Opinión

#MeToo y la estructura

El pendiente más urgente es derribar esa estructura que ha impedido una verdadera igualdad entre todas las personas. | Leonardo Bastida

  • 30/03/2019
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Una estructura representa un orden, un modo de organización, conecta las diferentes partes de un todo, dispone y distribuye las partes, es la parte básica sobre la que organiza una totalidad.

Las sociedades también están estructuradas. Lo cual no significa que las bases de dicha estructura sean benéficas para quienes integran la sociedad o no para todos los sectores que la conforman. Puede haber ciertos nichos que gocen de ciertas prebendas con respectos a otros u otras sin que nadie los cuestione en un primer momento, o tal vez, muchos instantes.

Sin embargo, el día que dichos nichos comienzan a ser cuestionados, los cimientos de la estructura comienzan a tambalearse, y a como dé lugar, intentan conservar su estatus anterior y evitar cualquier tipo de cuestionamiento, pues de cierta manera, en cada una de dichas interrogativas, se pone en duda la calidad que le mantenía en la hegemonía.

A lo largo de la semana, las redes sociales se inundaron de señalamientos de acoso, abuso y violencia sexual sufridos por mujeres de parte de escritores, periodistas, cineastas, académicos, defensores de derechos humanos, abogados, actores, dramaturgos, entre muchos otros sectores profesionales bajo el hashtag #MeToo.

Las reacciones no se hicieron esperar y se comenzó a cuestionar la iniciativa argumentando que no era válido hacerlo en redes sociales y en el anonimato, pues eso “no es serio” o se dijo que los testimonios eran falsos, ya que las personas señaladas no eran capaces de realizar los actos de los que se les acusaba.

En realidad, la estructura de nuestra sociedad es la que permitía y permite que todo este tipo de actos permanezcan en el anonimato. Si una mujer acusa a un hombre de alguna situación de acoso, lo primero que la estructura social preguntará es si ella no fue quien lo provocó. Si acude a una oficina de impartición de justicia, la misma estructura social le cuestionará si no está exagerando las cosas y dirá que la situación no pasó a mayores. Si el acto ocurrió en un espacio público, se le interpelará que no debería estar en la calle o que cuide la manera en que viste.

En realidad, lo que ha hecho #MeToo es poner el dedo en la llaga de una de las heridas más profundas de nuestra sociedad y ha comenzado a destapar lo que muchas personas sabíamos pero no se había posicionado en la arena pública. E incluso, se ha evidenciado en cifras como que de cada 10 violaciones, sólo dos se denuncian; o siete de cada 10 mujeres han padecido, al menos una vez en su vida, alguna situación de violencia, y de estas cinco de cada 10 en algún espacio público (calle, transporte, parque).

Restan muchos pendientes, que incluso, van más allá de sanciones a quienes han sido señalados, independientemente del tipo que sean. El más urgente, derribar esa estructura que ha impedido una verdadera igualdad entre todas las personas, más allá de su género, sexo, identidad, orientación, expresión o características sexuales.

#YoLesCreo

Agua y género

@leonardobastida  | @OpinionLSR | @lasillarota

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