Opinión

Más metro o mejor metro

El deterioro de las líneas actuales podría crecer exponencialmente. | Roberto Remes Tello de Meneses

  • 04/09/2019
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Este 4 de septiembre se cumplen 50 años de la inauguración del metro de la Ciudad de México. Yo cumplo 35 años de ser un usuario regular, que sea por obsesión o por necesidad he visitado las 12 líneas, 28 transbordos y 195 estaciones. Respecto a América Latina es un metro enorme. Algún tiempo estuvo entre los principales del mundo por captación de usuarios y tamaño de la red. Poco a poco ha sido rebasado, sobre todo por ciudades asiáticas.

Por muchas razones, el Metro de la Ciudad de México siempre ha sido noticia. Que yo recuerde, tres choques en tramos operativos: Viaducto en 1975, Ermita en 1995, Oceanía en 2015; un descarrilamiento en línea A, un descarrilamiento durante el terremoto de 2017 en línea 12, una fuga de combustible en Tacuba, decenas de nacimientos, cientos de suicidios, miles de asaltos, ninguno a mí, por fortuna. Corajes, nervios, documentos arrugados, música, baile, lecturas, recorridos turísticos con visitantes a la ciudad. Nunca he jalado la palanca de emergencia.

He trazado decenas de planes con la proyección a futuro del metro, algunos en función de los derechos de vía, y otros en función de la demanda.

En algún momento, con motivo de mi tesis doctoral, analicé ciertas cifras que me dan una aproximación al modelo de transporte que necesita la ciudad a futuro: en los distritos definidos como “Obrera”, “Zócalo”, “Moctezuma” y “Pantitlán”, la Encuesta Origen Destino de 2007 mostraba alrededor de 50% de los viajes en metro, a diferencia del promedio metropolitano de 13% y el promedio en Ciudad de México de 20%. Esos distritos cuentan con cinco, cinco, dos y cuatro líneas de metro, respectivamente. No creo que estas cifras hayan cambiado mucho para la encuesta de 2017, que no he analizado a profundidad.

Esto significa que a mayor oferta de metro, habrá mayor uso del metro. Obvio se deben estructurar adecuadamente las redes, para no tener demandas ridículas como en las líneas 4 y 6, que no alcanzan los 100 mil usuarios al día.

Hoy, sin embargo, no hay muchos incentivos para ampliar la red. La planeación exige años de trabajo y no improvisaciones sexenales. Ya hemos vivido varios planes que no se cumplen: es urgente que hagamos un plano con un horizonte de 30 a 50 años de crecimiento de la red, con estrategias de financiamiento e integración de servicios. Necesitamos construir 10 kilómetros por año durante los siguientes 50 años, al menos una tercera parte de ellos metropolitanos, con nuevos mecanismos de financiamiento, basados en el desarrollo inmobiliario de la ciudad y no en el presupuesto ordinario.

Siendo francos, no creo que seamos capaces de desarrollar ese ritmo de inversión para la expansión del metro. Mantener la tarifa tan castigada, así se aleguen las limitaciones económicas de los usuarios, no sólo significa un grado enorme de subsidio, sino que cualquier ampliación representa varios miles de millones de pesos extras en transferencias para la operación del metro.

No planteo la eliminación del subsidio, pero sí que como condición necesaria haya una estrategia financiera más sustentable que aumentos bruscos cada 6 años. Hay que tener en cuenta que, al no subsidiar directamente el viaje de las personas con menores ingresos sino subsidiar al organismo, alimentamos una serie de ineficiencias operativas. Siendo francos, sin lograr un cambio radical en la gobernanza de la ciudad, la tendencia será que en el mejor de los casos, el metro crezca en un 50% su red durante los próximos 50 años, pero el deterioro de las líneas actuales podría crecer exponencialmente.

Hoy estamos celebrando el medio siglo de 12 kilómetros y 16 estaciones; hay tramos más jóvenes. Sin embargo, la red en general sufre filtraciones, problemas de estabilidad en vías y estructuras, deterioro general de la infraestructura, de las estaciones, saturación. Hay obras urgentes para mantener la operación segura.

Sin embargo, el metro también tiene activos valiosos con los que puede financiar su mantenimiento y expansión, pero han dominado los dogmas: en Indios Verdes y Constitución de 1917, el actual gobierno se enorgullece de estar gastando presupuesto público en aras de evitar supuestas privatizaciones: inversiones privadas que le habrían ahorrado cientos de millones a la ciudad. Son irresponsables y no alcanzan a ver que su ideología pone en riesgo vidas humanas. Urgen decisiones de mayor alcance.