Opinión

Los retos del 2021

Es tiempo de trabajar y reconstruir a México, dejemos a un lado a los zánganos y comencemos a cambiar nuestra mentalidad. | César Gutiérrez

  • 05/01/2021
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Han sido tiempos difíciles para todos los mexicanos. Los riesgos calculados comienzan a tomar forma, pero no se debe caer en el riesgo de ser temerario o necio. Los verdaderos comandantes de tropas saben que antes de entrar en una batalla, sus soldados deben conocer que su esfuerzo influirá de manera total en el resultado de las operaciones, -liderazgo puro- por eso han sido honrosamente escogidos, “hasta alcanzar la victoria, o perder la vida”.

Existe una minoría de mexicanos que aún no comprende esta diferencia del interés particular en contraste con el interés público y social. Este dogma es lo que marca la diferencia entre todos los miembros del gabinete; mientras unos están trabajando el proyecto de nación que requiere México, otros están haciendo de todo, menos trabajar, pero sí llevando agua a su molino. A eso se debe la crítica, ya que muchos bufones y arlequines sólo ansían el poder para manejarlo a su antojo aunque sin dar resultados, por eso se pelean por los cargos y sueldos, pero no por el trabajo y dar resultados.

Muchos utilizan discursos llenos de falacias que ni ellos mismos creen, solo se limitan a decir “NO se puede señor presidente”, “apenitas vamos a hacerlo”, “estamos viendo cómo le vamos hacer para que no nos saquen un periodicazo”. Sin atender la causa raíz del problema. Por ello, es primordial dar el ejemplo y ponerse el overol, ejerciendo el liderazgo en cada dependencia. Que su personal vea que el funcionario no es un florero que cobra un sueldazo sólo por pertenecer a un partido político.

Por todo lo anterior, se entiende el porqué de la designación de tantas responsabilidades al personal militar en estos tiempos difíciles, ya que ha demostrado ser el mayor soporte del ejecutivo para que el país esté en pie, mientras que otros personajes solo viven de escándalos, de zancadillas políticas, y lo peor están construyendo su desprestigio debido a la ineficiencia de sus acciones, algo que los llevará tarde o temprano a una muerte política.

No comprenden que el mexicano de hoy ya no es el mismo de hace 70 años, y ya no se le puede engañar con falacias y mentiras, YA NO.

Sin embargo, la celebración de año nuevo ha terminado. Ahora es tiempo de trabajar y reconstruir a México. Dejemos a un lado a los zánganos y comencemos a cambiar nuestra mentalidad hacia un futuro que nos brinde estabilidad. Los mayores retos serán:

1. Reactivar la economía en México.

2. Revisar e Inspeccionar a las empresas que violen los derechos laborales del trabajador y sancionarlas de manera ejemplar.

3. Rebajar los impuestos federales y estatales para que el ciudadano pueda cumplir; de nada sirve provocar la evasión fiscal. Lo mejor será incentivar el pago de impuestos pero reduciendo éstos, México lo requiere.

4. Mejorar las estrategias, técnicas y herramientas de aprendizaje para que los futuros profesionistas sean de calidad y no de cantidad.

5. Es necesario que la justicia sea pronta y expedita, ya no podemos seguir con procedimientos arcaicos. Es necesario que el poder judicial realice una innovación utilizando la tecnología actual en las diferentes materias de derecho. 

Por otro lado, el tema de la seguridad será muy mencionado este año, por el simple hecho de las elecciones y por la triste realidad de que los números de homicidios dolosos en el país han ido a la alza, sin importar que se den resultados en diferentes rubros. La denostación y la crítica serán de los temas más utilizados durante todo el año, así como el tema de la militarización y del militarismo aunque no entiendan los conceptos, los confundan y por ignorancia los consideren sinónimos. Las fuerzas armadas serán atacadas y exhibidas por todo lo que hagan, bueno o malo, y en específico el Ejército Mexicano, ya que es el que mayores obligaciones tiene en este momento.

Por supuesto que en un país democrático las Fuerzas Armadas no deberían estar realizando funciones de seguridad pública; así lo establecen todos los tratados internacionales y de derechos humanos signados por México ante los organismos internacionales de Derechos Humanos. Pero la realidad es que en estos momentos ningún especialista serio podría sugerir el retiro del personal militar camuflado de Guardia Nacional, por el simple hecho de que no tenemos una policía civil preparada y organizada para hacer frente a la delincuencia en el país. No tenemos ni siquiera el mínimo de policías que se necesitan en cualquier país para brindar seguridad pública acorde al número de habitantes; pero esto no es pretexto. 

Los verdaderos problemas son los delitos del día a día, aquellos que son del fuero común, los de los municipios, los estados y los de alto impacto que pertenecen a la federación. En esta perversidad política y falta de capacidad y transparencia, es más fácil culpar de todo a la autoridad federal cuando en realidad son los municipios, estados y el gobierno federal quienes deben, en cada  ámbito de su competencia, prevenir antes que nada y después perseguir los delitos. Es curioso que quienes hablan de militarización, militarismo, exceso de poder de los militares, son omisos en mencionar estos puntos, cuando es obvio que se quiere culpar al gobierno federal por el desorden que se tiene en municipios y estados.

Cuando la federación trata de luchar contra los mismos criminales regionales, muchas veces son las autoridades locales las que entorpecen el trabajo de los elementos de la Guardia Nacional y Fuerzas Armadas, siendo claro que el robo es un delito del ámbito local, y es el más recurrente en todo el año en todas las entidades federativas del país. Curiosamente de eso no se habla, porque es más rentable hablar del inmenso poder que se le está dando al Ejército y Marina, creando un monstruo ya que se está militarizando al país, demostrando ignorancia en estos temas. Desconocer cuáles son las funciones de las dependencias militares solo los exhibe; cómo negar que los militares son constructores natos. Por lo mismo, existen los ingenieros de combate (antes Ingenieros militares), el arma de zapadores, incluso el mismo término de ingeniero civil es para diferenciarlo del militar, ya que fueron los mismos ingenieros militares quienes crearon la carrera para los jóvenes civiles que quisieran cursarla. Así también, que no son administradores, lo cual causa risa, ya que no solo existen los administradores militares que estudian específicamente para eso. Podría seguir con cada una de las encomiendas que el presidente de la república les ha dado. Pero siendo claros, la 4T está utilizando al personal militar porque simplemente la mayoría de los funcionarios de la administración federal dan más problemas que resultados, ponen muchos pretextos, se pelean entre ellos, nunca les alcanza el presupuesto para realizar los proyectos contemplados, son indisciplinados y solo buscan una posición política que los proyecte a continuar con sus aspiraciones políticas; cuando por otro lado el militar debe cumplir con la misión, ya que son órdenes directas del comandante supremo de las fuerzas armadas.

Los únicos que pueden estar contentos, serán algunos generales, ya que a la tropa y marinería que son la columna vertebral del Ejército y Marina, así como los oficiales, capitanes y jefes, solo les toca más trabajo por el mismo sueldo; mayores responsabilidades de riesgo. Y eso, mis queridos lectores jamás lo mencionan quienes critican desde la comodidad de su escritorio al personal militar. Nadie en su sano juicio podría recomendar la salida inmediata de las Fuerzas Armadas en funciones de seguridad pública porque sería entregarle el país a la delincuencia organizada.

Por último, se debe recordar que los militares están únicamente por un tiempo limitado a 5 años como lo estableció el decreto de la ley de la Guardia Nacional, para que en ese tiempo se prepare a los elementos civiles que servirán de guardianes de la seguridad pública. Optar por continuar con el personal militar en las calles sería hacer lo mismo que se ha hecho en los últimos 18 años en el país; y, curiosamente, todos esos súper especialistas omiten al dar sus puntos de vista.

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