Opinión

Martha Gellhorn y Ernest Hemingway

La película que lleva sus nombres abre la oportunidad de acercarnos a la vida y a la escritura de una mujer excepcional. | María Teresa Priego

  • 02/06/2020
  • Escuchar

"He sido escritora por más de 40 años. Fui escritora antes de conocerlo y fui escritora después de dejarlo. ¿Por qué sería apenas una nota a pie de página en su vida?"

-Martha Gellhorn

Gellhorn prohibió que se pronunciara el nombre de Hemingway en su presencia. Quizá porque la suya fue una historia de amor marcada por los ideales compartidos, la pasión por la escritura, las corresponsalías en tiempo de guerra, la rivalidad profesional y los estallidos de violencia, quizá porque muy pronto se cansó de ser definida a partir de un vínculo amoroso que duró (con sus intermitencias) de 1936 a 1945, en una muy larga vida de casi 90 años. "La tercera de las cuatro esposas de Hemingway", "La única mujer que se atrevió a dejarlo", "La mujer con la cual Hemingway vivió la guerra civil española".  Sin embargo, la película que lleva sus nombres dirigida por Philip Kaufman, abre la oportunidad de acercarnos a la vida y a la escritura de una mujer excepcional que tantas/os no conocíamos.

Escritora, periodista, reportera de guerra. Valiente y nómada. Imparable. "¿Eres una corresponsal o una esposa en mi cama?", le escribió su marido en una crisis de furia. Una corresponsal, sin duda. Habría que haber sido muy ingenuo para plantear la pregunta. Cuando el escritor -de muy mala manera- le "gana" la corresponsalía que ella anhelaba y que le permitiría viajar a Francia poco tiempo antes del desembarco de los aliados, Martha consigue subirse a un barco lleno de enfermeras y llegar a Normandía. Su biógrafa Caroline Moorehead en "A Twentieth-Century Life", cuenta que muchos años antes cruzó sin documentos la frontera entre Estados Unidos y México. Le pidieron la carta de autorización de sus padres para viajar sola, alegó que era la prometida del hijo del Embajador de Estados Unidos y que llegaba a casarse. La dejaron pasar.

Lo suyo fue siempre atravesar fronteras. Romper límites. El siguiente viaje, el siguiente texto, el siguiente libro. En México se subió a un andamio para entrevistar a Diego Rivera, fue al desierto para ver filmar a Eisenstein. “Aun cuando Martha solo estuvo casada con Ernest por cinco años, por su reputación y sus alcances mundiales, ella permaneció en la sombra, no porque no fuera toda su vida una escritora que produjo piezas extraordinarias. No tiene nada que ver con el talento, tiene todo que ver con que fue su esposa en una época en la que las mujeres eran ciudadanas de segunda", declaró Janet Somerville, autora de "Tuya, probablemente para siempre: Martha Gellhorn cartas de amor y guerra". "Probablemente para siempre", toda ella.

En 1930 vivió en París como corresponsal extranjera, llegó con una máquina de escribir y unos cuantos dólares, fue despedida de United Press por denunciar a uno de sus compañeros de trabajo por acoso sexual. La figura de "acoso", por supuesto, no existía. ¿Quién podría confundir la galantería de semejante manera? Vivió cuatro años en Europa y regresó a Estados Unidos donde fue contratada por la Federal Emergency Relief Administration y viajó por su país documentando la Gran Depresión; el desempleo, el hambre, las familias enteras sin cobijo. Su libro "The trouble I've seen", fue un éxito. La denuncia era lo suyo. Poco después conoció a Hemingway. Se reencontraron en España. La película muestra escenas de su amistad con John Dos Passos y con el fotógrafo Endre Friedmann, conocido como Robert Capa (nombre que adoptaron él y Gerda Taro para su trabajo en común). 

"Nada es mejor para la autoestima que sobrevivir", dijo Gellhorn. Sobrevivió a varias guerras y a dos amores de finales desafortunados: Bertrand y Ernest. Después de España viajó a Checoslovaquia y a Inglaterra. Se mudó a Cuba con Hemingway quien le dedicó: "Por quién doblan las campanas". La segunda guerra mundial, (y el golpe bajo de Hemingway arrebatándole su corresponsalía), la posesividad del escritor y sus arranques violentos, terminaron con la relación. Gellhorn viajó a Francia. Reporteó el desembarco en Normandía. Recorrió una parte de la Europa devastada y con los aliados, entró al campo de concentración de Dachau el día de la rendición de Alemania:  

“Detrás del alambrado y de la cerca eléctrica los esqueletos se sentaban al sol a sacarse piojos (…) Ellos no tenían rostro ni edad; ellos lucían todos iguales, parecido a nada de lo que pueden ver en sus vidas, si tienen suerte. (…) En su felicidad por la libertad, muchos prisioneros corrían hacia las cercas y morían electrificados. Estaban aquellos que morían de alegría, porque el esfuerzo de la felicidad era mayor a lo que sus cuerpos podían soportar. Estaban también los que morían por comer, porque ahora que tenían comida, comían hasta saciarse. No tengo palabras para describir a los hombres que han sobrevivido a este horror por años…”

Fue también corresponsal durante los juicios de Núremberg. Después del descenso al horror de la segunda guerra mundial, Martha decidió adoptar un hijo. Un niño italiano. Cuando le preguntaron ¿por qué italiano? explicó cómo había visto a los niños vagar por las calles en Italia. La miseria de Nápoles bombardeada. Su texto: "Little boy fund" es la narración de los orfanatos visitados, la desolación de los niños, las manitas que se extendían hacia ella, hasta que encontró en una cuna debajo de un árbol en un jardín de Florencia, justo al pequeño que la estaba esperando. Sandro tenía 19 meses. Su amiga Eleanor Roosevelt la ayudó para que el bebé adquiriera la nacionalidad estadounidense. Se mudó a Cuernavaca con su hijo. Se casó con Tom Matthews, editor de Time Magazine de quien se divorció unos años después. Más tarde fue corresponsal en Vietnam, en el conflicto Arabe-Israeí, en Centroamérica. Cubrió la invasión en Panamá. A los 87 años hizo un reportaje para denunciar la pobreza en Brasil. Padecía cataratas que no pudieron sanarse. Casi ciega y muy enferma, se suicidó a los casi 90 años en su casa en Londres. Su libro autobiográfico "Cinco viajes al infierno: aventuras conmigo y ese otro", fue publicado en 1978. "Ese otro", es Hemingway.

(La película se encuentra en este momento en Prime Video).

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.