Opinión

Los sollozos de los tolerantes del libre comercio

La política neoliberal convirtió a México en uno de los principales exportadores de mano de obra que hoy genera más ingresos que las exportaciones manufactureras .

  • 23/02/2017
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La actitud beligerante del presidente Donald Trump en contra de México, ha sido un golpe para despertar del letargo en el que se encontraban todos los promotores del neoliberalismo a ultranza y apologistas de la globalización en nuestro país.

 

El estupor que causó el huésped de la Casa Blanca entre los neoliberales mexicanos, fue mayúsculo, pues lo último que se hubieran imaginado, es que los precursores del libre mercado, serían quienes darían marcha atrás al modelo económico mundial impuesto durante las tres últimas décadas.

 

La globalización de los mercados al paso de ese tiempo, se convirtió en un crisol de perspectivas sobre los beneficios y perjuicios de una política económica que para algunos, ha sido el cenit de la explotación del capitalismo sobre los países más pobres.

 

Por ello y ante la vicisitud de opiniones frente a la globalización, y el neoliberalismo exacerbado de los liberales mexicanos, la pregunta obligada es: ¿qué es lo que tanto defendemos del TLCAN que se ha convertido en estandarte de “lucha social” en las redes sociales?

 

¿De verdad deberíamos rasgarnos las vestiduras por defender el TLCAN como derecho irrestricto de los mexicanos? ¿en verdad es la única vía para reducir las desigualdades entre países y sociedades? Y ante este escenario ¿es la migración un fenómeno natural al que debemos apegarnos pese a que hoy día es uno de los principales síntomas de las desigualdades sociales en todo el planeta?

 

Vayamos por partes, derivado de las malas políticas económicas implementadas por los gobiernos de la década de los 80, México entró en una de las primeras grandes crisis económicas que ha debido enfrentar, y que, al paso del tiempo, se hicieron recurrentes en nuestro país y en todo el planeta.

 

Con la crisis de 1982 y con la entrada de México al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT pos sus siglas en inglés), inicio la etapa de la desestatización de la economía, tendencia que también siguieron otros países latinoamericanos. El estado benefactor, dejó de ser funcional y su clímax a nivel global sucedió con la Perestroika de la ex-Unión Soviética y la caída del muro de Berlín.

 

Bajo ese paradigma, México inició la privatización de muchos sectores estratégicos de su economía que la administración pública había convertido en ineficientes, improductivos, burocráticos y corruptos. Derivado de esto, vinieron los despidos y el desempleo aumentó, factores que se conjugaron con la incapacidad del gobierno para recuperar puestos de trabajo y generar los que requería la población que se incorporaba a la fuerza laboral.

 

Bajo esas condiciones, en una década, aumentó de forma exponencial la migración de mexicanos hacia los Estados Unidos y el ambulantaje se convirtió en una opción de trabajo para quienes decidieron quedarse en el país.

 

De esa manera, la apertura económica, cobró sus primeras facturas a los países en desarrollo, pues bajo la consigna de adelgazamiento del gobierno, reducción del gasto público, disminución del déficit fiscal y la apertura al capital privado nacional y extranjero de los sectores estratégicos de la economía, se condicionó el desarrollo económico de las posteriormente llamadas economías emergentes.

 

La globalización, dio paso a un sistema financiero abierto y altamente especulativo en los principales mercados bursátiles del planeta. Los bancos e inversionistas financieros, comenzaron a operar bajo “las leyes del libre mercado”.

 

Bajo ese modelo, se gestaron al menos cuatro de las grandes crisis financieras de los últimos tiempos. La primera, se gestó a principios de los 80 y tuvo su punto culminante en el crack de 1987, a éstas, siguieron la de 1994, el efecto tequila en 1997-98, el quiebre de la burbuja tecnológica en el 2000 y en 2008, la crisis de los hedge funds, considerada la más grande en toda la historia y que tiene a la economía mundial en este momento, en una recesión a la que no se le ve el fin.

 

En resumen, estos pueden ser los efectos perniciosos más significativos del libre mercado en poco más de 30 años. La globalización, ha sido señalada como la causante de una mayor polarización entre los que menos tienen y los grandes millonarios del planeta. Es acusada del calentamiento global y la sobre explotación de los recursos naturales del planeta.

 

Sin embargo, y hay que decirlo, no todo ha sido negativo. La apertura económica permitió que algunos países, tuvieran acceso a tecnologías para resolver temas industriales y de salud por citar algunos ejemplos. Generó también un mayor intercambio de conocimiento en todo el mundo y eso de alguna manera, ayudó a elevar el nivel de vida en algunos países.

 

Con la apertura, los inversionistas y las grandes corporaciones, tuvieron acceso a empresas estatales que ayudó a la industrialización de algunos países y la creación de mano de obra especializada que antes no existía, como sucedió con la industria automotriz en México. Se establecieron industrias y empresas que en otras condiciones no se hubieran desarrollado como la aeroespacial, la robótica, cibernética y biotecnología por citar algunas.

 

La internet y el desarrollo de las tecnologías de la información, contribuyeron a generalizar la cultura de la globalización y ahora, prácticamente todo mundo tiene mayor acceso a millones de posibilidades y servicios para elegir. Por supuesto, aunque no todos tengan un acceso real, pues ver productos en la red, no significa que todos los podamos comprar.

 

El intercambio masivo de mercancías, no siempre de buena calidad, acercó a los consumidores hacia artículos que en otras condiciones no habrían podido adquirir, ayudó a que muchos de esos productos bajaran su precio y se hicieran más accesibles.

 

Sin embargo, el beneficio del libre comercio en países como México, sólo se quedó en el consumo y la compra de los excedentes de otros países. Algo que el ex secretario de economía Herminio Blanco presumió en una charla que sostuve con él hace un tiempo: “antes no podías comprarte un pantalón de la marca Levis, ni tampoco unos tenis Nike, el TLCAN te dio ese beneficio”.

 

Y efectivamente, ese podría decirse, fue uno de los mayores logros obtenidos con el TLCAN, porque por otro lado, se desarticularon las cadenas productivas del país dejando a la industria nacional en desventaja para competir.

 

Y aunque hubo avances en algunas industrias, la manufactura en México se convirtió en una industria de maquila, pues contamos con la fuerza laboral experta en ensamble, pero muchas empresas mexicanas, no son capaces de desarrollar innovación.

 

Somos el país que más exporta pantallas de televisión y teléfonos celulares, pero ni siquiera las carcasas de esos aparatos se producen en México, somos el principal exportador automotriz, pero no se genera diseño, ni se desarrollan aquí las nuevas tecnologías que darán vida a los coches autónomos. La industria textil y del calzado, aunque han recuperado camino, continúan sufriendo los embates del comercio desleal de países como China.

 

A raíz de que México inició su camino por el neoliberalismo, el campo se sumió en una severa crisis que detuvo miles de hectáreas productivas de maíz, frijol, sorgo, cebada y caña de azúcar por citar algunos cultivos. Millones de productores abandonaron el campo y migraron a los Estados Unidos o a las principales ciudades del país.

 

Por ello es indignante ver al presidente Peña Nieto en una fotografía “solidarizándose” con un migrante expulsado de los Estados Unidos, cuando ha sido la política neoliberal impuesta por su gobierno y el de los cinco presidentes anteriores, quienes orillaron a todos los connacionales a buscar otras opciones de supervivencia fuera de su país.

 

Es penoso escuchar a empresarios, políticos, diplomáticos, académicos, consultores y funcionarios, rasgarse las vestiduras asumiendo el estandarte prodefensa de los derechos de los migrantes. La política neoliberal convirtió a México en uno de los principales exportadores de mano de obra que hoy genera más ingresos que las exportaciones manufactureras y el turismo vía las remesas.

 

Por su puesto, ante todo, el respeto a los derechos humanos es prioridad, pero no olvidemos que nuestro problema no está fuera de nuestras fronteras, está en casa. Quizás es momento de reflexionar sobre el camino que debemos seguir, pues el modelo económico impuesto por los últimos gobiernos en México, hoy se comienza a resquebrajar a nivel mundial.

 

El mundo está cambiando y el modelo de globalización como lo conocimos, también lo hará, es momento de acelerar el paso y adaptarnos a las nuevas condiciones y comenzar a aprovechar más los exiguos beneficios que hemos logrado con los tratados de libre comercio, pero enfocados más hacia un desarrollo interno.

 

@ijm14

@OpinionLSR

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