¿Miente el presidente?

Inédito. El presidente Andrés Manuel López Obrador firmó su compromiso de no reelegirse y aseguró que los seis años de su gobierno le alcanzarán “para consumar, entre todos y de manera pacífica, la Cuarta Transformación de la vida pública del país".

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Sin embargo, algunos personajes se mantienen incrédulos. “Miente”, le dicen. La razón principal del argumento está en la consulta que hará a la ciudadanía sobre la revocación o no de su mandato, en forma simultánea, con las elecciones federales de 2021. Su aparición en la boleta lo pondrá, aseguran, en el centro de la participación propagandística de la contienda, situación que será la base para buscar la reelección tres años después.

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¿A quién le creemos? Ojalá existiera una bola mágica que pudiera advertirnos del futuro de nuestro país. Pero como eso es imposible, no tenemos una mejor opción que darle al presidente el beneficio de la duda. Y esperar a ver los resultados de lo que será su Plan Nacional de Desarrollo.

Cierto. Todos mentimos. Pero tal parece que a los políticos se les ha entrenado para engañar. Henry Kissinger, ex secretario de Estado durante los gobiernos de Richard Nixon y Gerald Ford, opinaba que “el estadista tiene una moral diferente a la del ciudadano”. Como buen político que era, así lo demostró en los hechos y defendió el argumento en su libro Diplomacy, publicado en 1994.

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Aunque no se justifica que los políticos tengan principios éticos diferentes a los de los ciudadanos, la realidad confirma que la verdad no siempre se puede decir cuando se lucha por el poder.

Sin embargo, hay límites. Unos los ponen las leyes. Otros, quedan establecidos en los principios y valores que cada uno se impone. Aunque está demostrado que la mentira es uno de los mecanismos de defensa y supervivencia más importantes del ser humano, la molestia que nos genera el engaño puede convertirse en una situación inadmisible, indigna o insoportable.

Aún más. ¿Quién no ha llegado al extremo de engañarse a sí mismo? Mentir es algo natural. Por tal razón, en la Declaración Universal de las Responsabilidades Humanas se reconoce “el derecho a la intimidad y a la confidencialidad personal y profesional”, por lo que “nadie está obligado a decir toda la verdad a todos y todo el tiempo".

En el artículo referido quedan excluidos los políticos: "Nadie, por importante o poderoso que sea, debe mentir". Pero eso es imposible. Todos lo sabemos, lo reconocemos y casi siempre lo aceptamos. Más en las campañas electorales, en las que nos hemos acostumbrado a que nos mientan todos los días.

Táctica de comunicación política

¿Por qué, entonces, deberíamos estar preocupados por una probable reelección del presidente López Obrador, cuando él está haciendo su mayor esfuerzo por cumplir la mayor parte de los compromisos que asumió durante su campaña?

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A las razones que nos han dado algunos de sus opositores, tendrían que sumarse dos factores: uno histórico y otro práctico. En cuanto al primero, han sido varios los personajes que se han comprometido a lo mismo y ya, desde el poder, cambiaron de opinión. Frente a la dificultad que hoy tienen de mantenerse en el cargo por medio de la violencia o el fraude electoral, no tienen otra opción que presentarse ante la ciudadanía como demócratas.

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En el terreno práctico, el presidente López Obrador se mantiene firme en su decisión de hacer algo bueno que parece malo. Aún cuando sea cierto que no se quiere reelegir, ¿por qué se aferra a esta acción sabiendo que podría afectar la equidad de la contienda? Y más: ¿Por qué no trata de encontrar otra fórmula legal para acabar de tajo con las sospechas?

Yo no miento”, ha dicho el presidente en forma reiterada.

Para demostrarlo, plasmó su firma en una carta, como si en verdad fuera necesario. Con seguridad, él está consciente del alto costo que tendría echarse para atrás. También sabe que las leyes e instituciones de nuestro sistema político le impedirían lograr tal despropósito. Por lo tanto, se puede pensar que —detrás de sus palabras y acciones— tal vez solo exista una táctica de comunicación política dirigida a sus adversarios. El objetivo es seguir dominando la agenda pública y, por qué no, “engañarnos con la verdad”.

¿Cierto?

Lee la opinión de un experto: Guy Durandin. La mentira en la propaganda política y la publicidad, Editorial Paidós.

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