El pasado 15 de octubre, el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, en el foro Impulsando a México: La fortaleza de sus instituciones, compartió su desazón sobre cómo la sociedad manifiesta su molestia ante los problemas sociales.

A lo largo de su participación, el presidente insistió en que los ciudadanos estamos equivocados -ya nos había dicho que incluso con problemas mentales- debido a que malinterpretamos el porqué de cada situación y nos equivocamos al culpar a la corrupción de todos los males sociales.

El titular del Ejecutivo Federal trató de explicarnos que en realidad hoy no tenemos mayores niveles de corrupción respecto a los años anteriores, que las redes sociales distorsionan nuestro entendimiento y esto nos lleva a que cualquier cosa que ocurra lo achaquemos a la corrupción, hasta un choque en la esquina.

Aún más, el presidente se esforzó para demostrar que estamos equivocados y nos recordó que los socavones pasan en todas partes del mundo, sin que esto implique que las personas culpen el evento como acto de corrupción.

Difícilmente quien asume que la corrupción es una manifestación normal de las interacciones sociales, que las evidencias de desvíos, de colusión entre autoridades y delincuentes y la incapacidad del Estado de hacer cumplir la norma son cuestiones normales y que suceden en todas partes del mundo, podrá empatizar con la genuina demanda de un combate certero a la corrupción, mayor transparencia y rendición de cuentas

Sin embargo, a cada uno de nosotros nos toca levantar la voz y explicar, a quien no quiera ver, qué significa vivir en un país con un débil Estado de Derecho.

Señor presidente, detrás de cada error, desperdicio de recursos públicos e incapacidad de las autoridades, sí se encuentra un acto de corrupción. Este se manifiesta en el intercambio de dinero para obtener un beneficio; en el abuso de autoridad para violentar el derecho de otro; o hasta en la negligencia de quien no cumple con su trabajo, a pesar de cobrar un salario como servidor público.

La corrupción es la respuesta al por qué los recursos no han alcanzado, ni alcanzan para garantizar los servicios mínimos que el Estado debe otorgar a los ciudadanos. La corrupción es la respuesta al por qué la norma es mera referencia, en un contexto de impunidad. Es la respuesta de por qué seguimos viviendo una inseguridad inaceptable.

Si existe alguna duda, analicemos con detalle cómo y para qué los gobiernos gastan; revisemos cómo la justicia se ejecuta a modo y cómo nadie es igual en este país frente a la ley.

Señor presidente, contrariamente a su opinión, sí hay un responsable detrás de los socavones, las tasas de homicidio y la desigualdad social, esos responsables son las autoridades que efectúan políticas cosméticas, que se enriquecen inexplicablemente, que a pesar de escándalos y señalamientos siguen detentando cargos públicos de manera absolutamente cínica.

Sí hay responsable por las muertes y la incompetencia señor presidente, aunque gracias a la corrupción, sus faltas queden sin consecuencias.

En lo que tiene usted razón es que los socavones pasan en todo el mundo, la diferencia estriba en cómo actúa el Estado y atiende para reparar el daño y prevenir nuevos desastres.

Precisamente, retomando el ejemplo del socavón que usted nos puso sobre la mesa, en un país de leyes, es tarea de la autoridad deslindar responsabilidades y, en caso de encontrar culpables, estos reciben sanciones justas y proporcionales al daño que generaron para los individuos y para toda la sociedad.

Señor presidente, hoy sobran los socavones –literales o figurados– y usted puede ser la clave para que ya no sigan surgiendo más, por favor muestre que su gobierno, en este último año ,combate la corrupción y promueve la Cultura de la Legalidad para que este sea su legado.

@frarivasCoL | @OpinionLSR | @lasillarota




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