Opinión

Los sindicatos pequeños

Los sindicatos no solo se van haciendo pequeños sino también la tendencia de la política laboral es pulverizarlos. | Manuel Fuentes

  • 05/10/2021
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A medida que avanza la reforma laboral en nuestro país, la filiación sindical va en retroceso. Las razones no solo son de una estructura legal que favorece lo individual sobre lo colectivo sino también modelos económicos que van arrasando todo vestigio de organización sindical.

En 2010 había 30.1 millones de trabajadores asalariados, de los cuales únicamente el 14.5% estaban afiliados a un sindicato, el equivalente a 4.3 millones de personas.

Una década después, en 2020, la cifra se redujo a un 12.4% de personas sindicalizadas, 4.7 millones, a pesar de incrementarse el número de trabajadores remunerados en 37.9 millones.

Sin embargo, estas cifras revelan que el problema es mucho más grave dado que en nuestro país tenemos cifras de sindicalizados de “papel”, que estos no deberían contar para las estadísticas y otros que ejercen medianamente sus derechos laborales, que son los que deben ser considerados.

De acuerdo con datos de la Secretaría del Trabajo, en 2020 fueron 2.2 millones de trabajadores beneficiados por revisiones salariales y contractuales negociadas. Esta información revelaría que la cifra de sindicación real en el apartado A del artículo 123 Constitucional sería equivalente al 5.8%, lo que representaría una de las tasas de sindicación más bajas del mundo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en una estadística revela que México tiene una tasa de sindicación de 12%, pero esa cifra es irreal ante quienes participan del ejercicio de las revisiones contractuales. No parece concebible que estuviera arriba de la tasa de sindicación francesa.

En México el futuro del trabajo se halla ante un panorama incierto, en consecuencia, los sindicatos no solo se van haciendo pequeños sino también la tendencia de la política laboral es pulverizarlos. Se confunde el ejercicio de la libertad sindical con formar más sindicatos dentro de un centro de trabajo. En vez de fortalecer la acción colectiva esta se destruye.

A nivel mundial, la afiliación sindical se ha ido debilitando paulatinamente, y con ello la capacidad de los sindicatos para organizar y realizar una defensa y mejora de los derechos de los trabajadores de manera más eficiente.

En este descenso general contribuyen diferentes factores:

- El paso de los empleos manufactureros a los de servicios.

- La externalización de los empleos sindicalizados.

- La informalización de la economía.

- La mutación de la relación laboral o la automatización.

La afiliación sindical es nula en el caso de las personas con alguna forma de empleo atípico o precario, como los trabajadores temporales, los trabajadores de la economía informal y de las plataformas digitales.

Esto se agrava además por las restricciones legales y las violaciones de los derechos sindicales constantes que ocurren en México, como el derecho a organizarse y a negociar colectivamente. 

El mayor cáncer para ejercer los derechos sindicales en México es la existencia masiva, casi total, de Contratos Colectivos de Protección. Al menos 9 de cada 10 están sujetos al control empresarial. Allí donde coexisten este tipo de atrofias laborales no se permiten asambleas sindicales, no se revisan contratos colectivos y al menor atisbo de rebeldía se castiga con el despido fulminante.

Este fenómeno de impunidad y burla afecta a la capacidad de los sindicatos para organizar, representar y prestar servicios de verdadera defensa a los trabajadores. Por ello podemos afirmar que la afiliación sindical es nula, allí donde se violan permanentemente los derechos sindicales.

No podemos olvidar que la globalización, la interrelación e interdependencia de las cadenas mundiales de suministro, los cambios demográficos, medioambientales y tecnológicos están modificando aceleradamente los mercados laborales de hoy y que determinarán los del mañana.

Aunado a lo anterior, la crisis de covid-19 ha puesto de manifiesto y agravado muchos aspectos de los déficits del trabajo decente en el mundo, tales como:

- Pérdida de trabajos formales

- Incremento en las tasas de desempleo a nivel mundial 

- Aumento de la informalidad

- Trabajo en plataformas digitales

- Disminución salarial que se acrecienta con una inflación que no se detiene.

Son tiempos en que las organizaciones sindicales verdaderas tienen que construir un nuevo modelo laboral colectivo de alta mira que permita enfrentar esta enorme crisis, que no puede rehacerse a punta de legitimaciones, constancias de representatividad, centros de conciliación, ni con jueces de la nueva toga. 

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