las piezas clave para el progreso y el desarrollo de la humanidad; de allí la verdadera importancia de la libertad como pieza central del sistema político, ideológico y cultural de los Estados Unidos. Jefferson era además científico y arquitecto (cosa que aprendió solo). Thomas Jefferson es una figura fascinante.

 

Sin embargo, no todo es miel en la vida de Jefferson. Su visión de la libertad se contrapone duramente con los esclavos que poseía y que tuvo durante toda su vida. No eran pocos. Y no era un hombre que los tratase particularmente bien. Jefferson tuvo dos familias: la de su esposa y la de su amante, Sally Hemmings, una esclava con quien se dice procreó a varios hijos. Al final de su vida liberó a 5 de sus esclavos mediante su testamento, pero no a las familias de estos.

 

Cada cual tuvo que trabajar (una vez más, como esclavo) para liberar a su familia, cosa que raramente sucedió. Como embajador en Francia, Jefferson le dijo a Lafayette que la esclavitud era un mal de su época. Tiempo después ya en América, este le preguntó por qué la incongruencia de seguir teniendo esclavos. Jefferson respondió que tenía la esperanza que en el futuro, los esclavos serían libres; pero eso no le correspondería a él, sino a otra generación.

 

Como podemos ver, Thomas Jefferson fue un hombre de luces y sombras. Como todos, tuvo cosas buenas y otras no tan buenas. El contraste entre la idea de libertad y su propia incongruencia personal en la esclavitud es contrastante. ¿Cómo puede un hombre pensar tan grandiosamente en términos de libertad para una nación, pero no para su servidumbre? ¿Es válida la idea aunque no haya sido sostenida por su creador en su vida privada? Creo que sí. Hay gente buena, y actos buenos. No necesariamente coinciden siempre.

 

Y hoy en día esto no es muy diferente de lo que vemos en la realidad política de los Estados Unidos. Hay ideas buenas y hay gente buena. Y a veces no son llevadas coincidentemente por los mismos portadores. Los hay también aquellos que tienen malas ideas y son malas personas, pero en general, las ideas buenas y las personas buenas también tienen sombras. No todo siempre es positivo y la lucha por el desarrollo del ser humano debería ser una constante en la realidad política y social de nuestro mundo. Así como Jefferson fue un hombre controvertido, así también hoy en día hay muchos políticos que proponen cosas que no hacen en realidad. Y peor aún, en muchos aspectos, una parte de los Estados Unidos -como país- enfrenta estas paradojas: El país de la libertad quiere cerrar la puerta a los migrantes.

 

El país de la inclusión no quiere que los que piensan diferente tengan cabida. Y así la lección continúa. Lo que está en riesgo es que el país que predica la libertad, comience a tener actitudes que sean cada vez menos libres. El riesgo del autoritarismo y la imposición, pues. Queda tener esperanza, como Jefferson la tuvo, de pensar que en el futuro las cosas sean mejores; pero a diferencia de él, también está la responsabilidad de poner manos a la obra. A diferencia de Jefferson, somos una generación a la que sí corresponde pelear sus derechos.

 

@fedeling

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