Opinión

“Me rindo, no me lastimen”, chillaba Romero Deschamps

Esta semana el presidente López Obrador confirmó la existencia de investigaciones judiciales contra Romero Deschamps. | Roberto Rock

  • 16/10/2019
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Era la tarde del 9 de julio pasado, cuando un comando de agentes federales de la Fiscalía General de la República (FGR) irrumpió en “Morton’s”, un restaurante de lujo en la avenida Paseo de las Palmas, en el exclusivo barrio capitalino de las Lomas de Chapultepec. De inmediato se desplegaron en torno a la mesa que compartían el controvertido abogado Juan Collado y Carlos Romero Deschamps, dirigente del sindicato petrolero.

Ambos cruzaron miradas y asumieron que el operativo policial estaba destinado al líder obrero. En los segundos siguientes, Romero Deschamps pareció seguir un guión previamente ensayado. Se colocó de rodillas en el piso y puso las manos detrás de sus espaldas, como quien se somete para ser esposado.

“¡No me lastimen!…me rindo, no opondré resistencia. Estoy a sus órdenes, señores”, alcanzó a expresar. Entonces se dio cuenta que el arrestado no sería él sino su comensal, Collado, considerado no solo un actor de enorme poder en la política mexicana sino prestanombres para encubrir la fortuna de hombres públicos del país, entre ellos el propio Romero Deschamps.

Esa fecha sin embargo, parece haber marcado la hora final del liderazgo de este hombre que encabeza uno de los gremios más privilegiados y es un símbolo de la corrupción en México. 

Romero Deschamps cumple 26 años al frente del sindicato de Petróleos Mexicanos y lo hace en medio de una agonía provocada por la incertidumbre sobre su futuro. Parece ser un hecho de que podrá medirse en semanas, acaso en meses, el plazo para que se separe de su puesto. Lo que parece sostenerlo es un largo cabildeo en pos de la gracia presidencial, no con el propósito de seguir en el cargo, sino para no caer en prisión

Desde abril pasado hubo versiones de que la FGR, que encabeza Alejandro Gertz Manero, tenía listas contra el dirigente acusaciones penales por diversos cargos, lo que incluye evasión fiscal, lavado de dinero y bienes obtenidos en forma ilegal, entre otros, lotes de joyas adquiridos para su hija, Paulina Romero Deschamps, que cobró fama al lucirse en sus redes sociales paseando en un avión privado propiedad del sindicato petrolero, acompañada de sus perros, que posaban para las fotografías descansando en cómodos sillones de fina piel. Otro hijo del dirigente, Juan Carlos, no se quedaba atrás luciendo un Ferrari con pátina de oro. 

En mayo de 2017 la joven Paulina se casó con Juan Carlos Rentería, quien encabeza una empresa contratista que ha recibido contratos de Pemex los que, desde luego, despiertan sobradas y justificadas sospechas.

La nueva legislación laboral obliga a que todos los dirigentes sindicales demuestren que siguen en el cargo mediante votaciones libres y secretas por parte de sus afiliados. La Secretaría del Trabajo, que conduce Luisa María Alcalde, le rechazó a Romero Deschamps actas de asambleas seccionales que no llenaban estos requisitos, por lo que tuvo que reponer las reuniones de votación. Se trató de una mayúscula humillación que aportaba un clavo más al féretro que empieza a cernirse sobre el dirigente.

Esta semana el presidente López Obrador confirmó la existencia de investigaciones judiciales contra Romero Deschamps, e hizo un llamado para que las encare sin comprometer a las instituciones, “como lo hizo el ministro Eduardo Medina Mora”.

Un adecuado acomodo de esas palabras podría integrar un buen epitafio para la inminente muerte política del señor Romero Deschamps.