Opinión

Los muros, el mural

A las Patronas, por su voluntad.

  • 05/09/2015
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Llevaba por nombre Alyan Kurdi. Murió junto a su hermano y su madre. No sé más pero estoy seguro que la imagen que de él nos ha llegado, como si durmiera sobre la arena en una playa de Turquía es el ejemplo más doloroso de un sistema mundial deshumanizado, basado en la explotación, el racismo, el clasismo y la intolerancia religiosa. Un sistema mundial cercano, muy cercano a la barbarie. Mi madre, sus padres y hermanos también tuvieron que refugiarse y por tanto soy parte de esa imagen y no puedo hacerme a un lado, no puedo dejar de pensar en los sueños que pudo haber tenido el padre, la madre y el miedo que los hizo huir de Siria para buscar mejores condiciones de vida para ellos, para sus hijos: no lo lograron.

 

La guerra, la crisis económica, el temor ha empujado a miles de personas a buscar refugio en otros países, no sólo ahora sino siempre. ¿Lograremos que algún día esto se acabe?: “No hay fronteras, no hay naciones, deben detener las deportaciones”, gritan miles de austriacos.

 

Las fronteras

 

Históricamente la humanidad ha construido muros para defenderse de los ataques tanto de otros pueblos como de otras especies. Así vemos la gran Muralla china, los castillos medievales o las empalizadas de diversas zonas del mundo y los caballos de Troya por traspasarlos. Los muros protegen y aíslan a quienes se encuentran dentro de ellos, y dejan a merced de diversas fuerzas a los que están afuera. En el siglo XX, vimos el muro de Berlín, justificado por los alemanes orientales como la única forma de evitar el sabotaje de los gobiernos capitalistas a las políticas del gobierno comunista (y el año de 1989 demostró la inoperancia de ese muro).

 

Siempre alguien tendrá una excusa para excluir a los otros, como ahora Inglaterra, Turquía o Hungría, con una valla de 175 kilómetros de largo y 4 metros de alto en su frontera con Serbia, o como la Europa que lo mismo aplasta económicamente a Grecia que promueve y participa en las guerras del Medio Oriente: hipócritas. La frontera entre las dos Coreas es un muro que impide que el pueblo, uno sólo, de dos regímenes (ni a cuál irle) puedan encontrarse.

 

La exclusión

 

A lo largo de varios años, en algunas partes de la frontera entre nuestro país y Estados Unidos se ha levantado un muro. Hoy, un precandidato a la presidencia de ese país, entre otras propuestas contra los mexicanos y los latinoamericanos, propone que se extienda a los poco más de tres mil kilómetros de frontera. ¿Una nación construida con el esfuerzo de miles de refugiados irlandeses, italianos y más nacionalidades limita el acceso a los otros? Las propuestas del histriónico precandidato son la expresión del desprecio, racismo y clasismo de un sector de norteamericanos que gustosos votarán por él, y no se puede descartar la posibilidad de que se alce con el triunfo.

 

¿Qué podemos hacer si como país nosotros mismos ponemos muros y hacemos imposible que los miles de indocumentados y de refugiados que huyen de la miseria y violencia de sus países y que aspiran a tener una mejor vida y los beneficios de la sociedad moderna, crucen por la frontera sur del territorio? ¿Por qué permitimos que sean extorsionados, agredidos por el crimen organizado y las diversas autoridades del país?

 

¿Qué otra cosa si no es el tren conocido como la Bestia?: Un muro circulante: una opción, parece, pero al fin un carro de la muerte. ¿Por qué si a nivel mundial los países desarrollados claman por la “globalización” de la economía, las leyes y la política a través de organizaciones como la OCDE, los ciudadanos tienen que enfrentarse al riesgo de ser carne de cañón de esas guerras económicas o pseudoreligiosas y conformarse con ser trabajadores de maquiladoras, destinados a repetir constantemente la miseria?

 

¿Por qué no hay una decisión que contenga la guerra? ¿Puede alguno de los países del llamado “primer mundo” dejar limpia su conciencia?: Tendrían que dejar de vender armas en el mundo. ¿Quién verdaderamente tiene el poder? ¿Los ciudadanos, los habitantes del planeta o las corporaciones y sus gobiernos?

 

De pilón…

 

En Pachuca se promovió la elaboración de un gran mural en un barrio marginal y se convocó a jóvenes grafiteros para que hicieran propuestas y las llevaran a cabo. El resultado es muy interesante; sin embargo, señalar que por ese hecho se acabó la violencia es un exceso. La violencia puede terminarse porque hay atención, porque se voltea y se reconoce la existencia de una comunidad marginada.

 

No es forma, es fondo. Acabar con la violencia requiere la integración de la comunidad, la  construcción de bibliotecas, de escuelas, de espacios de convivencia, además de ofrecer alternativas de trabajo digno, seguro. Es necesario acabar con los muros, imaginarios o no, que se imponen desde la lógica de las clases sociales; se requiere un mundo donde quepamos todos. ¿O no es eso lo que nos hace humanos?  

 

Facebook: carlos.anayarosique

Twitter: @anayacar

 

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier  régimen, no importa el partido, por supuesto)