Opinión

Mi muy querido Bebuki

En esta carta te quiero platicar un poco de tu papá. Espero que no te moleste que la haya hecho pública... | Alejandro Basave

  • 20/04/2018
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Te escribo esta carta con lágrimas en los ojos y el corazón molido. Y es que hoy me despedí de tu papá quien –después de una muy larga y estoica pelea contra el cáncer– nos dejó a eso de las 4pm. Es difícil entenderlo y más complicado aún poder asimilarlo. Por muchos años tu papá le puso varias chingas a la enfermedad a pesar de que la muy resbaladiza renacía en nuevas partes de su cuerpo. Y ahora, en esta última ocasión, la muy cabrona por fin se la cobró.


Imagino que leerás esta carta en varios años más…


Hoy apenas eres un bebé de menos de seis meses y te decimos cariñosamente “Bebuki”. Tu apodo nació porque a tu papá le decíamos “Buki” (como supondrás por el apellido Buchanan), y eso te hizo heredar el “Bebuki” (uno nunca escoge sus apodos, lo siento). 

En esta carta te quiero platicar un poco de tu papá. Espero que no te moleste que la haya hecho pública, pero quiero que más personas sepan qué clase de hombre fue tu padre. Creo que el mejor homenaje que se le puede hacer a alguien que movió tantos corazones en tan poco tiempo (y sin ser celebridad ni personaje público), es que muchos conozcan de él y de su ejemplo de vida.

Déjame empezar con cómo lo conocí


Fue hace como 9 años. Yo estaba con tus tíos Chuy, Sergio y Coque en un restaurante viendo un juego de mis Rayados de Monterrey y tu papá llegó tarde. Se acercó a la mesa por atrás de mí y, confundiéndome con tu tío Roy, me tapó los ojos y me dijo algo así como “hola, hermoso”. Le devolví el piropo, todos se rieron, nos presentaron y él no habló como por treinta minutos de la pena que lo envolvía.


Al poco tiempo de eso, el mismo grupo de amigos viajamos a San Luis Potosí y a Real de Catorce. Allí tuve la dicha de platicar largo y tendido con él. Allí también me cayó el veinte de que tu papá era medio ermitaño y no se abría fácilmente a nuevas amistades, pero que una vez que consideraba a alguien su amigo, iba a ir a la guerra por él. En ese viaje nació mi amistad con tu padre.

Quizá para cuando leas esto ya sabrás que una práctica común cuando alguien muere es que propios y extraños se desvivan en elogios hacia el difunto. Muchos de ellos falsos, otros tantos forzados y algunos simplemente enunciados para interrumpir los ensordecedores silencios que hay en velorios y funerales. A pesar de ello y con toda franqueza, te puedo decir que tu papá era la bonhomía y la bondad encarnadas. Un tipo inherentemente bueno, de esos que lamentablemente escasean en el mundo. Su página de Facebook era un buen espejo de la nobleza que lo caracterizaba. Estaba plagado de publicidad de los negocios de sus amigos y familiares. Tu papá era un embajador honorario de mi despacho y plataforma virtual en cualquier foro que se parara, un ávido lector y comentador de mis artículos (solo por eso ya merece un Nobel) y un calendario humano que siempre recordaba mi cumpleaños, mi aniversario de bodas y el cumpleaños de tu prima Camila.

Ahora, tampoco creas que tu papá era impoluto. Le iba a las Chivas y al Barcelona (al último por tu mamá aunque le diera pena admitirlo). Además, era necio y cuadrado como la fregada (por eso estudió ingeniería seguramente). Pero hasta su terquedad tenía un raro encanto. Quizá por eso, otro de sus apodos era “el ingeniero favorito” o “el ingefav” en corto.


A tu papá le fascinaba el tenis y su tenista preferido era Rafael Nadal (a quien tuvo la dicha de conocer en un viaje a Cozumel). Tenía un pésimo gusto en películas y series. Era un tipo recto, introspectivo y tenía una autenticidad que relucía a millas de distancia. Un ejemplo de ella es que cuando el tratamiento para el cáncer le pintó algunos mechones de pelo y la barba blancos, así se los dejó. Como haciendo un statement al mundo de seguridad y valemadrismo que yo no puedo dejar de admirar.

Siguiéndole al tema de los deportes, tu papá jugaba de defensa central (y aquí entre nos), le gustaba dejar la pierna de más y era medio leñero. Además corría triatlones y disfrutaba mucho de salir a rodar en la bicicleta. ¿Puedes imaginarlo? Un día luchando con sus quimioterapias y al otro día participando en Ironmans.Tu padre siempre puso por encima de todo a sus seres queridos. Nunca faltaba a los compromisos a los que a todos en algún momento nos da flojera ir. Y aunque era nuestra máquina de risas y alegría, no le sacaba la vuelta a regañarnos si alguno de nosotros se había equivocado. Le decíamos que era un mini señor porque en los viajes de amigos, mientras todos seguíamos dormidos, él ya se había levantado, bañado, lavado los dientes, leído las noticias y ya tenía una taza de café en mano.

Es importante que sepas que tu padre disfrutó al máximo la vida sin descuidar por un momento tu futuro. No me preguntes cómo, pero antes de dejarnos pagó la hipoteca de tu casa. Desde que supo que llegabas, su mayor motivación fue tu bienestar. Pasaba horas enteras investigando todo lo relacionado al mundo de las carriolas, los biberones y demás necesidades de un niño recién nacido. Y es que de todas las cosas que amaba, su verdadera kriptonita siempre fueron tu mamá y tú. Ustedes realmente lo volvían loco de felicidad. Gozaba el vestirte de Batman o personajes de Dragon Ball para poder presumirnos el photoshoot.


No quiero convertir esta carta en un manuscrito perenne así que iré terminando.

Tu papá fue el tipo más fuerte que he conocido


Déjame platicarte qué pasó cuando fui a verlo al hospital hace unos días. Yo llegué valiente, echado para adelante y con la firme intención de transmitirle seguridad y fuerza. No obstante, en camino a su habitación, lentamente se me fueron escurriendo las agallas con las que llegué. Cuando entré, era ya un manojo de nervios y tu papá se dio cuenta de eso. Lloramos y antes de que yo pudiera enunciar algo, él me dio ánimos a mí. De no creerse, ¿no? Me agarró la pierna con la fuerza que le quedaba y me dijo que no me preocupara, que él estaba tranquilo porque sabía que si le pasaba algo, sus seres queridos íbamos a cuidar a tu mamá y a ti por siempre. 


Ese fue tu padre…


Un superhéroe al que yo siempre presumiré que tuve el privilegio no solo de conocer, sino de poderlo llamar mi amigo. Cuando me despedí de él le prometí que no solo estaríamos al pendiente de tu mamá y de ti, sino que haría mi misión que lo conocieras. Considera esta carta mi primer esfuerzo y perdona si está muy cursi. Prometo que mejoraré.

Mi Bebuki querido, tu papá llenó la vida de muchas personas. Dios tendrá sus planes y, ah qué pinche difícil es entenderlos a veces. Sin embargo, nunca olvides el gran legado que te dejó. Es cierto que no podrá enseñarte a amarrarte las cintas, a lidiar con los desamores, a rasurarte ni a tantas otras cosas que le hubiera encantado explicarte. Pero el conjunto de las enseñanzas que te dejó regados con su ejemplo de vida, pueden valer mucho más si tan solo prestas atención a ellas.


Termino esta carta con un mensaje importante. Tu papá entendió rápido lo que muchos nos pasamos todas nuestras vidas tratando de entender; la belleza de la vida radica en su fragilidad y hay que aprovechar cada segundo de ella. Tu papá también entendió que las luchas forjan nuestro carácter y que nunca será opción rendirse. Y finalmente, tu papá entendió a la perfección que (como dice el personaje del zorro en el Principito): “solo con el corazón se puede ver correctamente, lo realmente esencial siempre será invisible a los ojos”.

Hoy, en honor a tu padre plantamos en mi casa un árbol de Magnolia. Espero pronto puedas visitarlo. Dale un beso a tu mamá por mí. Los quiero mucho.

PD: Cuando le platiqué a tu tío Luis de esta carta, se ofreció a hacer esta bella ilustración de una foto que tenemos de ustedes dos. Espero te guste.

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@alejandrobasave | @OpinionLSR | @lasillarota



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