Opinión

Michoacán y la guerra de Calderón

Desde Calderón a López Obrador, el narco sigue siendo el rey. | Jorge Ramos Pérez

  • 12/08/2019
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El 17 de noviembre de 2006 un grupo de reos tomó rehenes en el penal de Mil Cumbres, en Michoacán. Un grupo de 10 abogados de oficio estaban en manos de al menos cuatro delincuentes presos por secuestro y homicidio. Exigían un vehículo abastecido de gasolina, nada de operativos policiacos ni periodistas. Se llevarían a los rehenes con la promesa de que después los liberarían.

Carlos Abascal Carranza, entonces secretario de Gobernación de Vicente Fox, lucía apesadumbrado. Hombre de fe religiosa se sinceró ante un grupo de reporteros. "Nos exigen ciertas condiciones o de lo contrario comenzarán a matar a los rehenes. No podemos aceptar, eso significaría entregar al Estado", decía el hombre en los momentos cruciales de la negociación.

Después de 27 horas de negociación, las fuerzas federales ingresaron violentamente al penal. Murieron tres rehenes y uno de los delincuentes.

La tarde de ese viernes Felipe Calderón comía despreocupadamente en Casa de Gobierno con su amigo, el entonces gobernador Lázaro Cárdenas Batel. Aunque faltaba la toma de protesta en la Cámara de Diputados, las protestas callejeras de Andrés Manuel López Obrador habían reducido de intensidad.

Calderón y el hoy coordinador de asesores del presidente López Obrador estaban en el postre cuando se enteraron que un grupo de reos mantenía como rehenes a una decena de personas el penal. "Las cosas en Michoacán están muy graves", confió Cárdenas a Calderón. "Es tu tierra, el narco está cada vez peor", alertó el entonces perredista al entonces panista.

Un par de meses antes, la madrugada del 6 de septiembre de 2006 unos 20 hombres armados ingresaron al bar Sol y sombra, en Uruapan, y en plena pista, con la música a todo volumen, arrojaron cinco cabezas. La situación era insostenible.

Pasado el trago amargo de la toma de posesión del 1 de diciembre de 2006, y ya en Los Pinos, Felipe Calderón lo primero que hizo fue enviar al Ejército a Michoacán. La historia de los siguientes seis años fue de violencia atroz, no sólo en esa entidad, sino en gran parte del territorio nacional. Miles de muertos. Calderón siempre dijo que nunca declaró la guerra al narco y que tampoco definió así a su estrategia. Que fue de guerra y fallida.

La madrugada del pasado jueves 8 de agosto un grupo de narcos asesinó y regó 19 cadáveres de sus adversarios en las calles de Uruapan, Michoacán. Algunos fueron colgados.

El presidente López Obrador ha dicho que no caerá en provocaciones. Es un desafío, "pero no vamos a caer en la trampa de declarar la guerra como lo hicieron en otros tiempos", dijo.

Desde Calderón a López Obrador, el narco sigue siendo el rey.

Punto y aparte. Carlos Urzúa dio poderes a Raquel Buenrostro como oficial mayor de Hacienda para nombrar a los funcionarios clave en el manejo de recursos de todo el gobierno federal. Se fue chillando que no lo dejaban hacer nada, vaya, ni el Plan Nacional de Desarrollo. Ahora sabemos que su sucesor, Arturo Herrera, quitó esos poderes a Buenrostro. Pero ella le dejó sembrados 310 altos funcionarios. Según dicen en el entorno oficial, la decisión de Herrera busca destrabar el gasto público. Ya veremos.

Punto final. Sin sorpresa. El PRI "eligió" a Alejandro Moreno, A(m)lito como su presidente. Pero lo hizo con las mismas viejas prácticas. Sin embargo, llega con todo el respaldo del presidente Andrés Manuel López Obrador. Una estrella más en el firmamento moreno.