Opinión

Los nardos y las azucenas

El 2017 está por terminar y el balance nacional comienza a hacerse. Habrá pros y contras. Depende del gallo que lo diga | Joel Hernández

  • 27/12/2017
  • Escuchar

Ya estamos a punto de turrón. El 2017 está por terminar y el balance nacional comienza a hacerse. Habrá pros y contras. Depende del gallo que lo diga, y su jugada. Lo bueno y lo malo de lo ocurrido al cuerpo social mexicano será dicho en estos días.

¿Qué predominó? ¿Qué estuvo bien? ¿Qué no? Y en tanto pérdidas o ganancias ¿en qué quedamos por fin: me quieres o no me quieres?

¿No hay quinto malo?


Antes se decía que no hay quinto malo, pero este quinto año de gobierno de Enrique Peña Nieto fue, por decirlo así, el de las indefiniciones y fracasos de gobierno; como el de las definiciones de gobierno en tanto electoral. Esto es:

Las famosas reformas estructurales que pomposamente se anunciaron los primeros días de diciembre de 2012 con aquel famoso “Pacto por México” en el que tanto el PRI-Gobierno, como el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), se acercaron para llevar a cabo –dijeron– “transformaciones de gran calado para el crecimiento, desarrollo y sostenibilidad” de México. Así se dijo por entonces.

Y por entonces el gobierno de Enrique Peña Nieto echó a andar la maquinaria reformista-estructural. En cada uno de sus movimientos, su gobierno nos asestaba que cada hoja del árbol mexicano se movía bajo el aire proceloso de las “reformas estructurales”. Las hubo de todo tipo, pero sobre todo se subrayaba la energética y la educativa… Y así…

Cuatro años fueron más que suficientes para saber si estos ejes de desarrollo y crecimiento funcionarían o no. Poco a poco, de la expectativa y hasta del casi entusiasmo de muchos, se pasó al desencanto y a la decepción de la mayoría. Aun así tanto el presidente mexicano como los integrantes de su gabinete dicen que estas reformas han sido la salvación nacional.  

Poco a poco, a lo largo de este quinto año presidencial, el tema de las reformas estructurales fue desapareciendo del discurso político y de actos de gobierno como si también ahí se hubieran dado cuenta de que a estas alturas hablar de éxito de las reformas caería en la incredulidad y hasta en la indignación nacionales.

Nada o casi nada se ha conseguido: lo educativo sigue siendo una piedra enorme en el zapato de todos. Lo de la justicia termina por no funcionar porque los famosos juicios orales no calan y sí producen delincuentes exonerados por falta de pericia, conocimiento y sí, todavía, sobra de corrupción en materia de justicia con justicia.

¿Se acuerdan de aquel: “los combustibles no subirán de precio con la reforma energética”? Pues no fue así y el precio de esos combustibles ha sido la contradicción a esa propuesta… Y así.

¿Fracaso de los mexicanos o del gobierno que no supo medir sus propios alcances y el alcance de los grandes problemas nacionales de hoy en México? Básicamente el fracaso es del gobierno que hizo promesas, luego no cumplidas; pero también el fracaso es de una sociedad mexicana que no sabe exigir, que no sabe poner los puntos sobre las “i” de un gobierno que la ha hecho a un lado y toma decisiones a contracorriente y en su perjuicio.

El balance es el del fracaso


El balance a los cinco años, a un poco menos de que concluya el gobierno de Peña Nieto es el del fracaso, por muchas razones: la primera de ellas es la falta de gobierno para los mexicanos y la corrupción y la impunidad y la creciente violencia criminal y la ausencia de estrategias de seguridad pública y seguridad interna basadas en lo civil, como fuerza de gobierno… Y más.

Pero también este quinto año se caracteriza porque el presidente de México dio un vuelco hacia el poder presidencial para decidir el futuro político de su partido: el PRI.

Decidió quién habría de ganar en el Estado de México. Y de grado o por fuerza se hizo gobernador a Alfredo del Mazo Maza. Se reformaron los estatutos del PRI para dar paso a un candidato no priísta; reforma que ni mandada a hacer para  favorecer a José Antonio Meade Kuribreña, un consecuente funcionario panista como priista. El presidente decidió quién contendería por Ciudad de México y en muchos casos, en el país, él decide candidaturas.

Así que de vuelta a la vieja historia del aparato presidencial que se vuelca en garantizar su futuro para cuando termine el mandato. Así las cosas.

Año de indefiniciones de gobierno y sí definiciones políticas. Y todavía los priístas que son voto duro aplauden, aunque no se les tome en cuenta más que para aplaudir y gritar ‘¡vivas!’.

Por lo demás, los otros partidos políticos –todos– también tienen cola que les pisen. Esto es así porque es más que evidente el fracaso del sistema de partidos en México, aunque sí funciona la partidocracia, que se ha hecho dueña de todo en un país con una democracia más débil que una hoja al aire.

Así que termina 2017 y por lo que se presagia ya, 2018 será un año terriblemente difícil en lo económico para los mexicanos que vivimos una crisis económica permanente estos cinco años y que estaremos envueltos en unas campaña de gasto criminal y cuyos resultados ya se pueden presagiar si opera ese mismo aparato de Estado, como ocurrió en el Estado de México…

Así que: silencio, que están durmiendo los nardos y las azucenasA ver hasta cuándo. 

Te puede interesar: Eruviel: brinca la tablita

@joelhsantiago | @OpinionLSR | @lasillarota

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.