Opinión

Momentos críticos en Colombia

El gobierno colombiano y el Comité del Paro estarán frente a frente para dialogar sobre las posibles soluciones para contener y encauzar las protestas. | Alicia Fuentes

  • 10/05/2021
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Una reforma tributaria propuesta por el gobierno del presidente de Colombia, Iván Duque, en abril pasado, fue el detonante de la escalada de violencia durante las últimas semanas en el país sudamericano, pero en realidad, detrás de las manifestaciones se encuentran un cúmulo de insatisfacciones sociales que no han sido atendidas oportunamente.

En principio, la reforma tributaria tenía el propósito de llenar un déficit presupuestal superior al 7% del PIB, derivado en mucho de las políticas gubernamentales de mitigación de la pandemia de covid-19, pero que pretendía ampliar la base de contribuyentes para incorporar a los de menos ingresos en una sociedad desigual y empobrecida por los efectos económicos de la enfermedad

La crisis sanitaria de covid-19 sosegó las protestas que los colombianos iniciaron en noviembre de 2019 por las grandes desigualdades sociales, la violencia política y la inseguridad de todo tipo que se observan en el país. Pero a diferencia de 2019, hoy el descontento social se manifiesta no sólo en las ciudades más grandes, sino también en las zonas rurales y pequeñas ciudades colombianas.

Ahora que Colombia padece la tercera ola de contagios, que ha llegado al límite en su capacidad de hospitalizaciones y que se sabe que la pandemia ha empujado a tres y medio millón más de personas a la pobreza, aunado al rumor de que la vacuna contra el covid-19 se dejará a manos de la iniciativa privada, los colombianos demandan a su gobierno, nuevamente, satisfacer sus necesidades más básicas, y para la mayoría, éstas abarcan el gran espectro de la seguridad humana: seguridad económica, alimentaria, de salud, ambiental, personal, comunitaria y política. 

Así, se llegó a la crisis que Colombia vive hoy; por un lado el vandalismo en contra de infraestructura pública y saqueos a establecimientos comerciales por parte de manifestantes, por el otro lado; mientras que con una mano tendida en busca de consenso el gobierno de Duque retiró la propuesta de reforma tributaria, con la otra, mano dura, ordenó el despliegue militar para controlar las revueltas en conjunto con la policía. El resultado no podía ser uno distinto a una furia popular avivada por la violencia policial ejercida contra algunos de los manifestantes aludiendo que entre éstos hay facciones de las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y de bandas urbanas. 

El saldo hasta ahora del total de las 1931 concentraciones, 797 marchas, 1071 bloqueos y 237 movilizaciones en territorio colombiano ha dejado a 826 policías heridos y uno muerto y a 379 civiles desaparecidos. En tanto, la Defensoría del Pueblo ha instalado 60 corredores humanitarios en los puntos más críticos del territorio de Colombia (Cali, Bogotá, Cundinamarca, Meta, Huila, Bucaramanga, Cúcuta y Boyacá) para permitir el paso a las comunidades, personal médico y heridos, así como el transporte de oxígeno, vacunas, alimentos, medicinas y combustibles.

Lamentablemente, nada parece funcionar para apaciguar el descontento social que se arrastra desde hace años. Por el contrario, la crisis escala y nuevos actores se suman a ella cada día, especialmente en el municipio de Cali y en algunas zonas del departamento del Chocó, uno de los más marginados de Colombia. Los indígenas del departamento del Cauca no se han quedado atrás y han emprendido una marcha hacia Cali para unirse a las manifestaciones.

Esta semana, el gobierno colombiano y el Comité del Paro estarán frente a frente para dialogar sobre las posibles soluciones para contener y encauzar las protestas, y evitar que el conflicto continúe escalando. Ante este difícil escenario que por momentos parece sin solución, hay un halo de esperanza. Los colombianos han desarrollado una gran resiliencia como ningún otro país. Se han recuperado de los momentos más difíciles de la violencia de la guerrilla y el narcotráfico. La crisis actual en Colombia es producto de conflictos que estaban latentes y de valores y necesidades no satisfechas históricamente, y seguramente encontrarán la forma de conciliar sus diferencias, aunque sea de manera momentánea.

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