Opinión

¿Midiendo fuerzas?

Por: José Antonio Sosa Plata.

  • 07/07/2016
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El diálogo entre el Gobierno de la República y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (#CNTE) aún no da los resultados esperados. Ante la gran dificultad de llegar a acuerdos concretos en los temas sustantivos, los líderes magisteriales incrementaron las tácticas de presión para tratar de doblegar a sus interlocutores.

 

El conflicto va para largo.

 

La voluntad manifiesta de ambas partes para regresar a la mesa de negociación el próximo 11 de julio, no augura resultados rápidos. Tampoco el fin de las movilizaciones y bloqueos, que afectan principalmente a Oaxaca, Chiapas y la CDMX.

 

En principio hubo intercambio de documentos.

 

Las propuestas de solución que cada uno planteó serán revisadas en los próximos días con el fin de encontrar "las coincidencias que permitan normalizar la situación a la brevedad”.

 

El objetivo es que prevalezca la gobernabilidad.

 

Sin embargo, en los hechos la tensión crece por las marchas y bloqueos que se realizan en la capital del país, lo que se puede interpretar como un nuevo desafío contra el Poder Ejecutivo.

 

El riesgo de violencia vuelve a estar presente.

 

La tragedia de #Nochixtlán no fue suficiente para moderar las posiciones, pues cuando parece que hay avances, la negociación se atora en el tema de la #ReformaEducativa pues la CNTE solo quiere su total derogación.

 

En los hechos, ninguno está dispuesto a ceder.

 

Las razones que tienen unos y otros para mantenerse inflexibles pueden estar justificadas, pero deben demostrarlas. Mientras la simulación o la cerrazón subsistan, seguirán los daños colaterales para la ciudadanía y, sobre todo, para los alumnos.

 

La apuesta consiste en desgastar al adversario.

 

Sin embargo, la fórmula es doblemente peligrosa. Por un lado, porque si la autoridad opta por aplicar todo el peso de la ley puede desatar más violencia y ser percibido —por un alto porcentaje de la ciudadanía— como un gobierno represor. Por el otro, porque sería muy alto el costo político y de imagen si dieran marcha atrás a la #ReformaEducativa.

 

El panorama, en consecuencia, es poco alentador.

 

Si bien una amplia mayoría de la población desaprueba las acciones de la #CNTE, ha llamado la atención el incremento de personas que simpatizan o respaldan al movimiento.

 

En la batalla de las percepciones, hay un giro significativo.

 

La batalla que se libra en el espacio de la #ComunicaciónPolítica no arroja todavía los resultados que debería. Por lo tanto, la #Estrategia tiene que ser revisada y adaptarse a los nuevos escenarios que se vislumbran.

 

En cualquier sociedad, el conflicto es natural.

 

Incluso, es necesario para progresar. Pero hay que impedir que la violencia termine por imponerse y llegar a una verdadera situación de crisis. La obligación del Estado para mantener la gobernabilidad y tranquilidad es incuestionable. Lo que resulta difícil de aceptar es que la agresión de unos termine acorralando al gobierno y se generen retrocesos para toda la sociedad.

 

El apoyo de la mayoría de la gente es indispensable.

 

Para mantenerlo, hay que convencerla. En consecuencia, se requieren adecuaciones en la estrategia política y narrativas más convincentes, sobre todo cuandoel conflicto se ha cruzado con la lucha por la sucesión presidencial.

 

Los frentes abiertos son demasiados.

 

En cada uno de ellos se están midiendo fuerzas y complicando, por lo tanto, las posibles vías de solución. Desde una perspectiva racional, lo que más conviene es enfocarse en la confrontación, sí, pero de argumentos sólidos, ideas claras y evidencias que demuestren en forma contundente quién tiene la razón.

 

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