Opinión

Medio ambiente y cambio climático, relevancia política

No basta con fotografiarse con tortugas o usar indistintamente el adjetivo “sustentable” para referirse a alguna propuesta electoral | Gustavo Sosa Núñez

  • 28/01/2018
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La economía, la seguridad pública y la corrupción, son los grandes problemas que percibe la población mexicana actualmente. No es para menos, la renegociación del Tratado de Libre Comercio (y los posibles efectos de un desenlace desfavorable para México), la situación preocupante e incesante de violencia y muertes (asociada frecuentemente a la condición de género), y los escándalos y corruptelas de la clase política (indistinta de colores partidistas), están presentes en la conciencia colectiva. Así también son temas fundamentales de la agenda política y, por ende, de la electoral.

¿Paladín ambiental?


Se entiende la inmediatez e importancia de estos temas. Son sensibles y de vital importancia para mejorar las condiciones de vida (o al menos preservarla) de la población del país. En este contexto, no sorprende que temas ambientales y climáticos queden rezagados en el imaginario colectivo. Además, la conservación y la gestión ambiental están supeditadas a otras áreas de política pública, por lo que el impacto de los esfuerzos en la materia queda reducido a un discurso con su respectiva nota periodística. Una declaratoria de área natural protegida, y el clamor de ser el segundo país con una política de cambio climático son ejemplo de ello. Aun cuando estos son avances, no son suficientes para validar la promoción que México hace de sí mismo como paladín ambiental. Hay otros casos que debieran ser motivo de orgullo, pero que acaban siendo controvertidos y cuestionables, como la recientemente promulgada ley de biodiversidad que deja abierta la puerta a la apropiación privada de recursos naturales.

Distintos rubros de política pública, orgullosamente promovidos como progreso y desarrollo, se contraponen a los acuerdos ambientales internacionales que México adopta. El ejemplo claro es el compromiso ante el mundo para combatir el cambio climático mientras se promueve la exploración en aguas profundas y se busca el incremento en la producción de la industria petrolera (parte medular de la reforma energética); sabiendo ya de la importancia de la transición a energías renovables y la desinversión que otras latitudes están haciendo respecto a combustibles fósiles (la ciudad de Nueva York es el caso más reciente y emblemático al ser uno de los centros financieros más importantes del orbe). Otra discordancia, ya en el plano local, se ejemplifica en la Ciudad de México; donde la estrategia de movilidad asfixia el tránsito, pero no se busca la reducción del parque vehicular. Por el contrario, la producción y consumo de vehículos automotores se usa como indicador de crecimiento y prosperidad. ¿No es esto incongruente? ¿Crecimiento hasta dónde? No se acaba de entender que la búsqueda de crecimiento infinito en un planeta con recursos finitos es incongruente de argumentar.

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¿Y la agenda ambiental?


Esta temática, y su respectiva cotidianeidad, se replican en el contexto electoral que vive el país en estos momentos. Las plataformas electorales de las distintas precandidaturas se caracterizan por la inexistencia de una agenda ambiental y climática para afrontar los desafíos que tanto el país como la humanidad tienen en el futuro inmediato. Si la tienen, su omisión dentro del discurso habitual no abona. Para cargos a nivel federal, no basta con fotografiarse con tortugas o usar indistintamente el adjetivo “sustentable” para referirse a alguna propuesta (sea crecimiento, desarrollo, o el concepto que se guste) para abordar la preocupante realidad del país. Para el plano local, por citar un ejemplo, tampoco es suficiente mencionar que se solucionará la movilidad o la contaminación del aire en la Ciudad de México; sin detallar las acciones a seguir y sabiendo que lograr estas metas pasa por un sinnúmero de variables que deben ser atendidas en su conjunto (vehículos privados, transporte público, industria, construcción, etc.).

No obstante, esto no sorprende, pues los costos políticos de tratar problemáticas ambientales son fuertes (si en verdad se busca atajar los problemas). Es mejor ser “políticamente correcto” y comentar vagamente que se atenderán las distintas vertientes que ocasionan los problemas ambientales y climáticos. Esta tesitura es resultado de la tolerancia e indiferencia que la ciudadanía tiene hacia estos temas, en tanto no le afecte directamente. Sin embargo, el constante deterioro ambiental y la cada vez más evidente afectación que ocasiona el cambio climático implicarán que estos temas sean considerados de vital importancia tanto por la ciudadanía como por los próximos gobiernos; ya sea en el plano económico, social, e incluso, de seguridad nacional.

¿Podrán ser relevantes el medio ambiente y el combate al cambio climático en este período electoral? Los temas son “verdes”, pero que el color haya sido usurpado desde hace tiempo con fines electoreros no debe impedir que el resto del espectro político ahonde en estos temas, proponga soluciones y realice acciones. Quien resulte ganador tendrá que tratar con estos temas, guste o no. La tendencia de degradación del ambiente y el planeta así lo indica.

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Gustavo Sosa Núñez

Es profesor-investigador adscrito al Programa de Investigación en Cooperación Internacional, Desarrollo y Políticas Públicas del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, centro público de investigación del CONACyT. Es Doctor en Ciencia Política por la Universidad de East Anglia, en Norwich, Reino Unido. Sus líneas de investigación refieren al estudio de políticas ambientales, con énfasis en la calidad del aire.

@gssosan | @OpinionLSR | @lasillarota

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