Opinión

México-Estados Unidos: la ruta difícil

El gobierno mexicano debe, ahora, hacer un trabajo muy fino de diplomacia para obtener la confianza de los demócratas. | Joel Hernández Santiago

  • 16/12/2020
  • Escuchar

“Estimado señor Biden, escribo este texto para felicitarlo por el triunfo que le otorgó el pueblo y que le han refrendado las autoridades electorales de Estados Unidos de América” (...) “Tenemos la certeza de que con usted en la Presidencia de Estados Unidos, será posible seguir aplicando los principios básicos de política exterior, establecidos en nuestra Constitución, en especial el de no intervención y autodeterminación de los pueblos”.

Es un fragmento de la carta que, finalmente, el lunes 14 de diciembre envió el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al presidente electo de Estados Unidos de América, Joseph Robinette Biden Jr. –Joe Biden–.  

El 3 de noviembre fueron las elecciones en Estados Unidos. Desde esa misma noche todas las tendencias indicaban que el ganador sería el candidato demócrata y como vice presidenta Kamala Harris, quien ha sido abogada y senadora.

El conteo resultó complicado y tardado en esta ocasión; se requería mucha meticulosidad y cuidado porque el presidente Donald J. Trump venía amenazando con desconocer las elecciones si no conseguía el triunfo que él tenía seguro, según afirmaba de forma reiterada. 

De inmediato distintos mandatarios del mundo enviaron sus cartas de felicitación a Biden en las que reconocían su triunfo... Reino Unido, la mayoría de Europa, gobiernos en Asia, Medio Oriente, África y América Latina. Cosa de horas. 

Pero otros países estuvieron renuentes a enviar este mensaje que es, en términos generales, un protocolo que se usa para dar por sentado que se conoce la voluntad del pueblo estadounidense y que quien obtuvo el triunfo sólo tendría que esperar los trámites de procedimiento para ser reconocidos: Rusia, Brasil, México, por ejemplo. 

Una vez que se conocieron los resultados, se le preguntó al presidente mexicano del por qué no había enviado la felicitación al candidato demócrata. El argumento fue que de acuerdo con nuestras leyes esto tendría que ser una vez que se conociera el resultado oficial, que es decir, cuando el Colegio Electoral de los Estados Unidos lo declarara presidente electo.

Aun así el tema no cayó bien en México, para muchos esto tenía que ver con la renuencia del gobierno mexicano para aceptar el triunfo de los demócratas, toda vez que había apostado a la reelección de Donald J. Trump, al que, de una u otra manera, había apoyado antes y a lo largo de su campaña para mantenerse en el gobierno de su país. 

El viaje del 8 de junio a Estados Unidos de López Obrador, para saludar y agradecer a Trump por su apoyo en la firma del Tratado Comercial entre México-Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no cayó nada bien a los demócratas. El mismo candidato Biden recordó a López Obrador la manera grosera, atrabiliaria y agresiva del presidente estadounidense desde su campaña en 2018.

De todos modos México parecía renuente a reconocer el triunfo de Biden. Y en Estados Unidos lo notaron, pero mantuvieron silencio. De hecho tampoco tendrían por qué preocuparse. México es importante para Estados Unidos, pero hay muchas otras naciones que le importan a la política exterior del país del norte. 

México es un socio comercial muy importante para el mercado estadounidense. Los vínculos en materia de intercambio de productos, de servicios, de trabajo, de intercambio de conocimientos y, sobre todo en materia de seguridad son estrechos y, con frecuencia, presentan aristas complicadas. 

Ser vecino de Estados Unidos deja de ser un privilegio para ser un tema asimismo de seguridad nacional para México, como también en las otras áreas de tipo financiero y mercantil, pero también porque en Estados Unidos viven 14 millones de mexicanos que trabajan y envían remesas a sus entidades, favoreciendo con esto a la economía nacional de forma sustantiva. 

Pero el tema es cómo se reiniciarán las relaciones del gobierno mexicano con el de Estados Unidos una vez que el 20 de enero tomen posesión Biden y Harris

Las señales son latentes y no cabe duda de que intentarán llevar la fiesta en paz toda vez que los intereses entre ambos países son de un enorme alcance e involucra a miles en las materias correspondientes y hay muchos intereses en juego. Pero los demócratas no están contentos con el gobierno mexicano. Y podrían apretar tuercas. 

Para muchos las relaciones de México con Estados Unidos (Trump-AMLO) fueron cordiales y de entendimiento –casi de amigos–, así lo cantaba a cada momento Trump en tono de haber domado a la fiera del sur; pero para otros ha sido de sometimiento. 

¿Cómo será ahora la relación con Estados Unidos? Sobre todo importa mucho que se restablezcan de forma cordial y eficiente porque para México debe importar tanto la balanza comercial como la zona de estrategia de seguridad, de seguridad nacional y el trato que se dará a los mexicanos en Estados Unidos que para el gobierno de la 4T son vistos como fuente de recursos. 

Comienza una nueva etapa que ya está a la vista. Trump sigue en el gobierno todavía poco más de un mes, pero su fuerza ya no le alcanza para tomar medidas drásticas; muchas de las cuales no podrá llevar a cabo sin consultar con el presidente electo.

El gobierno mexicano debe, ahora, hacer un trabajo muy fino de diplomacia para obtener la confianza de los demócratas, lo que será una ruta difícil, pero que tendrá que recorrer si de veras le importa México y lo mexicano, y no sólo el tema electoral que ahora ocupa su agenda. 

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.