Opinión

Maestros temporales de la UAM

La UAM impone a los maestros temporales la condición de todólogos en perjuicio de los alumnos y la calidad de educación. | Manuel Fuentes

  • 20/11/2019
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Pocos saben del maltrato que sufren los maestros temporales en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) algunos hasta con más de 10 años de antigüedad, a quienes sus derechos son pisoteados, no importando la experiencia ni grado académico que ostenten.

Cada tres meses tienen que estar concursando para ganarse una plaza temporal que acaba con el término de cada curso.  De vacaciones no conocen porque en esos periodos no se les contrata, son tratados como académicos del desperdicio, ninguneados hasta por sus pares.

Ahora un remedo de Reglamento que regula el ingreso, promoción y permanencia del personal académico y un acuerdo inscrito con el número 11/2018, los manda al sótano de los salarios, a la categoría de Asociado “A”, no importando su nivel académico ni la existencia de un contrato colectivo que obliga a la UAM a respetar los niveles salariales de acuerdo con la preparación académica.

A pesar de que la UAM está catalogada como una de las mejores universidades por su nivel de competencia, al mismo tiempo (con estas políticas) está dentro de las peores instituciones en el país que pisotean los derechos laborales de sus docentes temporales.

Los alumnos no importan en este proyecto porque se obliga a estos académicos de “contrato a corto plazo” a andar a la caza de convocatorias que aparecen unas semanas antes del inicio de los cursos trimestrales.  Un trimestre se les otorgan materia de diversas especialidades y en el otro periodo otras muy distintas. Este fenómeno es generalizado en todas las carreras que se imparten en la UAM imponiéndoles la condición de todólogos en perjuicio de los alumnos y de la calidad de educación.

Es común ver a estos académicos llamados despectivamente “temporales” de mezclilla barata, de “tierra suelta” por no tener un piso firme donde andar, cargando libros prestados y mendingando consejos de maestros que se sienten expertos, de los cuales apenas reciben un saludo, pero que los impulsa una gran pasión por enseñar y eso los hace mejores a todos.

Generalmente me los topo en los pasillos universitarios corriendo a toda prisa para llegar a tiempo con sus alumnos.  Sus clases se escuchan en los intramuros de los salones y si uno se asoma a esos lugares los alumnos los miran atónitos por la entrega con la que enseñan.

El tipo de contratación limitada a un tiempo determinado, por ser más baratos para la universidad, los obliga a dar un mayor número de materias en comparación con maestros contratados de manera definitiva. A pesar de representar el 25% del personal académico, estos se ocupan de la enseñanza de una tercera parte de las materias que se imparten en la UAM.

Dar clases en una institución como la Universidad Autónoma Metropolitana es uno de los mayores privilegios como profesional por el contacto cotidiano con alumnos de excelencia, por contribuir a su formación, por tener la posibilidad de imbuirles conocimientos del mayor nivel posible, pero también es inadmisible que no se reconozcan y respeten los derechos de académicos que tienen la calidad de temporales, que son un orgullo universitario.

Los académicos de temporalidad laboral sufren a cada término de trimestre mayores cargas para tener listas las evaluaciones, practicar los exámenes y lograr que los alumnos definan sus calificaciones. Esos periodos tanto para profesores como para alumnos son los más difíciles al tener un tiempo limitado para estudiar y revisar conocimientos.

Es precisamente en estos periodos de fin de trimestre en que a los académicos temporales se les ve un semblante de mayor preocupación porque no saben si continuarán al frente de un salón de clases para el siguiente periodo.  En ese lapso es como si participaran en una ruleta de contrataciones, de competencias curriculares que generalmente los deja fuera a pesar de su capacidad.

Este modelo que se viene aplicando en la UAM es regresivo porque impone actividades exclusivas frente a grupo con gis en mano, de salón en salón para impartir materias distintas de complejas variantes para sepultar intencionalmente la enseñanza de especialidad y de investigación compartida.

Lamentablemente es un problema de décadas, de acuerdos con diversos rectores, emplazamientos y estallamientos a huelga, paros de estudiantes en apoyo a los académicos temporales (en 2016) y todo sigue igual.

Los derechos laborales viven momentos difíciles en la UAM, institución que se ideó como un modelo de vanguardia en la enseñanza, pero ahora sólo es de vergüenza por el trato denigrante que se da a los académicos temporales.

De otros avatares

La designación en la CNDH

Ha sido lamentable la actuación de la mayoría de los Senadores al acabar con cualquier viso de autonomía en la Comisión Nacional de Derechos Humanos.  De nada valió la lucha de defensores de derechos humanos hace más una década, que logró insertar la autonomía en el piso más alto de las normas jurídicas, como es la Constitución si existen legisladores que la ignoran y pisotean como si fuera basura.

De Notimex

Finalmente, este martes 19 de noviembre regresó a laborar la editora de Notimex, Diana Pérez Caballero, después de que el 26 de octubre se le pidiera salir de las instalaciones debido a un cambio de turno que no se le había notificado debidamente, esto a pesar de su embarazo de alto riesgo. En un acuerdo firmado el 12 de noviembre con la agencia de noticias se aclaró que lo ocurrido fue “…producto de una confusión y malentendidos en la comunicación”. El convenio es de gran trascendencia porque demuestra que el diálogo respetuoso es capaz de zanjar cualquier diferencia. Aún los retos continúan.

De la regulación del outsourcing

Tema congelado hasta nuevo aviso.

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