Opinión

Mejor placebo democrático, votar por un independiente

Ninguno de los independientes a la presidencia ganará, pero harán el trabajo sucio de arrebatar votos bajo el placebo democrático | Ismael Jiménez

  • 27/03/2018
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El anhelo de votar por un candidato independiente, parece ser para algunos el haber alcanzado el pináculo de la democracia, pues la posibilidad de sufragar por un ciudadano que no represente o pertenezca al inoperante sistema de partidos, debería interpretarse como un avance democrático.

Nada para nadie

La cuestión es que el auge de los candidatos independientes resulta ser un placebo democrático, pues quienes compiten por la presidencia, son harina del mismo costal, ya que todos, sin excepción, provienen de un partido del que fueron relegados y que ahora, escudándose en el hartazgo de la ciudadanía, pretenden envolverse en la bandera inmaculada de las candidaturas ciudadanas.

El tema no es menor, pues azuzados por una larga campaña de denostación de propios y extraños, y apoyados en los medios de comunicación, el trabajo legislativo ha sido reducido a menos que mediocre, y ha generado una animadversión de los mexicanos sobre diputados y senadores, motivada, por supuesto, por su falta de tino a la hora de legislar y de su incapacidad para terminar con los atrasos económico y social.

En realidad, de lo que la ciudadanía está cansada es de los partidos políticos, pues estos representan en sí mismos las oligarquías partidistas, la corrupción, los cotos de poder y las patentes de corzo de los grupos que se benefician o trabajan para ellos. Prácticas en las que los tres candidatos independientes están avezados.

Y para muestra, un botón, los tres principales candidatos independientes han sido señalados por amañar el conteo de votos para poder registrarse como tales. Se les ha cuestionado sobre el origen de los recursos con los que se están financiando, se les ha acusado de tráfico de influencias y, a todo ello, han respondido como los políticos de cepa que son.

No consentir no es convalidar

Por supuesto, ninguno de los candidatos independientes a la presidencia ganará, pero lo que sí harán, es hacer el trabajo sucio de arrebatar votos bajo el placebo democrático en el que se ha convertido el voto independiente.

Y es que, en el hipotético caso de que alguno de los candidatos independientes llegara a ganar, al no formar parte de ningún partido, quedarían prácticamente en la orfandad, es decir, no tendrían ni voz, ni voto a la hora promulgar alguna ley, puesto que no tendrían mayoría ni representación en las cámaras.

Eso haría prácticamente imposible gobernar, por lo que el hipotético presidente independiente, terminaría arropándose en el partido más cercano a sus intereses, ideas e ideales políticos.

Es decir, que todo el canto de sirenas se habría esfumado, y habrían generado un sistema espejo para atraer votos a los partidos a los que han pertenecido todo el tiempo.

Por su puesto, el sistema de partidos en México no es eficiente ni tampoco opera como la ciudadanía esperaría, pero caer en la tentación de suponer que el voto independiente sería una solución para terminar con los partidos políticos, podría ser más peligroso, pues dichos candidatos serían carne de cañón para los partidos mayoritarios y para los embates de corrupción e intimidación que suceden en las cámaras legislativas, esto, por supuesto, en caso de que los independientes, realmente fueran inmaculados.

Posiblemente, amigo lector, su opción no sea ninguno de los partidos en las boletas, pero lo que sí es seguro es que si vota por un independiente, usted perderá su voto y sería tan nulo como no si votara o cancelara su boleta.

En todo caso, la ciudadanía tendría que organizarse para trabajar en mejorar el sistema de partidos, crear otros movimientos partidistas y aprovechar un sistema que, aunque poco eficiente, está sustentado en el estado de derecho. Lo contrario, sería la anarquía.

La guerra del acero tiene piel de dragón

@ijm14 | @OpinionLSR | @lasillarota


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