Opinión

Los maestros despedidos

Sin justificación alguna.

  • 13/07/2016
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Villahermosa, Tabasco.- Apenas si llego al Tribunal de Conciliación y Arbitraje del Estado de Tabasco y me encuentro con cientos de expedientes apilados en las gavetas de los archivos. Son oficinas pequeñas, como otras que conozco en varias partes del país, donde los empleados se ven rebasados por el exceso de trabajo.

 

Acompaño a un grupo de maestros que fueron despedidos por el gobierno del estado de Tabasco por órdenes de la Secretaría de Educación Pública acusados supuestamente de haber violado la cuestionada ley general del servicio profesional docente.

 

El despido fue fulminante, no les dieron derecho a un juicio imparcial; sus argumentos  jamás fueron escuchados por la autoridad estatal educativa que la hizo de juez y parte. Fueron separados, no importando su antigüedad ni que contarán con un expediente limpio, sin una falta de asistencia, sin una acusación. La misión era despedirlos para demostrar la existencia de un supuesto principio de autoridad. Para infundir miedo pero han creado encono y malestar social.

 

Maestras que laboraban en jardines de niños, con alumnos de educación especial (con discapacidad), de telesecundaria, en educación media superior, en el Colegio de Bachilleres, de diversos centros de trabajo, de varios municipios, todos ellos fueron mandados a la calle, interrumpiendo abruptamente el ciclo escolar a su cargo. Alumnos y padres de familia protestaron por la forma arbitraria en que fueron cesados los maestros y de nada valió su reclamo.

 

En el tribunal laboral todos los empleados están uniformados y portan una camisola con las siglas del gobierno de Tabasco. El abogado de la Secretaria de Educación porta un uniforme similar con las siglas de su dependencia. No parece haber diferencia entre un empleado y otro.  Uno juzga y otro justifica las separaciones y ambos cobran del mismo erario. La abogada que representa a la autoridad apenas si mira a los que participamos en la audiencia. Mostramos las identificaciones de rigor y después la autoridad pregunta al abogado de la Secretaria de Educación del estado si hay alguna conciliación y éste responde de manera lacónica: “Ninguna”. Pregunto cuál es la razón. Le digo que son maestros sin falta alguna. Sólo encoge los hombros, como diciendo “yo no sé nada”. ¿Quién decide la reinstalación? pregunto ¿Son las autoridades del centro? ¿De la Secretaría de Educación Federal? Y me responde con un monosílabo: “Sí”.

 

La abogada que representa a la autoridad sigue escribiendo al enterarse que no hay arreglo y se dirige al abogado de la dependencia para informarle que tiene diez días hábiles para responder por escrito la demanda y cuando lo haga en oficialía de partes, se señalará una nueva audiencia, en unos tres meses me informan. No hay prisa para ellos.

 

Nos piden firmemos el acta junto con los maestros despedidos, pero no me dan copia.

 

       -Venga en un par de días hasta que tengamos la firma de los representantes del Tribunal.

 

       -Le tomaré una fotografía entonces. Me responde –de ninguna manera. Es prohibido hacerlo.

 

Salimos sin constancia alguna por más alegato que hicimos.

 

El Tribunal laboral en el que nos encontramos se rige por una ley emanada por el Congreso del estado de Tabasco, así como éste hay 30 más en el resto de las entidades.

 

Posteriormente me trasladé a la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de Tabasco. Es una oficina ubicada a unas seis calles de distancia. El sol está en su máxima intensidad. Hay decenas de trabajadores recibiendo cheques por el cierre de varias empresas en la zona. Tengo que notificarme de la audiencia de los despedidos del Colegio de Bachilleres, separados porque supuestamente también violaron la ley del servicio profesional docente. La audiencia la señalan hasta el diez de octubre próximo, a pesar de que la demanda se presentó hace más de dos meses.

 

También encuentro oficinas pequeñas y hacinamiento en las salas de audiencia. La mayoría de los abogados son jóvenes, seguramente porque aguantan mucho tiempo de pie y el sofocante calor del lugar. Escucho que se felicitan por el día del abogado. No entiendo porque lo hacen, cuando esa función la han denigrado la mayoría de esos profesionistas.

 

Pienso en la propuesta presidencial de convertir a las Juntas de Conciliación y Arbitraje en juzgados, pero sin presupuesto de nada servirá esa iniciativa. En todo el país observó el desdén de los gobiernos de los estados y del federal por mantener recursos suficientes en las oficinas donde se atienden los conflictos laborales. La justicia es lenta a más no poder.

 

Como los maestros despedidos en Tabasco así los hay en todo el país por caprichos gubernamentales. Son una especie de rehenes en estas horas en que se cuestiona la reforma educativa. Pero no están solos.

 

Salgo de esas oficinas y observó que siguen entregando cheques a un grupo de trabajadores. Uno de ellos tiene uno en la mano por cinco mil pesos. Le pregunto qué antigüedad tenía: me responde: -tres años. Me quedo asombrado por lo que veo.

 

Visitando estas oficinas gubernamentales es cuando entiendo la respuesta que la población ha tenido en las últimas semanas en todo el país contra gobiernos que no responden y son cómplices de esta mal llamada justicia que se pregona desde las altas esferas y que no existe, es un fraude.

 

@Manuel_FuentesM

@OpinionLSR

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