Opinión

Misión cumplida… turbia, incompleta

El actor y la actriz y los hijos de El Chapo, superaron de ida y vuelta los retenes militares sin ningún problema. ¿Cómo fue esto posible?

  • 12/01/2016
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La sonrisa del secretario de Gobernación y el himno nacional interpretado como si de celebrar una guerra ganada a bayoneta calada se tratara, festejando el twitt presidencial y el anuncio de la recaptura de Joaquín Guzmán Loera.

 

El séquito de funcionarios federales detrás de Peña Nieto, camino a una efímera gloria alcanzada tras los errores cometidos por el capo del cartel de Sinaloa; los brazos abiertos del presidente en espera del aplauso (ahora sí) y la frase que llega a la cima viral y luego comienza su inevitable caída: Misión cumplida.

 

¿De veras?

 

Luego, la avalancha de reacciones mediáticas, de comentarios y parabienes por la nueva y definitiva aprehensión de Guzmán Loera, hasta que la verdad comienza a salir a la luz y los detalles de la Operación Cisne Negro de la Marina para detenerlo se destiñen, pierden consistencia.

 

Rolling Stone, Sean Penn, Kate del Castillo a escena y con ellos el tufo de un nuevo montaje -esta vez binacional- que esconde la realidad de lo que el viernes por la tarde fue cómoda verdad oficial y desde el sábado es un turbio encadenamiento de hechos que van revelando otros dramas.

 

No se trata sólo del involucramiento de Rolling Stone, de Sean Penn y Kate del Castillo en una operación policiaco-militar dentro y fuera de México para recapturar al capo del cartel de Sinaloa; se trata de un juego de sombras y espejos que envuelve a la DEA, al US Marshal Service, al FBI a la PGR, a la Marina y al CISEN en una dinámica de permisividad, ocultamiento y verdades sospechosas que aun así dejan escapar luces de escándalo y decenas de preguntas sin respuesta.

 

¿Fueron Sean Penn, Kate del Castillo y la revista Rolling Stone protagonistas a modo de una afortunada dinámica de persecución por la megalomanía de Guzmán Loera o se les infiltró para lograr una captura aterciopelada?

 

DEA, FBI, PGR, Marina y CISEN, sabedores de las debilidades de El Chapo por las mujeres y de la amistad de Kate del Castillo con el capo habrían propiciado la serie de encuentros para dar con el narcotraficante.

 

Esta parte de la historia que se quiere sembrar en los medios presenta inconsistencias, reveladas paradójicamente, por la propia entrevista y lo escrito por Sean Penn.

 

De ser cierta no dejaría espacio para que las autoridades involucradas no hubieran detenido a Guzmán Loera desde octubre de 2015, porque sus entrevistadores y él mismo revelan que se movía con holgura en la sierra, en sus dominios, protegido por propios y extraños.

 

Sean Penn escribe que él y Kate viajaban en dos vehículos en los que iban Alonzo y Alfredo, dos de los hijos de El Chapo. Dice que en algún punto de la sierra soldados del Ejército Mexicano los detuvieron para una revisión, pero que al acercarse, uno de los hijos de El Chapo dejó ver su rostro a los militares.

 

Penn plasma el momento con una frase a la que ninguna autoridad en México o en los Estados Unidos ha hecho referencia alguna: “Alfredo baja la ventanilla, los soldados retroceden, aparentemente avergonzados. ¡Wow! Así que este es el poder de la cara de un Guzmán”.

 

El actor y la actriz y los hijos de El Chapo, superaron de ida y vuelta los retenes militares sin ningún problema. ¿Cómo fue esto posible?

 

Sin dejar de ser importante, el tema del involucramiento de Sean Penn y Kate del Castillo en la entrevista y recaptura de Guzmán se queda en éter del escándalo que alimentará más el mito en torno a El Chapo y reforzará esa parte de la versión oficial que el gobierno quiere y necesita sembrar en la opinión pública con urgencia.

 

La savia del asunto está en el entorno que posibilitó tales encuentros en el rancho de Guzmán Loera.

 

En el aparato de seguridad que garantizó los desplazamientos de estos personajes.

 

En la forma y los fines con los que las autoridades norteamericanas –las primeras en conocer el exitoso encuentro Penn-Guzmán-Del Castillo– manejaron los datos obtenidos en octubre de 2015 sobre la localización, tiempos de traslado y seguridad perimetral visible del capo.

 

Si los encuentros entre los actores y El Chapo permitieron, de acuerdo con las versiones oficiales, ir estableciendo patrones, movimientos y ubicación del personaje, todo lo hecho y registrado por Penn y Kate resultaría creíble y cierto para todas las partes.

 

Entonces: ¿Cómo es que llegaron hasta él?

 

¿Cuál es la postura de la Sedena, de la Presidencia de la República, de la PGR, del CISEN sobre este punto?

 

¿Denuncia anónima o seguimiento de inteligencia desde julio de 2015?

 

¿Intercepciones telefónicas o golpe de suerte en Los Mochis?

 

¿Entrevista inédita o infiltración dirigida?

 

La Operación Cisne Negro instrumentada por la Marina, fue la parte fina y coordinada con la DEA y el FBI para detener a Guzmán Loera, porque las cartas credenciales del Ejército en Sinaloa eran menos que impresentables para semejante empresa.

 

Hoy, la Marina dice no tener la menor idea del affaire Rolling Stone, del involucramiento de Penn y Kate, de la entrevista, de los encuentros y de la inteligencia desplegada para construir, desde esa vertiente, la red que atrapó a El Chapo.

 

Misión turbia, incompleta, por lo menos.

 

@JorgeMedellin95

 

 

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