Opinión

México gravitando en la órbita del capital extranjero

El capital extranjero en realidad, y en términos generales, parece sentirse de momento relativamente cómodo en el país. | Paris Padilla*

  • 27/03/2021
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Mientras en el mundo entero la pandemia de covid-19 continúa avanzando en el primer semestre del 2021, siguen apareciendo estimaciones de cómo las economías han sido afectadas por los confinamientos, así como predicciones diversas y fluctuantes para la segunda mitad del año. El informe de la CEPAL, publicado en diciembre de 2020, sobre la inversión extranjera directa en América Latina, por ejemplo, muestra una gran caída en toda la región y México aparece con una reducción de 6% en los flujos de capital al tercer trimestre de ese año, cifra lamentable, aunque mucho menor que las que presentan países como Perú, Colombia, Brasil y Chile, y que, incluso actualizada por la Secretaría de Economía, resulta bastante alejada del promedio mundial de 42% que reporta el más reciente World Investment Report de la UNCTAD para el cierre del año.

Ante estos cambios en las dinámicas mundiales ¿Qué postura tiene México actualmente para con la IED? Y ¿Qué tanto el gobierno que llegó al poder en el 2018 ha sido un factor que ha alterado los flujos externos de capital al país?

Primero que nada, hay que señalar que a lo largo de la historia de México la Inversión Extranjera Directa ha sido no solamente una variable más en la economía, sino también un elemento inmiscuido en las ideologías políticas. La expropiación petrolera sentó un precedente, al menos en el discurso, sobre las empresas extranjeras y sus conductas extractivistas que permaneció por muchos años. En la década de los setenta Luis Echeverría se montó en la ola nacionalista e impulsó la Ley para Regular la Inversión Extranjera. De igual manera, pero más bien en un sentido opuesto, la posterior influencia de la política neoliberal condujo a una progresiva liberalización de la IED que se pudo cristalizar con la promulgación de la Ley de Inversión Extranjera de 1993.

El actual gobierno no ha tomado una postura en contra este tipo de flujos, toda vez que no existe algún proyecto de regulación para con esta inversión o un discurso claro de confrontación. Existe, sin embargo, el señalamiento por parte de algunos de que acciones o iniciativas presidenciales vendrían a afectarla. Por ejemplo, para ciertos analistas los indicadores macroeconómicos que se han mostrado a la baja desde finales de 2018 son las consecuencias directas de la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, y, más recientemente, la iniciativa de reforma a la Ley de la Industria Eléctrica ha sido esgrimida como otro posible precipicio para la inversión. Pero, si bien la cancelación del aeropuerto es un suceso que sigue siendo controversial y la reforma eléctrica todavía tiene que probar las predicciones fatalistas, adjudicarles un terremoto en la economía entera suena en ocasiones a reduccionismo o a muletilla política en ciertos casos. 

El capital extranjero en realidad, y en términos generales, parece sentirse de momento relativamente cómodo en el país. De 2018 a 2019, la captación había crecido 4.2%, pasando de 31 mil 600 a 32 mil 900 millones de dólares. El rubro más importante sigue siendo las manufacturas, con más del 40%, seguido por los servicios financieros y seguros, con 23.%. En el contexto latinoamericano no se ve a México como un país que haya adquirido una mala imagen para el capital extranjero en los últimos dos años, como sí parece ser el caso de Argentina, Bolivia y Ecuador. Consultoras como Marsh y su Mapa de Riesgo Político nos continúan situando en una posición mediana entre los países de América Latina; y en el Índice de Oportunidades Globales del Instituto Milken solo están arriba de nosotros con ligera ventaja Chile, Uruguay y Costa Rica. No se trata de ser conformistas, ni de tratar de ver el vaso medio lleno, más bien de poner en una dimensión más justa a México para no caer en malas o exageradas comparaciones.

A esto cabe agregar que si bien desde la Ley de 1993 el marco jurídico mexicano de la IED se vino liberalizando hasta pasar por las reformas del llamado Pacto por México, continuamos siendo uno de los países con mayores restricciones dentro del panorama Cepalino para este tipo de inversión. Esto sugiere que la captación de IED en México se debe ver más en relación con las oportunidades de negocio de las empresas, el acceso a recursos naturales, el tamaño de los mercados y la búsqueda de activos estratégicos, que en función de retóricas y decisiones internas y regulaciones indirectas.

Finalmente, también hay que tener en cuenta que los enfoques sobre esta variable no han estado exentos de cambio de paradigmas. En los sesenta y setenta hubo grandes llamados desde la academia para regular la IED. Se publicaron libros como el famoso “México en la Órbita Imperial”, que abordaba el peso que iba cobrando el capital foráneo en México, pero quizás más importante fue el auge de la llamada Teoría de la Dependencia que se insertó en los manuales de economía y tuvo bastante éxito en la región latinoamericana. La llamada Escuela de la Dependencia, que a la fecha persiste con diferentes ramificaciones, contribuyó a explicar el subdesarrollo y alimentó reformas en varios países. Sin embargo, hacia finales de los ochenta, como ocurre con todas las oleadas teóricas, comenzó a enfrentar cuestionamientos. Le encontraban fallas de diversa índole y la llegaron a tildar de simplista. A principios de los noventa algunos autores señalaban incluso que ya muy pocos se atrevían a defenderla completamente. Algo similar, me parece, comenzó a tener lugar recientemente con la corriente neoliberal, de manera que la entrada de capital extranjero ahora se va comprendiendo más como una estrategia complementaria al crecimiento económico, que como una de las apuestas principales para el desarrollo. Habrá que ver, entonces, cómo la relación de nuestro gobierno con el capital foráneo se cimienta en este nuevo molde.

* Autor del libro “El Sueño de una Generación: una historia de negocios en torno a la construcción del primer ferrocarril en México, 1857-1876”. Especialista en Historia Económica por la UNAM y Maestro en Historia Moderna y Contemporánea por el Instituto Mora. Es asesor político y de instituciones de gobierno y ha colaborado en medios como revista Bicentenario, Huffington Post y La Silla Rota entre otros.

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