Opinión

México en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas

El estrés social y las dificultades para regresar a la normalidad van a retar de forma importante la estabilidad de las sociedades. | Areli Cano

  • 25/06/2020
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La Organización de las Naciones Unidas (ONU), desde su creación, ha tenido como uno de sus objetivos principales la instauración de un esquema de seguridad en el plano internacional, cuestión que se hizo necesaria a partir de la devastación que afectó a una buena parte del orbe por la gran guerra de mediados del siglo XX. Las aspiraciones por la paz y la seguridad para todas las personas y naciones se reflejan con nitidez en el contenido de la Carta de San Francisco, documento fundacional de la ONU que le otorgó vigencia a partir de 1945.

En el marco de los fines de la organización de prevenir y eliminar amenazas a la paz; así como de la supresión de actos de agresión y la resolución no violenta de conflictos con arreglo a los principios de la justicia y del derecho internacional; se han instaurado instancias que tienen el encargo de actuar en diversos ámbitos para cristalizar sus nobles anhelos.

En la propia carta se dispone la instauración del Consejo de Seguridad, prescribiéndose su integración por quince de los Estados pertenecientes a la organización, de los cuales la República de China, Francia, Rusia, Reino Unido y los Estados Unidos de América, serán miembros permanentes. De igual forma, se establece que la Asamblea General elegirá a los restantes diez países en calidad de miembros no permanentes del colegiado.

Al Consejo de Seguridad se le atribuye la responsabilidad de mantener la paz y la seguridad internacionales, en representación de los Estados que configuran la ONU, con base en los propósitos y principios de la organización. La relevancia de este espacio colectivo de actuación se enfatiza con el hecho de que los integrantes de la organización convienen en aceptar y cumplir las decisiones que se tomen en él.

El pasado miércoles 17 de junio, en Asamblea General, mediante voto secreto de los representantes de los países, se eligió a cuatro integrantes no permanentes del Consejo de Seguridad para el periodo 2021-2022: México, India, Noruega e Irlanda. Un dato importante es que la candidatura mexicana fue la que recibió el mayor número de votos, lo que conlleva un reconocimiento implícito a la pertinencia de la participación de nuestra nación en este escenario nodal para los temas mundiales.

Cabe señalar que la inclusión de México en el Consejo de Seguridad no es nueva, integró la instancia por primera vez en el bienio 1946-1947, en una época muy cercana a su instalación. Posteriormente lo hizo en tres ocasiones más. Aún en el siglo pasado, en el periodo 1980-1981 y, ya en la centuria actual, en 2002-2003 y 2009-2010.

México se encuentra ante la oportunidad de llevar a la palestra internacional propuestas de agenda que guarden congruencia con los principios constitucionales en materia de política exterior, consistentes en la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

La visión mexicana de las relaciones internacionales encuentra en la incorporación al Consejo de Seguridad un espacio para la participación activa, capaz de generar enfoques útiles para atender la agenda de prioridades de la ONU, particularmente ante la configuración de un escenario difícil en cuanto a conflictos en el orbe. La tradición nacional en política exterior, basada en el respeto a las decisiones de los Estados; en el privilegio a la negociación y a la construcción de consensos; y en el uso de la diplomacia; puede contribuir a reducir la rispidez y la intensidad de los distintos desafíos que existen en las diversas regiones del planeta en materia del mantenimiento de la seguridad y la paz.

El escenario es difícil, considerando que el mundo actual está marcado por la permanencia de conflictos, a lo que se suma una tendencia por parte de Estados Unidos hacia la erosión de la multilateralidad, evidenciada con su decisión de salir de la OMS y la UNESCO. El tablero global también se ve complejizado por el impacto de la pandemia por el covid-19. Las consecuencias económicas severas en todo el planeta, el desempleo, la falta de alimentos y las modificaciones a las formas de conducirse en la vida cotidiana, probablemente conducirán a un incremento en el riesgo de conflictos y brotes de violencia. El estrés social y las dificultades para regresar a la normalidad van a retar de forma importante la estabilidad de las sociedades.

Bajo tal contexto, la presencia de México tiene el potencial de impulsar formas novedosas de actuación en el concierto internacional. Para ello, la experiencia y trayectoria del embajador mexicano ante la ONU, Dr. Juan Ramón de la Fuente, ex secretario de Estado, ex Rector de la UNAM y reconocido académico y científico, serán determinantes para aportar propuestas y soluciones a los asuntos que serán atendidos en el Consejo de Seguridad. Lo anterior, incluso considerando la necesaria reforma al funcionamiento del propio consejo, particularmente la revisión a la facultad de veto que tienen sus miembros permanentes que, desde diversas perspectivas académicas y diplomáticas en el mundo, constituyen una limitante para el ejercicio democrático en la toma de decisiones.

México se incorpora a una instancia de diálogo y acción privilegiada en los organismos internacionales, esto le dará visibilidad a sus ideas y aportes e, incluso, será útil para posicionarse en otros espacios de diálogo global. Es una gran oportunidad para la proyección global de la política exterior mexicana y para retomar el liderazgo regional de nuestro país.

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