Opinión

Los surrealistas exiliados y su pasión por México

(El inconsciente y los sueños en el arte)

  • 06/05/2014
  • Escuchar

“Creo en la resolución futura de esos dos estados en apariencia tan contradictorios, que son el sueño y la realidad, y que podrían fundirse en una suerte de realidad absoluta, de ‘surrealidad’, si así pudiera llamársele. Es hacia esa conquista que camino… al momento de dormir el poeta Saint-Pol-Roux hacía colgar sobre la puerta un escrito en el que podía leerse: ‘El poeta trabaja’”, André Breton en el primer Manifeste du surréalisme, 1924.

“’El punto supremo’, es cierto punto del espíritu donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro dejan de percibirse contradictoriamente”, André Breton en el segundo Manifeste du surréalisme, 1930.

Las salas del Museo de Arte Moderno de la ciudad de México arropan – en cuidadosa penumbra- la obra de artistas europeos exiliados en México: Leonora Carrington (1917-2011), José Horna (1912-1963), Wolfgang Paalen (1905-1959), Alice Rahon (1904-1987) y Remedios Varo (1913-1963). La exposición “La danza de los espectros” se ordena en cuatro espacios: "Escenografía y paisaje psíquico", "Bestiario onírico", "Cotidiano extraño" y "Alquimia e introspección". Y es, como sucede cada vez con las expresiones  artísticas inscritas en la corriente surrealista, todo un viaje hacia el interior de esas fuerzas inconscientes que comenzaron (como elección) a  re-crearse a partir de la descubierta freudiana. “La danza de los espectros”,  dijo el poeta surrealista Antonin Artaud ante la obra de la pintora María Izquierdo.

“El sueño de la razón”, se caía a pedazos en una Europa devastada por la primera guerra mundial. La supuesta “linealidad” del pensamiento “racional” quedaba en entredicho para siempre. ¿Qué somos-entonces-  los seres humanos, tan capaces de sembrar la destrucción y la muerte? ¿Qué significan esas fuerzas en pugna: Eros y Tánatos? ¿Existen otras maneras de imaginar, vivir, crear? ¿Acaso no podría concebirse un mundo mejor si los seres humanos aceptáramos nuestra división interior: consciente-inconsciente, y encontráramos maneras de aprehenderla y vivir en mejores términos con ella?  Los surrealistas imaginaron un universo lúdico, en donde la racionalidad se hiciera de lado para abrevar en las fuerzas  del inconsciente al que reconocieron como un lenguaje cifrado, indispensable de expresar, y quizá, susceptible de ser traducido.  

Brevísimo bosquejo: En 1883, Bauer, amigo de Freud, trató a  Bertha Papenheim, quien pasó a la historia como Ana O. Bauer utilizó en su tratamiento, la hipnosis y las palabras. Ana O.  nombró la técnica como “deshollinación”, y “cura por la palabra”. Freud se internó –junto a Bauer- en lo que sería su aportación transformadora: La descubierta del inconsciente y de la importancia de los sueños para entender la vida psíquica. La “peste freudiana”, se abrió camino entre cantidad de detractores, y cada vez más sensibilidades fascinadas por una propuesta que revolucionaba la manera de pensar, imaginar y analizar al ser humano.

Breton escribió el “Manifiesto surrealista”: comenzaba un movimiento fascinante que reivindicaba la libertad, la asociación libre, el trabajo con el material de sueños y pesadillas. El erotismo. El intimismo. La cotidianidad. El pensamiento (muy entre comillas) “primitivo”, el arte etnográfico, el juego. Un movimiento que se fugaba de los imperativos de la razón occidental. En 1928 Breton, publicó Nadja, la recreación del ideal femenino de la musa surrealista, tan parecida a esa Maga cortazariana, que vino después. La mujer niña. La eterna extraviada. Lo que podríamos llamar: la poética del extravío femenino. Las mujeres comenzaron como compañeras y musas de los  surrealistas,  poco a poco, cada una fue tomando el lienzo, el pincel,  la cámara, el material para moldear la escultura y se convirtieron en grandes creadoras de un movimiento cuya libertad tenía todo para atraerlas.  “El surrealismo estableció parámetros nuevos dentro de los que las mujeres artistas podían comenzar a explorar: la compleja y ambigua relación entre el cuerpo femenino y la identidad femenina”, escribió Whitney Chadwick

En 1936, Artaud, visitó México, y quedó fascinado por los Tarahumaras, la magia, y la riqueza de las culturas precolombinas. Conoció a María Izquierdo y la consideró la expresión de esa “alteridad”, que los surrealistas andaban buscando, sobre todo, hacia adentro de ellos mismos. En 1938 fue el viaje de Breton: (México…) “Donde se abre el corazón del mundo”, “El lugar  de la belleza convulsiva”, “En ningún momento hasta ese día, la realidad había sobrepasado en esplendor, lo que ya prometía el sueño”. “Souvenirs du Mexique”, es el relato del amor hipnótico que México provocó en el  poeta y escritor surrealista. ¿Un México idealizado? Muy probablemente, en todo caso, una cultura (hecha de tantas culturas) que significó para los artistas surrealistas un profundo y transformador viaje iniciático. Fue Breton quien definió la obra de Frida Kahlo como: “Un listón alrededor de una bomba”.

Ese México “tierra de exilio”, que acogió a los refugiados antifascistas que huían de la segunda guerra mundial y de la guerra civil española. Gonzalo Ortega, curador de la exposición en el Museo de Arte Moderno explica: “Nos preguntamos qué pasaría si pusiéramos (en salas) a todos los artistas europeos emigrados y nos dimos cuenta de que todos eran surrealistas, todos huían del horror de la guerra, habían sido fascinados por el psicoanálisis y por el cultismo europeo".

Remedios Varo nació en España, vivió en París, después en Barcelona. Se enamoró del pintor Esteban Francés, y a su lado conoció a Breton. Durante la guerra civil  descubrió al fascinante poeta francés  Benjamin Péret, con quien fue a vivir a París. En 1941 llegaron a México. Varo fue la entrañable amiga de Leonora Carrington, juntas escribieron dos obras de teatro, estudiaron, trabajaron. Juntas compartieron el exilio y sus vidas.

Leonora Carrington llegó a México en 1942, de la mano del poeta Renato Leduc. Inglesa de origen, fue a vivir a París  locamente enamorada del pintor y escultor alemán Max Ernst. Ernst fue arrestado por la GESTAPO, Carrington huyó a España en donde tuvo un brutal quiebre emocional, su padre la hizo hospitalizar, y fue tras su escape del psiquiátrico que alcanzó la Embajada de México en Lisboa y conoció al poeta mexicano.

Se cuenta que ella y su amiga Remedios se reunían alrededor de las mesas de sus cocinas para estudiar el esoterismo, la alquimia, buscaban juntas la fuerza ¿Pospuesta? De una femineidad arcaica, poderosa, de alientos mágicos.  Escribió Carrington: “La mayoría de nosotras espero que estemos conscientes de que la mujer no debería exigir derechos. Los derechos estaban ahí desde el principio; deben retomarse, incluyendo los misterios que eran nuestros y que fueron robados, violados y destruidos”.

La poeta francesa Alice Rahon llegó a México con su esposo el pintor  austriaco Wolfgang Paalen; una visita por invitación de los Breton y de Kahlo. Fue acá donde Alice comenzó a pintar. En 1939, ante el estallido de la segunda guerra mundial, decidieron permanecer en calidad de exilados. Rahon tenía una enorme admiración por “Alicia en el país de las maravillas”, de Carroll y por Ehécatl, el dios del viento.

Una tiene sus querencias, lo que más disfruté de la exposición fueron los maravillosos lenguajes oníricos de Carrington y de Remedios Varo, (pintura y escultura).  Y ya en la casa, el placer de  re-leer “Recuerdos de México, de Breton:

“No había escuchado los cantos inalterables de los músicos zapotecas, mis ojos permanecían cerrados a la extrema nobleza, al extremo desamparo del pueblo indio, tal como se inmoviliza al sol en los mercados, no imaginaba que el mundo de las frutas pudiese extenderse hasta una maravilla como la pitahaya, cuya pulpa tiene el color y el enrollamiento de los pétalos de rosa, la pitahaya de carne y de sabor de beso de amor y de deseo, no había tenido en mi mano un bloque de esa tierra roja de donde salieron, idealmente maquilladas, las estatuillas de Colima que tienen algo de mujer y algo de cigarra…”  Pithaya, dijo. Como quien reinventa la fruta con una mirada.

@marteresapriego