Opinión

Mexicanos del odio

Urge revisar qué está pasando en la conciencia de un cuerpo que genera a estos presuntos criminales seriales. | Joel Hernández Santiago

  • 17/10/2018
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Uno no termina de asombrarse por lo que es capaz de hacer el ser humano. Lo bueno casi siempre. Porque el hombre antes y ahora ha sido capaz de descubrir o inventar medios de solución a la vida, ya para su supervivencia como para la facilidad para el desarrollo productivo.

Ese ser humano es, asimismo, propietario de una inteligencia superior cuando nos entrega la cultura, el arte, las letras supremas, la imagen, el sonido, el color distinguido, la arquitectura…

Pero, hay otro lado en esa personalidad humana; también los hay quienes surgen para la destrucción, para el odio, para la venganza y, desde la locura, para el exterminio.

El hombre que hace leyes y está obligado y obliga a todos al comportamiento social en derecho y justicia. Las leyes son para vivir en paz y trabajo justo y sin trabas y las hace –asimismo- para contener a quienes se salen de la raya y cometen infracciones, delitos y hasta extremos criminales: para ellos más que obligado el imperio de la ley.

¿Por qué surgen estos personajes extremos y por qué esos fenómenos de comportamiento criminal? ¿Acaso es una muestra de que el cuerpo social no está del todo bien y le aquejan enfermedades que podrían ser dañinas o mortales? ¿Quién se hace cargo de la cirugía para que perviva sin perjuicio una sociedad de trabajo y de creación?

Pues todo esto viene al caso porque de un tiempo a esta parte nuestro espejo diario nos muestra un rostro indescifrable y presuntamente desconocido. El de las aberraciones criminales.

Fenómenos de este tipo suelen ocurrir fuera de México. Los vemos aquí y nos sorprendemos. Nos causan estupor y novedad. Pero también ocurren en México hace mucho, pero es por estos días cuando por la manera como han ocurrido casos de magnicidio y la forma de expresión de quienes los cometen nos indignan y nos someten a la prueba del “¿También esos son mexicanos?

Asesinos seriales

Hace apenas unos días, en medio de las batallas políticas y en medio de esa expresión terriblemente cotidiana del crimen organizado en diversos estados del país, aparece de pronto que hay un “asesino serial”. Uno más.

Esta vez por la magnitud y la saña con la que se cometieron los hechos uno voltea y mira para preguntar ¿cómo es que ocurren estas cosas? ¿En qué cabeza cabe cometerlas? ¿Quién comete tales brutalidades y por qué? ¿Qué hace la autoridad para detener a estos seres infrahumanos?

Es el caso del presunto asesino “serial” de Ecatepec, Estado de México, al que hace apenas unos días se detuvo junto con su esposa y quienes se habían dedicado a asesinar a mujeres. ¿Cuántas? Él dice que 20, la autoridad dice que puede probar diez casos…

El presunto –y subrayo presunto porque habrá de ser un juez de ley el que decida inocencia o no, aunque el mismo personaje haya aceptado su culpabilidad e, incluso, se haya vanagloriado de ella y habría dicho que “de esta no salgo, pero se lo digo jefes, si salgo voy a seguir matando a mujeres”, así dice un video expuesto hace unos días…

Así que el presunto asesino de mujeres dice haberlo hecho por odio, por venganza, porque no permite que las mujeres existan y porque su meta era llegar a por lo menos cien de ellas. Luego cuenta un sinnúmero de aberraciones indescriptibles…

Pero como él, ha habido muchos más aquí, en México, como pus que le surge al cuerpo social mexicano: ya Goyo Cárdenas –aquel médico que asesinaba mujeres “para volverlas a la vida”— o el “Pelón” Sobera de la Flor; o la “Mata-viejitas”; o “Las Poquianchis”… y tantos más a lo largo de muchos años.

Y hay otros mexicanos como aquellos que junto con los anteriores, parecen renegar del sentido humano para convertirse en grado animal, como ha ocurrido recientemente con el incremento de linchamientos en diversas comunidades de México.

Linchamientos

Esto es, según un estudio hecho por la Universidad Autónoma Metropolitana (Dr. Raúl Rodríguez Guillén), desde 1988 hasta el 31 de agosto de 2018 se han registrado mil 75 casos de linchamientos y tentativas en todo el país. ‘El Estado de México es la zona con mayor incidencia, en segundo lugar Puebla y le siguen Ciudad de México, Oaxaca y Tabasco’.

Apenas podemos creer la saña con la que actúan los seres humanos en multitud, en contra del que presumen que ha cometido un delito en su comunidad: robo, violación, crimen…

…Y sin mediar presunción de inocencia o sin mediar puesta a disposición de la ley, se acomete, se agrede, se ensaña con ellos hasta el extremo del dolor humano. Y uno supone que quienes los cometen han perdido el sentido de la vida y el respeto de la vida de otros, aun si se probara en ley que han cometido el delito. Y las leyes están para contenerlos y someterlos al juicio legal…

Y sigue la pregunta: ¿La autoridad en sus distintas etapas: prevención del delito, administración de la justicia están cumpliendo el cometido por el cual habrán de ser un factor de justicia legal?

Nunca se deberá justificar ni aprobar este tipo de fenómenos criminales. Urge revisar qué está pasando en la conciencia de un cuerpo que genera a estos presuntos criminales seriales y qué ocurre cuando la bestialidad pretende ser solución por linchamiento. ¿Y la ley? ¿Y las autoridades? ¿Quién sanará al cuerpo social que produce este pus dañino? ¿Cuándo?

México sin gobierno

@joelhsantiago  | @OpinionLSR | @lasillarota

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