Opinión

Menos cajones de estacionamiento

Se desconoce en qué se basa la nueva ley de estacionamientos.

  • 13/07/2017
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El gobierno de la Cuidad de México promulgó el día de ayer el acuerdo por el que se modifica la norma técnica complementaria para el proyecto arquitectónico en materia de estacionamientos, la cual, según se reporta en los medios, modifica los criterios largamente consentidos para calcular el número de cajones de estacionamiento con los que deben contar las nuevas construcciones. A la pregunta de si se trata de un cambio en la dirección correcta, mi opinión es que sí, sin duda, pero el problema que viene es que así como casi nadie sabía de dónde salieron los criterios que acaban de ser modificados, ahora nadie sabe qué va a pasar con las modificaciones propuestas. Me explico.

Después de haber preguntado, a lo largo de los años y en muchas ocasiones, tanto en los ámbitos académicos como en los profesionales, cómo surgieron los criterios que aparecen en los reglamentos de construcciones y que asignan un cierto número mínimo de cajones en función del giro del establecimiento y del área construida, las respuestas iban del “no sé” al “…es que así le hacen en otras ciudades”. Lo cual es interesante porque las respuestas más comunes coinciden con las obtenidas de algunas encuestas que se han hecho entre autoridades urbanas de los Estados Unidos, quienes sin poder explicar los fundamentos técnicos de dichos criterios se han limitado a decir que son los criterios aplicados en otras ciudades que toman como referencia.

Bueno, pues uno de los pilares de la determinación de esos criterios es el Institute of Transport Engineers (ITE) de los Estados Unidos, un organismo caracterizado por una visión de ingeniería de transporte que ha publicado desde hace décadas una larga lista de usos del suelo para los que se incluye el número mínimo de cajones de estacionamiento que las autoridades de una ciudad deben exigir a cada establecimiento. Así, las autoridades locales y los urbanistas de prácticamente todo el continente americano tomaron esas listas como un mantra.

El problema de fondo es que, por difícil que resulte creerlo, las metodologías de cálculo utilizadas por el ITE no solamente son científica y técnicamente insostenibles, sino que han contribuido determinantemente en la construcción de ciudades de alta entropía y muy bajas eficiencias ecosistémicas (lo que quiere decir, entre otras cosas y en términos más simples, ciudades muy desordenadas con elevados niveles de desperdicio de recursos, entre los que se encuentra el suelo).

Los cálculos publicados por el ITE en lo que se refiere a la determinación del número mínimo de cajones de estacionamiento son, en verdad, técnica y estadísticamente insostenibles. Por ejemplo, en una de sus publicaciones incluyen una lista de 101 usos del suelo para los que determinan el número mínimo de cajones que cada establecimiento debe tener. Su metodología se basa en la recopilación de muestras estadísticas por giro o uso del suelo y con los resultados calculan lo que ellos llaman una “tasa de generación de estacionamiento”. Bueno, pues los cálculos de la mitad de esos 101 usos del suelo se basaron en cuatro o menos ejercicios de recopilación de datos y, aún más, el 22% del total de los usos del suelo deben sus criterios de asignación de cajones a una sola observación muestral en todos los Estados Unidos. Lo cual es equivalente, como lo he mencionado en otros espacios, a que la autorización del 22% de las medicinas en el mercado se hubiese basado en los efectos observados durante un solo día, en un único paciente. Sobra decir que los conspicuos urbanistas mexicanos calcaron, sin más, los mencionados criterios porque éstos fueron retomados por la American Planning Association.

Esto contextualiza la historia de uno de los factores que más daño han hecho a las ciudades mexicanas pero que, al menos en la Ciudad de México, se empiezan a modificar. Entiendo que ahora, porque la norma no ha sido publicada, en lugar de un número mínimo de cajones se han establecido números máximos; habría que ver qué dice y en qué se basan para definir los nuevos criterios.

El análisis de los efectos que eso puede causar no es sencillo. Los espacios de estacionamiento deben ser considerados como elementos funcionales del ecosistema urbano y se relacionan de diferentes maneras con otros procesos, como por ejemplo, con la generación y atracción de viajes y con las demandas inmobiliarias. Concebirlos a la usanza tradicional, como un simple atributo que se ofrece o no en un establecimiento, es como diseñar un tren sin tomar en cuenta previamente el ancho de las vías existentes.

Aunque este es un paso en la dirección correcta, no existe un plan que oriente la aplicación de la norma desde un punto de vista que considere los impactos que podría generar en el funcionamiento de la ciudad, y no es un tema menor, pues en estos asuntos urbanos el sentido común nos puede decir una cosa y la realidad nos sale con otra. Iremos pues comentando el punto, conforme vayamos teniendo más información.

@lmf_Aequum

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