Opinión

Mejorar las condiciones del campo para despetrolizar las finanzas públicas

La versión oficial pretende convencer que el precio del dólar no afectará los bolsillos y la vida cotidiana.

  • 03/02/2016
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En nuestra colaboración anterior mencionamos[1] que no era momento de establecer barreras psicológicas respecto de la cotización del dólar. El movimiento cambiario de las últimas semanas ha demostrado la veracidad de esa afirmación: El dólar por los cielos y el crudo por los suelos, es hoy la expresión que mejor resume la percepción de la población mexicana.

 

A pesar que la versión oficial -apoyada por los noticieros y actrices televisivas- pretende convencer a los mexicanos de que la tendencia alcista del dólar no tiene una repercusión en los bolsillos y la vida cotidiana, basta con señalar que el aumento de precios se verá, primeramente, reflejado en los bienes de consumo duradero[2] como automóviles, electrodomésticos y equipos de cómputo -en donde se incluyen smartphones y tablets- pues a pesar de que la inflación en general está controlada por debajo del 3%, en estos productos ya es posible observar incrementos anuales[3] de entre 5% y 7 por ciento.

 

Un efecto inmediato del precio del dólar se refleja en la balanza comercial, pues de acuerdo con el Informe sobre la situación económica y las finanzas públicas elaborado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), correspondiente al Cuarto Trimestre de 2015, las importaciones han tenido una disminución anual del 4%, sin que las exportaciones mexicanas hayan despuntado en ese mismo periodo, toda vez que las petroleras se contrajeron 47% (consecuencia evidente del contexto mundial de bajos precios de los petrolíferos), las agropecuarias disminuyeron 3%, las extractivas en 6% y las de manufacturas también cayeron 3 por ciento.

 

El argumento oficial con el que buscan rebatirse estos datos duros no puede refugiarse en la “falacia” de decir que el alza en el precio del dólar sólo afectará a quienes planean viajar al extranjero, pues parece que para el Gobierno la importancia se reduce a una cuestión de shopping, omitiendo asuntos tan elementales como que el costo financiero de la deuda pública externa está determinado en dólares, o que los mexicanos que cursan un posgrado en el extranjero a través de becas otorgadas por el Banco de México o por el CONACYT verán que los montos autorizados en pesos son insuficientes para cubrir los costos derivados de la carga académica.

 

No dejamos de advertir que sí existen beneficios derivados del incremento en la cotización de la divisa norteamericana, tal como lo son las remesas que nuestros migrantes envían a sus familias en México, que para diciembre de 2015 llegaron a la cantidad de $2,188 millones de dólares.[4] Sin embargo, el ingreso por las remesas no puede considerarse como recurrente y mucho menos depender de él, pues como lo ha señalado el propio Banco de México, el establecimiento de segundas generaciones en Estados Unidos ha ocasionado que ese ingreso disminuya sensiblemente.

 

También puede considerarse como un beneficio pasajero del incremento del dólar la ganancia cambiaria (conocida como remanente de operación) que obtiene el Banco de México una vez que realiza las subastas de las reservas de activos internacionales que tiene; no obstante, como ya lo indicamos antes,[5] estos recursos por disposición legal deben ocuparse en la reducción de la deuda pública, o en la adquisición de activos que fortalezcan la posición financiera de México.

 

Sin embargo, pensar que las políticas de impulso al sector del campo son un tema del siglo XIX o de un modelo económico del pasado, es caer en un grave error; para muestra un par de datos recientes: De Enero a Noviembre de 2015 las exportaciones del sector agroalimentario sumaron 24 mil 460 millones de dólares, 5% más con respecto a 2014, mientras que las exportaciones petroleras reportaron un saldo de 22 mil 219 millones de dólares, 47% menos que lo reportado en 2014, de conformidad con citado informe de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

 

Esta área de oportunidad en las agroexportaciones, pone como desafío urgente retomar la discusión de la gran reforma al campo, para dar un nuevo impulso a las políticas públicas en torno al mismo, permitiendo generar condiciones que mejoren la productividad, competitividad, seguridad y soberanía alimentaria. Sólo así, las exportaciones del sector agroalimentario podrán continuar su tendencia creciente en los próximos años, para convertirse, nuevamente, en un pilar de la economía nacional.

 

@JVillalobosS

 

[1] Escenarios económicos para 2016

[2] Son aquellos que reportan una utilidad al consumidor a través de servicios que continúan hasta la completa depreciación del bien.

[3] Estos incrementos son considerados por el INEGI para la formulación del Índice de Confianza del Consumidor, reflejándose en el último trimestre de 2015 una clara disminución de la intención de compra del consumidor para los bienes de consumo duradero al comparar la situación actual con la del año pasado. Inegi - Producción, consumo e inversión

[4] Banxico - Ingresos por Remesas

[5] Uso responsable de remanentes de operación de Banxico